Día del Inmigrante: quiénes ayudaron a construir la identidad de Mar del Plata
Italianos y españoles protagonizaron grandes corrientes migratorias, dejando una fuerte huella en el puerto, el comercio, la pesca y los barrios locales.
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Cada 4 de septiembre se conmemora en Argentina el Día del Inmigrante y la historia de Mar del Plata ofrece numerosos ejemplos de cuánto influyeron quienes llegaron desde otros países en el crecimiento de la ciudad. Su participación puede rastrearse incluso antes de la fundación oficial de 1874 y continúa en actividades que terminarían siendo características de la vida marplatense: el comercio, la construcción, el turismo y, especialmente, la pesca.
Uno de esos primeros nombres fue José Coelho de Meyrelles. En 1856, un consorcio brasileño-portugués encabezado por él adquirió las tierras donde luego surgiría Mar del Plata para instalar un saladero. Fue la primera actividad industrial de importancia de la zona. A su alrededor aparecieron un muelle, un molino, galpones, viviendas y comercios, formando un pequeño núcleo poblacional que sería la base del futuro pueblo. El establecimiento finalmente pasó a manos de Patricio Peralta Ramos, quien consiguió en 1874 el reconocimiento oficial de Mar del Plata.
Pocos años después apareció otro inmigrante decisivo para aquella localidad todavía incipiente. Pedro Luro Oficialdegui, empresario vasco-francés, llegó a Mar del Plata en 1877. Se hizo cargo del saladero y la grasería, construyó un nuevo muelle, instaló un molino harinero e impulsó la agricultura. Algunos trabajos históricos señalan incluso que promovió la llegada de trabajadores inmigrantes para incorporarlos a sus emprendimientos. Su actividad ayudó a sacar al poblado del período de estancamiento que atravesaba en aquellos años.
La inmigración crecería rápidamente. En 1895, el partido de General Pueyrredon contaba con 8.175 habitantes y 3.220 eran extranjeros, cerca del 40% de su población. Para 1914 eran 32.940 habitantes, de los cuales 15.495 habían nacido fuera de Argentina, es decir, alrededor del 47%. Españoles e italianos constituían los grupos más numerosos.
Muchos encontraron sus primeras oportunidades como albañiles, carpinteros, herreros, artesanos, comerciantes, trabajadores rurales o empleados vinculados con los servicios que demandaba el crecimiento turístico. Las redes familiares fueron fundamentales: era frecuente que quien conseguía instalarse ayudara después a hermanos, hijos, cuñados o vecinos de su pueblo de origen a viajar y conseguir su primer empleo.
Una historia que permite observar ese proceso es la de los Tiribelli. Félix Tiribelli, zapatero oriundo de Sant’Angelo in Vado, Italia, llegó a Mar del Plata en 1897 siguiendo una cadena migratoria familiar. Un año después se reunieron con él su esposa Águeda Góstoli y sus hijos. Algunos integrantes de la familia realizaron inicialmente tareas modestas hasta incorporarse al creciente mundo de la construcción. Con el tiempo crearon Tiribelli Hermanos, firma que llegó a intervenir en obras de enorme importancia, entre ellas el Gran Casino Provincial, sectores de Playa Grande y el Golf Club y los hoteles Nogaró, Savoy y Hermitage.
No fue un caso aislado. Investigaciones sobre empresarios constructores inmigrantes muestran la participación de numerosas familias italianas en el desarrollo edilicio local. Entre ellas aparecen también los Gáspari: Luis Gáspari llegó a Argentina en 1905 con 16 años y se incorporó a la empresa de sus familiares Anselmo y Olinto. En 1920, miembros de esa firma participaron en la construcción de la cripta ubicada debajo del altar mayor de la Catedral marplatense.
La colectividad española también dejó una huella material que continúa en pleno centro. Durante la década de 1880 comenzaron a organizarse distintas entidades de ayuda mutua de residentes españoles. De ese entramado surgió la institución que impulsó el Teatro Colón. Hubo un primer teatro inaugurado en 1893 y el actual edificio abrió sus puertas en 1924. Fue proyectado por el arquitecto Ángel Pascual y construido por Martín Marcó e hijos. Su arquitectura combina elementos románicos, góticos, renacentistas, moriscos y andaluces y constituye uno de los principales testimonios patrimoniales de la presencia española en la ciudad.
