Sedentarismo, alcohol y tabaco: las señales de alerta para cuidar el colon
Una alimentación pobre en fibra y postergar los controles médicos completan la lista de factores modificables asociados con una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad.
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El cáncer colorrectal es el tercer tumor más diagnosticado y la segunda causa de muerte oncológica en el mundo. Durante 2024 se registraron más de 2 millones de nuevos casos y unas 918.000 muertes, mientras especialistas advierten sobre un aumento de la incidencia entre personas menores de 50 años en al menos 27 países.
Aunque la edad, la genética y los antecedentes familiares no pueden modificarse, existen comportamientos cotidianos que se asocian con un mayor riesgo. Entre ellos aparecen permanecer sentado durante muchas horas, consumir poca fibra, beber alcohol con frecuencia, fumar y retrasar los estudios preventivos.
El sedentarismo sostenido puede favorecer la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y el exceso de grasa corporal. Para contrarrestarlo, la Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de ejercicio intenso. También resulta conveniente interrumpir los períodos prolongados de quietud con pausas de pie, estiramientos o caminatas breves.
Otro factor es una alimentación con poca fibra. Cuando su consumo es insuficiente, los residuos permanecen más tiempo en el intestino y aumenta el contacto de sustancias potencialmente perjudiciales con las paredes del colon. Además, disminuye la producción de butirato, un ácido graso que nutre las células intestinales y ayuda a regular la inflamación. Frutas, verduras, legumbres y cereales integrales son algunas de sus principales fuentes.
El alcohol también está relacionado con esta enfermedad. Al metabolizarse produce acetaldehído, una sustancia cancerígena capaz de dañar el ADN, e interfiere con el folato, una vitamina esencial para la reparación celular. Los especialistas remarcan que reducir o eliminar su consumo puede contribuir a disminuir el riesgo.
El cigarrillo, por su parte, no afecta solamente a los pulmones. Las sustancias cancerígenas presentes en el humo pueden alcanzar otros tejidos, dañar las células intestinales y favorecer el desarrollo de pólipos precancerosos. Quienes tengan dificultades para abandonar el tabaco pueden solicitar acompañamiento profesional y consultar por los tratamientos disponibles.
El quinto comportamiento señalado es postergar los estudios de detección. Muchos casos no producen síntomas en sus primeras etapas, pero una colonoscopía permite localizar y extirpar pólipos antes de que evolucionen. La Sociedad Americana contra el Cáncer recomienda que las personas con riesgo promedio comiencen los controles regulares a los 45 años y continúen hasta los 75, de acuerdo con su estado general de salud.
La colonoscopía no es la única alternativa: las guías actualizadas también contemplan pruebas de materia fecal y, para determinados perfiles, análisis de sangre. El método y la frecuencia deben ser definidos por un profesional según los antecedentes personales y familiares.
También se recomienda consultar ante sangrado rectal, cambios persistentes en el ritmo intestinal, dolor o distensión abdominal prolongados, pérdida de peso sin explicación, cansancio persistente o anemia. Mantenerse activo, incorporar fibra, evitar el tabaco, limitar el alcohol y cumplir con los controles no elimina completamente la posibilidad de enfermar, pero puede reducir el riesgo y favorecer una detección temprana.
