El Rincón Marplatense: la historia detrás de los nombres de los barrios de la ciudad
La Perla, Los Troncos, Chauvín, Punta Mogotes, Alfar, Parque Luro y Santa Cecilia conservan en sus denominaciones rastros de antiguos hoteles, viviendas, familias, personajes y características naturales que marcaron distintas épocas del crecimiento local.
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Los pronunciamos todos los días y forman parte de la identidad marplatense. Sin embargo, detrás de algunos de los barrios más conocidos existe una historia que no siempre es recordada. Hoteles que desaparecieron, accidentes geográficos, apellidos de antiguos propietarios y hasta una pequeña capilla construida antes de la fundación dejaron palabras que, más de un siglo después en algunos casos, continúan apareciendo en el mapa.
Uno de los ejemplos más interesantes es La Perla. El nombre no nació con el barrio: comenzó a instalarse cuando aquel sector costero todavía era conocido como la Sección Norte y Mar del Plata daba sus primeros pasos como destino balneario.
Durante la temporada de 1886-1887 ya funcionaba allí el balneario La Estrella Argentina y poco después se sumó San Sebastián Argentino. Pero la denominación que terminaría identificando definitivamente a la zona apareció con un establecimiento que se convirtió en una referencia de aquellas playas.
El empresario Alfredo Martínez Vivot impulsó debajo de la barranca un gran hotel de madera llamado La Perla, inaugurado en 1892. Su construcción era especialmente llamativa porque avanzaba sobre el mar, en un sector que por entonces tenía una fisonomía muy diferente a la actual.
La elección del diseño y del nombre tiene una conexión documentada con Europa. Una investigación académica sobre la formación de la Playa Norte recoge el testimonio del nieto de Martínez Vivot, quien relató que su abuelo había realizado un boceto durante una estadía en Biarritz, Francia, inspirado en un moderno hotel de aquella ciudad balnearia que avanzaba sobre el mar y que también se llamaba La Perla.
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La influencia francesa no resulta extraña en aquella Mar del Plata. Las ciudades balnearias europeas eran una referencia para el desarrollo turístico local y Biarritz, en particular, ejerció una importante influencia sobre la forma en que comenzó a imaginarse la villa de veraneo argentina.
El hotel marplatense alcanzó tal notoriedad que su nombre dejó de designar únicamente al establecimiento. Las playas comenzaron a ser identificadas como La Perla y, posteriormente, el barrio que creció sobre la barranca heredó esa misma denominación. La Rambla Norte también pasaría a ser conocida como Rambla La Perla.
Así, el nombre que actualmente identifica a uno de los sectores tradicionales de Mar del Plata tiene su origen concreto en aquel hotel de madera y conserva, al mismo tiempo, una llamativa conexión con la costa francesa de fines del siglo XIX.
Muy diferente es el caso de Punta Mogotes, cuya denominación nació de las características naturales del lugar.
Antes de que existiera el enorme complejo de balnearios que hoy domina el paisaje, ese punto de la costa estaba marcado por pequeñas elevaciones y formaciones que sobresalían del terreno. De esos “mogotes” surgió la denominación Punta de los Mogotes, posteriormente simplificada como Punta Mogotes.
Pero esa no fue siempre la única forma de reconocer el lugar. Antes de 1880 el sector era conocido como Lobería Grande, una denominación relacionada con la importante presencia de lobos marinos que poblaban esa parte del litoral. El antiguo nombre constituye un recuerdo de una costa todavía poco urbanizada, donde la fauna y las características naturales servían como referencias para identificar el territorio.
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Con el tiempo, Punta de los Mogotes fue imponiéndose como denominación geográfica. Una muestra de su antigüedad es el histórico Faro Punta Mogotes, inaugurado el 5 de agosto de 1891, muchas décadas antes de la construcción del actual complejo turístico.
Los Troncos, por su parte, debe su nombre a una vivienda que terminó bautizando a toda una zona.
Durante la primera mitad del siglo XX se levantó allí una residencia conocida como Casa de Los Troncos, caracterizada por el empleo de grandes piezas de madera, entre ellas quebracho y lapacho provenientes del norte argentino.
Su aspecto hizo que se convirtiera en una referencia fácilmente reconocible en un sector que comenzaba a transformarse en una de las áreas residenciales más distinguidas de Mar del Plata. Poco a poco, decir "Los Troncos" dejó de ser solamente una forma de referirse a aquella propiedad.
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Con la aparición de nuevos chalets y la urbanización de los alrededores, la denominación se extendió hasta terminar identificando al barrio. Las fuentes históricas presentan diferencias sobre el año exacto de construcción de la residencia, pero coinciden en vincular el origen del nombre de la zona con aquella particular vivienda.
Detrás de Chauvín, en cambio, aparece la historia de un hombre y de unos jardines que alguna vez ocuparon una enorme extensión de la ciudad.
