Proyectan crear un nuevo parque submarino en Mar del Plata
l proyecto amplía el histórico sitio "Cristo Rey" y posiciona a la ciudad como el polo de buceo recreativo y científico más grande de la Argentina.
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La Asociación Civil Parque Submarino, integrada por referentes de la actividad subacuática como la escuela de buceo Thalassa, encabeza un plan para oficializar un nuevo parque submarino en Mar del Plata, bautizado "Kyokyo" (o Kyokuyu), que permitirá reconvertir cascos en desuso en gigantescos arrecifes artificiales.
La historia comenzó en junio de 1981 con el hundimiento del barreminas de madera "Cristo Rey", dando origen al primer parque subacuático del país. Si bien esa primera experiencia sirvió para cobijar vida marina, su ubicación tan cercana a la costa redujo la visibilidad para el deporte.
La estrategia cambió drásticamente con los posteriores hundimientos del "Khronometer" en 2014, un pesquero de origen soviético que quedó varado tras la disolución de la URSS, el "Simbad" (2022), el "Sirius" (2024) y el "Ribazón" (2025).
Sin embargo, el salto cualitativo se dio con el "Kyokko" en 2025, el primer barco enviado al denominado "Banco de Afuera", a casi 8 millas de la costa y a 28 metros de profundidad. "En ese sector la visibilidad es excelente.
Al poner un sustrato duro en un fondo donde solo hay arena, la vida marina se cobija de inmediato", explicaron desde Thalassa. Con la preparación del pesquero "Escombrus" ya lista para un próximo desembarco y la eventual suma del "Mechinó", Mar del Plata se encamina a albergar el parque submarino más grande de la Argentina, superando en extensión y cantidad de pecios a destinos como Las Grutas o Puerto Madryn.
Ciencia, saneamiento e inversión privada
El proceso para transformar un buque en un arrecife artificial exige un minucioso trabajo técnico que demanda entre un año y 18 meses de preparación. Los barcos deben conservar flotabilidad propia y estar 100% libres de deudas o disputas judiciales. Luego se ejecuta una limpieza quirúrgica: se remueven mamposterías, cables, aislamientos e hidrocarburos hasta dejar la chapa de acero completamente pelada para no contaminar el ecosistema.
Las inspecciones son tan rigurosas que incluyen revisiones internas a fondo en los tanques de combustible. "Todo este trabajo de saneamiento e ingeniería cuesta entre 150.000 y 200.000 dólares, costo que asume el propio armador o empresario del barco. Además de liberar espacio de amarre en el puerto, para muchos dueños es una forma de inmortalizar sus embarcaciones, ya que pasan a figurar para siempre en las cartas náuticas", señalaron en diálogo con El Marplatense.
La iniciativa funciona además como un laboratorio a cielo abierto para la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) y el INIDEP. A través de convenios de investigación, científicos locales monitorean la colonización biológica: estudios realizados en el "Simbad" demostraron que a los seis meses el casco recupera la biodiversidad natural del ecosistema, mientras que al año la chapa queda cubierta de colonias de mejillones.
Asimismo, en barcos como el "Khronometer" se instalan sensores para medir la turbidez del agua, la temperatura y el ingreso de luz, aportando datos clave para tesis doctorales y proyectos de conservación marina.
