El Rincón Marplatense: Soriano, una figura de Mar del Plata fascinada por los felinos
Cada 8 de agosto se celebra una jornada dedicada a uno de los animales más populares del mundo. Mar del Plata guarda una particular conexión con esta fecha a través de Osvaldo Soriano, uno de sus escritores más reconocidos, cuya fascinación por los gatos atravesó su vida, sus noches de escritura y parte de su obra.
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Por Evelyn Marzoa
Este sábado 8 de agosto se celebra el Día Internacional del Gato y, aunque a primera vista la fecha parece tener poco que ver con la historia de Mar del Plata, existe una conexión tan curiosa como literaria. Uno de los grandes escritores nacidos en la ciudad fue también un apasionado de estos animales: Osvaldo Soriano.
Nacido en Mar del Plata el 6 de enero de 1943, Soriano desarrolló a lo largo de su vida una relación muy especial con los gatos. No eran simplemente sus mascotas. Los felinos estuvieron vinculados a sus jornadas de escritura, aparecieron en sus textos y protagonizaron algunas de las anécdotas más recordadas sobre su vida.
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Incluso el propio escritor los incorporó a la manera en que imaginaba cómo sería recordado después de su muerte.
“Yo no tengo biografía. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna”, expresó alguna vez Soriano.
La frase fue recuperada años después por el Ministerio de Cultura de la Nación al recordar el aniversario de su nacimiento y resume una relación que excedía ampliamente el simple cariño hacia los animales.
De Mar del Plata a convertirse en uno de los escritores más leídos
Soriano pasó parte de su infancia y adolescencia entre distintas ciudades del país debido a los traslados laborales de su padre. Antes de dedicarse definitivamente a las letras tuvo diversos trabajos e incluso intentó abrirse camino como futbolista, deporte que se convertiría en otra de las grandes pasiones de su vida.
Finalmente encontró su lugar en el periodismo. Trabajó en publicaciones como Primera Plana y La Opinión y en 1973 publicó su primera novela, Triste, solitario y final, una particular historia que combinaba ficción, cine y personajes reales.
Después del golpe de Estado de 1976 abandonó Argentina y vivió varios años en Europa. Durante ese período escribió obras como No habrá más penas ni olvido y Cuarteles de invierno. Con la recuperación democrática regresó al país y posteriormente se convirtió en una de las firmas emblemáticas de Página/12.
Sus libros consiguieron una popularidad poco habitual. Soriano se convirtió en uno de los escritores argentinos más vendidos de las décadas de 1980 y 1990, fue traducido a numerosos idiomas y varias de sus historias llegaron al cine.
Mientras construía aquella carrera, había una compañía que se repetía durante sus largas horas frente a la máquina de escribir: los gatos.
Gatos durante las madrugadas de escritura
Soriano era conocido por sus particulares horarios. Prefería trabajar durante la noche y podía permanecer escribiendo hasta entrada la madrugada. Los gatos formaban parte habitual de ese mundo nocturno.
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Su fascinación por ellos también llegó a su literatura. De acuerdo con testimonios y trabajos dedicados a reconstruir su vida, llegó incluso a proyectar un ensayo sobre gatos que finalmente nunca publicó.
Una de las historias más llamativas está relacionada con su primera novela. El propio Soriano contó que un gato tuvo un papel inesperado mientras buscaba la manera de resolver Triste, solitario y final.
Para un hombre profundamente supersticioso, aquello no quedó reducido a una simple casualidad. Soriano parecía atribuirles a los felinos una sensibilidad particular y cierto misterio que los humanos no podían comprender del todo.
“Los gatos tienen poderes”
Quizás una de las anécdotas que mejor refleja esa fascinación fue protagonizada por su amigo y también escritor Antonio Dal Masetto.
Soriano había advertido que en algunos textos de Dal Masetto los gatos no terminaban precisamente bien. Según recordó posteriormente el escritor, Soriano lo reprendió por el destino que les daba a los animales y llegó a advertirle que de esa manera sus libros no tendrían éxito.
¿La razón? Soriano sostenía, entre la superstición y el humor, que los gatos tenían poderes y que no convenía meterse con ellos.
La advertencia fue tan efectiva que Dal Masetto contó que durante un tiempo llegó a modificar su comportamiento cuando encontraba algún gato durante la noche.
A Soriano también quedó asociada una frase que resume perfectamente el lugar que estos animales ocupaban en su universo: “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo”.
Para él, entonces, un felino podía ser mucho más que una mascota: compañero de madrugada, observador silencioso, personaje literario y hasta una misteriosa presencia capaz de intervenir en la suerte de las personas.
Fútbol, literatura y felinos
Si algo caracterizó a Soriano fue su capacidad para trasladar sus obsesiones personales a la literatura.
Una de ellas fue el fútbol. Era un apasionado hincha de San Lorenzo y ese amor aparece constantemente en sus cuentos y artículos. Otra fueron los gatos.
Su universo literario estuvo poblado de personajes solitarios, soñadores, perdedores, aventureros y hombres que parecían encontrarse ligeramente al margen del mundo. Dentro de ese escenario, los gatos encontraron un lugar casi natural: independientes, nocturnos y difíciles de descifrar.
Esa relación permite descubrir además una faceta íntima del escritor nacido en Mar del Plata. Detrás del periodista que observó algunos de los períodos políticos más convulsionados de Argentina y del novelista que escribió sobre el exilio, la violencia, el fútbol y las derrotas cotidianas, también estaba el hombre que podía pasar una madrugada frente a una máquina de escribir acompañado silenciosamente por un gato.
Una historia marplatense para recordar en el Día Internacional del Gato
Soriano murió en Buenos Aires el 29 de enero de 1997, a los 54 años. Para entonces había construido una obra que trascendió las fronteras argentinas y lo convirtió en uno de los escritores más populares de su generación.
Su figura quedó ligada para siempre al periodismo, la literatura, San Lorenzo, las noches de escritura y una particular combinación de humor y melancolía. Pero también a los animales que lo acompañaron durante buena parte de ese recorrido.
Por eso, este 8 de agosto, Día Internacional del Gato, Mar del Plata tiene una historia propia para recordar.
Es la de aquel escritor nacido junto al mar que estaba convencido de que los gatos tenían poderes, encontraba inspiración en su compañía y hasta imaginó que, una vez que él ya no estuviera, serían precisamente ellos los encargados de inventar su biografía mientras esperaba, sentado en la luna.
