¿Se puede pasear a un gato? Qué hay que saber antes de sacarlo con correa
Cada vez es más habitual ver felinos con pretal fuera de casa, pero la experiencia no resulta beneficiosa para todos. La personalidad del animal, una adaptación progresiva y la elección de un entorno seguro son fundamentales para evitar estrés y escapes.
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Aunque tradicionalmente los paseos estuvieron asociados a los perros, algunos gatos también pueden aprender a salir con pretal y correa. La práctica puede ofrecerles ejercicio, estímulos y una forma controlada de conocer el exterior, pero los especialistas advierten que no debe convertirse en una obligación.
La Asociación Americana de Profesionales Felinos (AAFP) considera que el acceso controlado al exterior, mediante recintos seguros o paseos con arnés y correa, puede proporcionar un ambiente más estimulante y permitir comportamientos naturales reduciendo algunos de los peligros de circular libremente.
Sin embargo, no existe una recomendación universal. La RSPCA advierte que los paseos pueden exponer al animal a olores desconocidos, perros, personas, vehículos y ruidos que le provoquen miedo. El problema es especialmente importante cuando el gato no tiene posibilidad de alejarse o esconderse ante aquello que percibe como una amenaza.
Por eso, antes de pensar en salir a una plaza, parque o incluso recorrer una vereda de la ciudad, la adaptación debe comenzar dentro de casa. El primer paso es presentar un pretal específicamente diseñado para gatos y permitir que lo conozca progresivamente, asociándolo con experiencias positivas. Una vez que pueda llevarlo con tranquilidad, se puede incorporar una correa liviana y practicar en interiores.
El pretal es un elemento fundamental. No se aconseja sujetar la correa directamente al collar, ya que existe riesgo de que el gato se escape o se lastime el cuello. Además, el arnés debe quedar correctamente ajustado para impedir que pueda retroceder y salir de él cuando se asusta.
Si supera esa etapa sin signos de incomodidad, las primeras salidas deben realizarse en lugares tranquilos y durante períodos cortos. Conviene evitar sectores con tránsito intenso, perros sueltos, multitudes y ruidos fuertes. A diferencia de un perro, tampoco se debería esperar que el gato camine siguiendo un recorrido determinado: lo recomendable es permitirle explorar a su ritmo y mantener la correa sin tirones.
Observar el comportamiento resulta clave. Intentar esconderse o escapar, permanecer agazapado, mostrarse extremadamente alerta o resistirse al pretal pueden indicar que la experiencia le genera miedo. Si aparecen signos de estrés, no hay que obligarlo a continuar ni asumir que terminará acostumbrándose.
También es importante que un gato que tendrá acceso al exterior cuente con controles veterinarios y medidas preventivas adecuadas, entre ellas las vacunas y la protección frente a parásitos que correspondan según su situación. La identificación mediante microchip o una identificación complementaria también puede resultar útil ante un escape.
En definitiva, sí es posible pasear a un gato, pero que pueda hacerlo no significa que necesariamente lo necesite o disfrute. Algunos felinos curiosos y seguros pueden encontrar en estas salidas una fuente de enriquecimiento, mientras que otros estarán mejor dentro de casa con juegos, escondites, superficies elevadas y otras formas de estimulación.
La clave está en respetar su comportamiento: si el animal acepta voluntariamente el pretal, se muestra relajado y manifiesta interés por explorar, el paseo puede convertirse en una actividad segura. Si muestra miedo o rechazo, quedarse en casa también es una opción perfectamente compatible con su bienestar.
