El Rincón Marplatense: detrás de las puertas de "Los Gobelinos"
En la esquina de Falucho y Corrientes se levanta una de las residencias más particulares del patrimonio arquitectónico de Mar del Plata. Construida en 1941, conserva una historia ligada a una prestigiosa firma de decoración, una arquitectura cuidadosamente pensada y detalles que todavía sorprenden.
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Por Evelyn Marzoa
Quienes pasan habitualmente por la esquina de Falucho y Corrientes probablemente hayan reparado en una construcción que parece resistirse al paisaje urbano que creció a su alrededor. Rodeado de edificios y ubicado en un amplio terreno, el Chalet Rimaperi, mucho más conocido como “Los Gobelinos”, permanece como un testimonio de aquella Mar del Plata de grandes residencias y temporadas de verano.
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La propiedad fue construida en 1941 para Pedro de Miguel Sáez, propietario de la reconocida casa de decoración Los Gobelinos, firma que funcionaba en Florida y Mitre, en la ciudad de Buenos Aires, y utilizaba el recordado lema “El hogar de los hogares”. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Luis Joaquín Moreno de Mesa, mientras que la construcción fue realizada por Pedro Antonio Salles e Hijos.
Su relación con Los Gobelinos fue mucho más profunda que el apodo con el que terminaría siendo conocida. La propia firma se ocupó del diseño de los interiores y del mobiliario de la residencia, convirtiendo la casa en una suerte de muestra privada del refinamiento decorativo de la época.
Una de las características más curiosas puede apreciarse incluso desde la calle. La residencia no fue construida siguiendo paralelamente las líneas de Falucho y Corrientes, sino que está implantada a 45 grados respecto de ambas calles, una decisión que le otorgó una presencia especialmente marcada sobre la esquina.
El terreno supera ampliamente el cuarto de manzana: posee aproximadamente 61,50 metros sobre Corrientes y 47,37 metros sobre Falucho, mientras que la superficie edificada ocupa cerca de un tercio del predio. La casa se desarrolla en tres plantas y posee una planta aproximadamente en forma de “T”, acompañada por distintos volúmenes. Uno de sus sectores más particulares corresponde al antiguo estar, resuelto mediante una forma curva que en el nivel superior se transforma en una terraza descubierta.
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Arquitectónicamente pertenece al pintoresquismo de inspiración vasca, reconocible especialmente por sus cubiertas a dos aguas y sus faldones de longitudes asimétricas. Al encontrarse rodeada de espacio libre y no apoyarse sobre las medianeras, tipológicamente se la considera una villa.
Pero la casa también guarda curiosidades menos evidentes. Aunque generaciones de marplatenses la conocen simplemente como Los Gobelinos, la residencia posee otro nombre: Rimaperi.
Detrás de esa palabra aparentemente misteriosa existe una historia familiar. No corresponde a un lugar europeo ni a un apellido: el nombre fue construido a partir de fragmentos de nombres de integrantes de la familia de Pedro de Miguel Sáez. De esta manera, la denominación de la residencia quedó convertida en una especie de código familiar asociado para siempre a la propiedad.
El interior también conserva detalles artísticos que explican el nivel de sofisticación con el que fue concebida la casa. Entre ellos sobresale el vitral de la escalera, inspirado en La rendición de Breda, una de las obras más célebres de Diego Velázquez. No se trata, por lo tanto, de un chalet cuyo valor se limita a su fachada: buena parte de su riqueza se encuentra precisamente en los elementos decorativos que fueron pensados para sus ambientes.
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Existen además registros que permiten observar cuánto cambió el entorno de la propiedad. La revista Arquitectura Gráfica, en una edición dedicada a Mar del Plata y Miramar publicada en 1943, mostró imágenes de Rimaperi apenas dos años después de su construcción. En aquellas fotografías puede verse el chalet sin el actual cerco perimetral, completamente expuesto hacia la calle y con sus jardines desempeñando un papel fundamental en la composición del conjunto.
Las imágenes permiten imaginar una escena muy distinta a la actual: una Mar del Plata de construcciones mucho más bajas, donde la enorme residencia dominaba la esquina y todavía no estaba rodeada por los edificios que décadas después modificarían por completo la fisonomía del sector.
La ciudad creció, aumentó la densidad del centro y muchas de las grandes residencias que caracterizaron determinados períodos de Mar del Plata fueron demolidas. Los Gobelinos, sin embargo, sobrevivió.
Su importancia arquitectónica obtuvo posteriormente reconocimiento oficial. El inmueble fue incorporado al listado de bienes de interés patrimonial del partido de General Pueyrredon, donde aparece identificado como “Chalet Rimaperi (Los Gobelinos)”.
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Con el paso de los años, además, dejó atrás su función exclusivamente residencial y quedó vinculado al Poder Judicial de la provincia de Buenos Aires. La Suprema Corte bonaerense adquirió el inmueble en 1999, y actualmente forma parte de las dependencias correspondientes al Departamento Judicial Mar del Plata.
La incorporación de la propiedad al patrimonio público abrió también la posibilidad de acercar su historia a los marplatenses. Distintas iniciativas oficiales han contemplado la realización de exposiciones, visitas guiadas, charlas, safaris fotográficos y actividades de difusión patrimonial, una oportunidad particularmente atractiva teniendo en cuenta que muchos conocen su exterior pero nunca han podido descubrir qué se esconde detrás de sus paredes.
Más de ocho décadas después de su construcción, Los Gobelinos continúa siendo una presencia singular en pleno centro marplatense. Mientras la ciudad se transformó a su alrededor, el chalet permaneció en la misma esquina, conservando la huella de una familia, de una prestigiosa casa de decoración y de una época en la que las grandes residencias eran concebidas hasta en el más pequeño detalle.
Quizás allí resida buena parte de su atractivo: Los Gobelinos no es solamente una vieja casona que sobrevivió al avance de los edificios. Entre sus jardines, vitrales, techos inclinados y habitaciones todavía permanece una parte de aquella Mar del Plata que el crecimiento de la ciudad fue borrando poco a poco.
