El último telón de la Morocha: por qué Tita Merello eligió Mar del Plata para su despedida
A 122 años de su nacimiento, una historia poco conocida revive aquel verano de 1985, cuando la legendaria artista puso fin a su trayectoria teatral. Entre aplausos, recuerdos y emociones, la ciudad fue testigo del cierre de una época dorada del espectáculo argentino.
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Hay vidas que no se explican con datos biográficos, sino con estampas. Y en la memoria colectiva del espectáculo argentino, pocas figuras resultan tan indivisibles de su propia leyenda como Tita Merello.
Hoy, 11 de octubre, cuando el calendario señala el aniversario de su nacimiento en aquel arrabal porteño de 1904, la efeméride nos invita a dirigir la mirada hacia un hito atlántico poco recordado pero profundamente revelador: fue justamente la ciudad de Mar del Plata el escenario elegido por «La Morocha Argentina» para despedirse para siempre de las tablas y del contacto directo con su público.
Ocurrió durante la temporada estival de 1984-1985. A sus lozanos 80 años, convocada por su entrañable amigo Enrique Carreras, Tita pisó el escenario marplatense para encabezar el espectáculo "Yo soy del 30". Nadie en la sala, quizás ni siquiera sus propios compañeros de elenco, imaginaba que aquellas noches en «La Feliz» constituían el canto de cisne de una trayectoria monumental que había atravesado el sainete, el bataclán, la época de oro del cine nacional y la consagración absoluta en el tango.
Aquel verano marplatense mostró a la Tita más auténtica, sin filtros ni imposturas. Instalada en la ciudad junto a una enfermera y a Corbata, su inseparable perro mestizo a quien definía socarronamente como «de pocas pulgas y solitario, igualito a su dueña», la artista mantenía una rutina alejada del estrépito de la noche veraniega. Quienes la frecuentaron por aquellos días recuerdan sus caminatas matinales de incógnito y sus periódicas visitas de devoción silenciosa a la Gruta de Lourdes, en el corazón del puerto, un refugio de fe que jamás dejaba de visitar en sus estadías marplatenses.
Pero la verdadera magia ocurriá al caer el sol. Detrás del telón, minutos antes de salir a escena, la mujer de carne y hueso se mostraba frágil, tiritando levemente aferrada a las bambalinas. Bastaba, sin embargo, que las luces del teatro se encendieran y el acorde inicial de la orquesta atacara los primeros compases para que esa pequeña figura se transformara de un zarpazo en la fiera escénica invencible. Con su fraseo único, socarrón y desgarrado, Tita entregaba su versión de «Yo soy del 30», aquel tema con música de Pichuco Troilo, paralizando a la platea.
Fue también en esa última temporada marplatense donde inmortalizó una de sus declaraciones más ácidas sobre la metamorfosis del ambiente artístico moderno. Con su habitual soltura y golpeando el aire con la mano, lanzó desde las tablas ante la risa complice del público: «Pensar que en mis tiempos, para salir en la tapa de una revista había que tener trayectoria o haber hecho diez películas... Ahora basta con tener un buen culo. ¡A este paso, mañana me pongo a cantar en bolas!».
Cuando la temporada llegó a su fin en marzo de 1985 y el telón marplatense bajó definitivamente, Tita Merello tomó la decisión íntima de no volver a subirse jamás a un escenario. Hubo participaciones cinematográficas puntuales y entrevistas televisivas memorables en los años posteriores, pero las tablas, las luces de candilejas y el aplauso cerrado en vivo concluyeron allí, frente al mar.
Mar del Plata, escenario natural de las grandes epopeyas de nuestra cultura popular, tuvo así el privilegio histórico de custodiar el último aplauso en vivo a la mujer que le puso garganta y corazón al alma porteña. En el día de su nacimiento, el recuerdo de Tita Merello no pertenece únicamente al asfalto de Buenos Aires: habita también en la brisa de una noche de verano donde "La Morocha" decidió, ante un público marplatense de pie, despedirse para siempre de los escenarios.
El Rincón Marplatense es una nueva sección que, cada domingo, invita a recorrer la historia y la identidad de la ciudad a través de relatos, curiosidades y personajes que dejaron huella en Mar del Plata. Este espacio está dedicado al marplatense y a todo aquello que forma parte de su vida cotidiana: sus hábitos, anécdotas, tradiciones, edificios históricos y escenas que construyen la memoria colectiva de la ciudad. Un lugar para redescubrir historias que forman parte del alma marplatense y que ayudan a entender cómo se fue construyendo la identidad de sus ciudadanos.
