Seguridad en la atención hospitalaria: “La medicina no puede ser rígida: necesita adaptarse todo el tiempo”
El HIGA implementó un moderno sistema de pulseras identificatorias para mejorar la seguridad de los pacientes. El doctor Julio César Tussedo explicó su uso y profundizó en los cambios que atraviesa la salud.
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Se reconoció recientemente la implementación de pulseras de identificación obligatorias en el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA), un procedimiento que comenzó con una prueba piloto en el área de urgencias y se extenderá progresivamente a todo el nosocomio para mejorar la seguridad de los pacientes. Al respecto, el doctor Julio César Tussedo, asesor de la institución, detalló la manera en que se implementará y además profundizó en los temas de seguridad que hoy atraviesan a la atención en salud: “La medicina no puede ser rígida: necesita adaptarse todo el tiempo”.
Sobre la implementación y el alcance de las nuevas pulseras de identificación obligatorias, en diálogo con Modo Regreso por Radio Mitre Mar del Plata, Tussedo explicó que el protocolo inició formalmente con una prueba piloto en la unidad de urgencias, debido a que es el área con mayor variabilidad y dinámica en la atención. Sin embargo, aclaró que la medida se extenderá progresivamente al resto del nosocomio.
El especialista detalló que el objetivo central es que cada persona que ingrese cuente con un brazalete que contenga tres datos clave: nombre y apellido, número de documento, y fecha y hora de ingreso. Esta información se articula de manera directa con cada una de las prescripciones médicas, ya sean estudios o fármacos.
Respecto a la operatividad interna, Tussedo remarcó la importancia del doble control ante cada acción médica. Mencionó que si un paciente es trasladado, el camillero debe verificar la correspondencia del estudio con la pulsera, un control que también debe repetir el profesional que realizará la práctica. El médico admitió que este mecanismo “a veces genera fastidio en los pacientes, porque se cansan de que les preguntemos cien veces su nombre y apellido”, pero defendió enfáticamente la rigurosidad del proceso al concluir que “es una cuestión esencial para evitar equivocarnos”.
En cuanto al rol de los protocolos y la calidad hospitalaria en entornos de alta complejidad, el doctor Tussedo matizó su relevancia absoluta. Si bien reconoció que son importantes, advirtió que no es viable protocolizar absolutamente todo debido a los altos niveles de incertidumbre con los que conviven diariamente, lo que obliga a que las normativas sufran adaptaciones constantes frente a la realidad.
En ese sentido, el especialista expuso un cambio de enfoque dentro de la medicina moderna. Explicó que históricamente se creía que mantener todo bajo control de forma rígida era la mejor vía para garantizar la seguridad. No obstante, subrayó que “son todos esos ajustes diarios que hacen los trabajadores que están en la primera línea los que logran que las cosas finalmente tengan éxito, porque las condiciones de cada paciente y de cada escenario varían”. A modo de síntesis, reiteró que las guías de acción deben ajustarse de manera flexible en función de las realidades cotidianas.
Respecto a las recientes reformas, incorporación de aparatología y herramientas de gestión en el hospital, el profesional sostuvo que los servicios de salud actuales demandan una transformación profunda. Desde su perspectiva, esta reforma debe integrar a los equipos de trabajo y priorizar los conocimientos provistos por la ciencia de la seguridad.
Tussedo defendió un modelo de gestión participativo y basado en la evidencia. Afirmó que necesitan que los servicios sean co-construidos y que “los usuarios dejen de ser sujetos pasivos para ser sujetos activos en la toma de decisiones”. Asimismo, enfatizó que el esquema administrativo debe sostenerse de forma fundamental en los datos para que “las decisiones se tomen en función de la información que el trabajo del día a día va arrojando, y no en función del instinto o del ‘me parece’”, ya que este criterio es el único que viabiliza un proceso de mejora continua.
Además, advirtió que la reestructuración de una entidad tan compleja como el Hospital Interzonal -por su volumen de recursos humanos, tecnología y diversidad de patologías- es un camino a largo plazo. Recordó que el movimiento global por la seguridad del paciente tiene apenas 25 años, un periodo muy corto para la historia de la medicina, aunque celebró que el HIGA ya haya iniciado ese trayecto colocando la seguridad como una prioridad institucional.
Al abordar la posible adhesión de la provincia de Buenos Aires a la llamada “Ley Nicolás” -norma orientada a la seguridad y calidad sanitaria-, el doctor Tussedo la calificó como una iniciativa indispensable para consolidar un cambio de paradigma. Recordó que se trata de la primera ley de seguridad del paciente en América Latina y destacó su origen, señalando que “es una ley ejemplar que fue desarrollada por Gabriela Covelli, una mamá de Villa Gesell cuyo hijo murió producto de errores médicos, y que a partir de su dolor y el de otras personas promovieron esta norma”.
El profesional puntualizó que la ley ofrecerá lineamientos estratégicos para optimizar las prestaciones mediante capacitaciones obligatorias para todo el personal. Sobre este punto, reconoció que un gran porcentaje de los trabajadores de la salud desconoce la temática, aclarando que esto ocurre “no por perversidad ni por ignorancia, sino simplemente porque no se nos ha formado en esa área”. Además, ponderó que la norma contempla regular el acondicionamiento de los espacios de trabajo, garantizando el descanso adecuado del personal para mitigar fallas, además de la certificación, recertificación y evaluación de las aptitudes físicas y psicológicas de los profesionales.
Para graficar la necesidad de estos controles, Tussedo trazó un paralelismo con la aviación comercial, donde los pilotos se someten a exámenes psicotécnicos anuales. Esto provoca que dicha industria sea sustancialmente más segura que la sanitaria, dado que los aeronáuticos “pudieron acompañar su desarrollo tecnológico con la ciencia de la seguridad”.
El médico coincidió en que la actualización del personal es tan crucial como el equipamiento técnico, distinguiendo entre la formación estrictamente médica y la sociotécnica. Al respecto, citó datos que señalan a los problemas de comunicación como la causa número uno de los daños graves o eventos adversos en entornos de salud. Al respecto, reflexionó críticamente sobre la formación académica actual: “A los médicos nos enseñan hasta la última enzima de la mitocondria, pero no nos enseñan a comunicarnos entre nosotros, y este inconveniente genera daño”.
A pesar del diagnóstico, Tussedo se mostró optimista al señalar que muchas de las medidas para mitigar riesgos no son costosas, sino que demandan cambios culturales. En este ámbito, ponderó la labor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata por incorporar formalmente estos conceptos en su currícula, asegurando que las nuevas generaciones de egresados cuentan con un modelo mental diferente que impulsará el cambio definitivo, mientras que a las generaciones actuales les corresponderá hacer un esfuerzo por deconstruirse.
Por último, instó a comprender que el sistema sanitario no produce bienes, sino servicios basados en la coproducción entre los profesionales, el paciente y su entorno familiar. Para el médico, este giro conceptual resulta urgente para recomponer la confianza de la sociedad, cuya degradación actual se manifiesta en el auge de grupos antivacunas, episodios de violencia en hospitales y la proliferación de medicinas alternativas sin rigor científico.
Argumentó que un porcentaje muy elevado de los perjuicios institucionales son completamente evitables, enumerando desde errores diagnósticos y equivocaciones en la administración de fármacos, hasta cirugías en pacientes incorrectos, caídas o infecciones intrahospitalarias. “Es una lista interminable de daños que podemos provocar en una acción que pretende ser beneficiosa, pero que, producto de la complejidad del sistema, termina provocando daño”.
