El Rincón Marplatense: el día en que Mar del Plata tuvo el tren más elegante del país
Durante más de medio siglo, una formación ferroviaria de lujo convirtió el viaje desde Buenos Aires en parte de las vacaciones. Con coches de acero inoxidable, restaurante, azafatas y un tiempo récord de apenas cuatro horas, El Marplatense marcó una época dorada que todavía despierta nostalgia.
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Hubo un tiempo en que llegar a Mar del Plata era mucho más que trasladarse de un punto a otro. El viaje comenzaba en el andén de la estación Plaza Constitución, donde pasajeros vestidos con sus mejores prendas eran recibidos por maleteros y azafatas para abordar uno de los trenes más exclusivos que circularon por la Argentina: El Marplatense, una formación que durante décadas fue sinónimo de velocidad, confort y elegancia.
Aunque su nombre quedó ligado para siempre a la ciudad, la historia de este tren comenzó lejos del país. A mediados de la década de 1940, la empresa estadounidense Budd Company construyó una serie de modernos coches de acero inoxidable destinados a la compañía Chesapeake & Ohio Railway. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a concretarse y las unidades quedaron sin uso. Años después, el Estado argentino las adquirió a un precio muy inferior al original, incorporándolas al sistema ferroviario nacional.
Antes de llegar a Mar del Plata, aquellos coches prestaron servicio en la línea que unía Buenos Aires con Mendoza bajo el nombre de El Aconcagua. Poco después fueron trasladados al entonces Ferrocarril General Roca y adaptados para el recorrido entre Constitución y la ciudad balnearia. El 9 de noviembre de 1951 realizaron su viaje inaugural hacia Mar del Plata, un acontecimiento que reunió a periodistas, autoridades, representantes del turismo e invitados especiales. El tren partió a las 7 de la mañana y arribó a destino a las 11:55, demostrando que era posible unir ambas ciudades en menos de cinco horas.
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Con el correr de los años, el servicio perfeccionó sus tiempos hasta alcanzar el eslogan que todavía muchos recuerdan: "A Mar del Plata en cuatro horas y un ratito". Aquella publicidad se convirtió en una de las campañas más recordadas de la historia ferroviaria argentina y reflejaba una realidad: el expreso realizaba el recorrido en aproximadamente cuatro horas gracias a su prioridad de circulación y a las prestaciones técnicas de la formación.
Para la época, el nivel de confort era extraordinario. Los coches de acero inoxidable ofrecían amplios asientos reclinables, aire acondicionado (una rareza en los años cincuenta), doble vidrio, iluminación moderna, coche comedor y un sistema de suspensión que reducía notablemente las vibraciones, permitiendo un viaje mucho más silencioso y estable que el de cualquier otra formación de larga distancia del país. Durante más de cuatro décadas fue además el único tren argentino de trocha ancha equipado con frenos de aire, una innovación que mejoraba tanto la seguridad como la suavidad de la marcha.
Inicialmente fue remolcado por locomotoras a vapor especialmente adaptadas y, posteriormente, por las célebres locomotoras diésel "Justicialista", de fabricación nacional, consideradas entre las más modernas de su tiempo. La combinación entre el nuevo material rodante y esas locomotoras permitió alcanzar velocidades que posicionaron al servicio entre los más rápidos de Sudamérica.
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Durante las décadas de 1950, 1960 y buena parte de los años 70, El Marplatense fue el transporte elegido por empresarios, artistas, familias y turistas que viajaban cada verano hacia "La Feliz". Para muchos, el viaje era una experiencia en sí misma: se almorzaba en el coche restaurante, se contemplaba la llanura bonaerense desde los grandes ventanales y se llegaba descansado a un destino que vivía el auge de sus temporadas estivales. El tren acompañó el crecimiento de Mar del Plata como principal centro turístico del país y terminó convirtiéndose en uno de sus grandes símbolos.
Con el paso del tiempo, el avance del automóvil, la expansión del transporte aéreo y el deterioro progresivo del sistema ferroviario fueron restándole protagonismo. Durante la década de 1990 el servicio comenzó a perder parte del esplendor que lo había caracterizado y muchas de sus locomotoras y coches dejaron de recibir el mantenimiento necesario. Aun así, sobrevivió durante varios años más y siguió despertando admiración entre los aficionados al ferrocarril.
El histórico servicio dejó de circular definitivamente en 2015. Hoy, varios de sus emblemáticos coches Budd permanecen preservados en los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada, donde esperan una restauración que les permita volver a ser exhibidos como parte del patrimonio ferroviario argentino. Aunque ya no recorra los rieles hacia la costa, El Marplatense sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva como el tren que transformó un simple traslado en una experiencia de lujo y que ayudó a consolidar a Mar del Plata como el gran destino turístico del país.