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También hubo inmigrantes que dejaron una marca particular en la imagen arquitectónica de Mar del Plata. El ingeniero constructor italiano Alula Baldassarini llegó desde Roma a Argentina en 1909 y comenzó a trabajar en la ciudad en 1914. En 1925 construyó el chalet La Marina, su residencia de verano. Baldassarini se convirtió en uno de los nombres relevantes del pintoresquismo local y su trabajo con la piedra tuvo influencia en la arquitectura residencial que posteriormente sería identificada con la ciudad.
Entre esas historias familiares sobresale además un apellido que terminaría llevando el nombre de Mar del Plata por el mundo: Piazzolla. Por la rama paterna, los antepasados de Astor provenían de Trani, en la región italiana de Puglia. Su abuelo, Pantaleone Piazzolla, emigró a la Argentina y se instaló en Mar del Plata. Por el lado materno estaban los Manetti, provenientes de la Toscana.
Esa rama familiar dejó una huella muy concreta en el paisaje urbano. Luis Manetti, abuelo materno de Astor Piazzolla, tenía una quinta en los alrededores de la actual Plaza Mitre y participó de la forestación del espacio. En 1887 recibió autorización municipal para trabajar y cultivar esas tierras, cuando la plaza todavía era conocida como Londres. Con el tiempo, la familia quedó asociada a buena parte del arbolado del lugar.
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Asunta Manetti se casó con Vicente “Nonino” Piazzolla y de esa unión nació Astor Piazzolla en Mar del Plata, el 11 de marzo de 1921. De esta manera, la historia del músico que revolucionó el tango también quedó atravesada por las corrientes migratorias italianas que ayudaron a formar la ciudad. Actualmente, Plaza Mitre integra incluso los recorridos vinculados a la vida del compositor por su relación con la familia materna.
Pero probablemente ningún sector conserve una asociación tan fuerte entre inmigración y trabajo como el Puerto. Durante las décadas de 1910 y 1920 se instalaron allí numerosas familias italianas procedentes principalmente de Sicilia, Campania y Puglia. Muchas conocían las técnicas de pesca, salazón y conservación y trasladaron esos saberes al nuevo lugar donde habían decidido vivir. Españoles y trabajadores de otras nacionalidades también formaron parte de aquel núcleo.
Los registros muestran la magnitud de esa presencia extranjera. En un censo de pescadores profesionales realizado durante los años veinte, de unas 690 personas dedicadas a la captura apenas el 15% era de origen argentino. En otro relevamiento municipal de 1937, entre los hombres pertenecientes a familias relacionadas con la pesca que vivían en el Puerto, el 88% era italiano y el 8% español.
Con el paso de los años se volvieron habituales en la comunidad portuaria apellidos de origen italiano como Di Iorio, De Rosa, Iacono, De Angelis, Mellino, Greco, Buono, Di Meglio, Puglisi, Di Scala o Moscuzza, entre muchos otros. Los estudios que los registran corresponden a distintas etapas de la inmigración, por lo que resulta más preciso considerarlos parte de la consolidación de la colectividad italiana del Puerto y no necesariamente como sus primeras familias.
La concentración fue tan importante que ese sector llegó a ser estudiado como una “pequeña Italia”. Allí sobrevivieron durante décadas el idioma, las comidas, las devociones religiosas y las redes entre familias procedentes de los mismos pueblos. Después de la Segunda Guerra Mundial, nuevas oleadas de italianos renovaron aquella comunidad y se incorporaron a una Mar del Plata que nuevamente atravesaba una etapa de fuerte expansión.
La influencia de aquellos hombres y mujeres quedó mucho más allá de sus lugares de nacimiento. Está en el Puerto, en antiguos comercios y empresas familiares, en el Teatro Colón, en hoteles y edificios históricos, en los chalets de piedra, en Plaza Mitre y en apellidos que siguen formando parte de la vida cotidiana local.
En el Día del Inmigrante, recorrer esas historias permite entender que una parte importante de la Mar del Plata actual fue levantada por personas que cruzaron el océano, comenzaron muchas veces desde los trabajos más sencillos y terminaron haciendo de esta ciudad su hogar.
Escritora y periodista.
