Patricio Rey en La Feliz: la ruta mítica que consagró a Los Redondos en el Teatro Tronador
La relación entre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Mar del Plata esconde una mitología de orillas, boliches extintos y debates universitarios que cimentaron el fenómeno antes de que se mudara definitivamente a los estadios. Hoy, mirar el reverso de esa historia nos permite entender por qué el show del 9 de julio de 1988 en el Teatro Tronador no fue un concierto más, sino uno de los más grandes de toda su carrera.
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Por Marcelo Gobello
El idilio comenzó en 1986, el escenario fue Látex, un mítico boliche ubicado en la zona de Varese y Playa Chica que se convirtió en el epicentro de un ciclo contracultural para bandas nuevas. En esa pista, con el frío del Atlántico golpeando los ventanales, Los Redondos compartieron cartelera con la modernidad post-punk de La Sobrecarga. Fue el debut absoluto en la ciudad: un puñado de iniciados descubriendo la densidad sónica de lo que, meses más tarde, se convertiría en el emblemático álbum Oktubre.
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Para el invierno de 1987, el secreto a voces de la autogestión ricotera ya había detonado. La cita fue en Piet, una discoteca muy pequeña en la zona de la Diagonal Pueyrredón. Esa noche, el lugar estuvo al borde del colapso físico: un pogo asfixiante, paredes transpiradas y la certeza de que el formato de boliche chico les estaba quedando irremediablemente estrecho. Pero el verdadero hito de ese fin de semana ocurrió al día siguiente, bajo la luz del día y en el mismo lugar. En un hecho cinematográfico y muy poco usual para la estricta intimidad de la banda, el Centro de Estudiantes de Arquitectura de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) organizó una charla abierta con el grupo. Los Redondos bajaron a tierra para debatir sobre estética, política y cooperativismo con los estudiantes. Aquella postal de la Diagonal Pueyrredón demostró que Patricio Rey ya no era solo música; era un faro cultural para la juventud de la época.
El clímax del 9 de julio de 1988: El Tronador en estado de revolución
El show fue la presentación oficial de Un Baión para el Ojo Idiota, el tercer disco de la banda. El lugar el Teatro Tronador (Santiago del Estero 1746). Habiendo agotado las capacidades ambientales de los boliches céntricos, el salto lógico para presentar Un Baión para el Ojo Idiota, editado apenas dos meses antes, era el formato teatro. El afiche original diseñado por Rocambole empapeló las calles céntricas anunciando la misa para el Día de la Independencia. Las localidades volaron y quienes conservan su ticket de la Platea B guardan un pedazo de historia viva.
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El concierto, registrado en un legendario audio de consola tiene un setlist clásico que rozó la perfección. Arrancaron bien arriba con el pulso de "Un tal Brigitte Bardot" y "Ñam fi frufi fali fru", para luego desatar la crudeza de los nuevos himnos: "Aquella solitaria vaca cubana", "Vencedores vencidos", "Todo preso es político" y el infaltable rescate del inédito "Nene Nena".
El show tuvo su momento de tensión técnica: un problema crónico con los monitores sobre el escenario que el propio Indio Solari hizo explícito frente al público. Lejos de opacar la noche, ese chispazo de honestidad brutal potenció la electricidad de la banda. Skay Beilinson hilvanó una de sus mejores noches en las cuerdas y la sala del Tronador literalmente tembló en sus cimientos cuando sonó "Jijiji", un pogo indomable contenido entre las butacas de un teatro tradicional.
El cierre definitivo con "Ya nadie va a escuchar tu remera" clausuró las más de dos horas de comunión. Aquel 9 de julio, Mar del Plata no solo fue testigo de la presentación de un disco fundamental; fue el escenario donde Los Redondos firmaron uno de los conciertos más perfectos, viscerales y memorables de toda su historia.

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