José Francisco Chauvín era uruguayo e hijo de franceses. Durante las primeras décadas del siglo XX adquirió unas 18 hectáreas delimitadas aproximadamente por las actuales Juan B. Justo, Matheu, Córdoba y un sector comprendido entre Hipólito Yrigoyen y Mitre.
Chauvín era florista y convirtió aquellas tierras en un destacado espacio dedicado al cultivo de flores, plantas y árboles. Allí levantó también su vivienda, conocida como Villa Chauvín, y creó jardines con fuentes y estatuas que llegaron a convertirse en un lugar reconocido en la Mar del Plata de la época.
Su actividad estuvo estrechamente relacionada con las grandes residencias de las familias que veraneaban en la ciudad, para las que diseñaba jardines y proporcionaba flores y plantas.
Con el paso del tiempo, las tierras fueron urbanizadas y aquel enorme espacio verde desapareció casi por completo, pero el apellido de su propietario sobrevivió. Chauvín pasó de identificar una villa y sus jardines a convertirse en el nombre del barrio que se desarrolló sobre aquellas tierras. Parte del antiguo predio corresponde actualmente a la zona donde se encuentra el Hospital Privado de Comunidad.
Más al sur aparece Alfar, un caso en el que un emprendimiento turístico terminó modificando el nombre de toda una urbanización.
El barrio había nacido hacia fines de la década de 1940 bajo otra denominación: Barrio Faro Punta Mogotes. El proyecto fue impulsado por una sociedad que había adquirido una importante extensión de tierras al sur del faro, donde comenzaron a construirse chalets y distintos servicios destinados a acompañar el crecimiento turístico de esa zona costera.
Entre aquellas construcciones apareció un importante establecimiento hotelero y casino conocido como Alfar. El edificio se convirtió en una referencia tan reconocible que su nombre comenzó a extenderse al área circundante.
Finalmente, la denominación Alfar terminó desplazando en el uso cotidiano a Faro Punta Mogotes y pasó a identificar al barrio. De esta manera, un nombre asociado originalmente a un emprendimiento turístico quedó incorporado definitivamente a la geografía del sur marplatense.
Parque Luro conserva, en cambio, uno de los apellidos más ligados a los primeros tiempos de Mar del Plata.
Parte de las tierras sobre las que posteriormente se desarrolló el sector estuvieron vinculadas a María Luro de Elissathe Chevalier, hija de Pedro Luro. Este último tuvo un papel destacado en el crecimiento económico de la localidad durante las décadas posteriores a su fundación.
Con el avance de la ciudad hacia el norte, aquellas extensiones comenzaron a lotearse y poblarse, mientras que el apellido Luro permaneció asociado al lugar. Así terminó consolidándose la denominación Parque Luro.
A mediados del siglo XX la identidad barrial ya estaba claramente instalada: en 1947 existía la Sociedad de Vecinos Zona Parque Luro y poco después fue reconocida oficialmente la sociedad de fomento del sector.
Finalmente, Santa Cecilia permite retroceder prácticamente hasta el nacimiento mismo de Mar del Plata.
En 1873, un año antes de la fundación oficial de la ciudad, Patricio Peralta Ramos mandó construir una pequeña capilla en la entonces denominada Sierra de la Chacra. El templo fue levantado en memoria de su esposa fallecida, Cecilia Robles Olavarrieta, y quedó bajo la advocación de Santa Cecilia.
La construcción terminó desempeñando un papel fundamental en la formación de Mar del Plata. Cuando Peralta Ramos encargó al agrimensor Carlos de Chapeaurouge el trazado del futuro pueblo, la capilla fue utilizada como referencia para organizar el plano y establecer las calles.
La elevación comenzó a ser conocida como Loma de Santa Cecilia y el nombre del templo se extendió posteriormente al sector que se desarrolló a su alrededor. De allí proviene la denominación que todavía conserva esa parte del área fundacional.
La capilla, además, continúa en pie y es uno de los edificios históricos más antiguos de Mar del Plata. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1971.
Detrás de nombres que hoy parecen naturales aparecen, entonces, historias completamente diferentes. La Perla nació de un hotel inspirado en un establecimiento observado en Biarritz; Punta Mogotes tomó su denominación de la geografía después de haber sido conocida como Lobería Grande; Los Troncos heredó el nombre de una residencia; Chauvín, de los jardines de un florista; Alfar, de un emprendimiento turístico; Parque Luro, de una familia estrechamente vinculada con el desarrollo local; y Santa Cecilia, de una capilla dedicada a la esposa del fundador.
La ciudad cambió y gran parte de aquellos paisajes desapareció. Hoteles de madera, enormes jardines y extensiones prácticamente despobladas dieron lugar a edificios, avenidas y barrios densamente urbanizados.
Los nombres, sin embargo, sobrevivieron. Y cada vez que un marplatense habla de La Perla, Chauvín, Los Troncos o Punta Mogotes está pronunciando, quizás sin saberlo, una pequeña parte de la historia de Mar del Plata.
Escritora y periodista.
