Atención del ACV: “Cada 15 minutos que adelantamos un tratamiento, reducimos un 10% la mortalidad o la discapacidad”
Lo aseguró Iván Roa, neurólogo de la Clínica Pueyrredon, institución que consolidó un modelo de atención para emergencias neurológicas y tiempo-dependientes.
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Ante un accidente cerebrovascular (ACV), donde cada minuto es crítico, la Clínica Colón consolidó un modelo de atención para emergencias neurológicas y tiempo-dependientes mediante la implementación de estándares de Espacio Neuroprotegido. A través de la activación inmediata del Código ACV y el funcionamiento de su Unidad Stroke, la institución coordina de forma interdisciplinaria a sus servicios de Emergencias, Neurología, Diagnóstico por Imágenes y Terapia Intensiva bajo protocolos estrictos y capacitación continua.
Según explicó Iván Roa, neurólogo de la Clínica Colón, en diálogo con el programa Modo Regreso que se emite por Radio Mitre Mar del Plata, el factor temporal es crítico debido a que el cuadro consiste, fundamentalmente, en la muerte de las neuronas por la interrupción del flujo sanguíneo. El especialista advirtió que por cada minuto que pasa sin irrigación, se destruyen cerca de dos millones de neuronas. En contrapartida, destacó el valor de la rapidez en la atención médica: “Cada 15 minutos que adelantamos un tratamiento, reducimos alrededor de un 10% la mortalidad o la probabilidad de vivir con una discapacidad en el futuro”.
Para lograr una intervención oportuna, Roa señaló que entre el 75% y el 80% de los pacientes manifiestan al menos uno de tres síntomas clave que la comunidad debe aprender a reconocer de inmediato. El primero es la desviación de la comisura de la boca al intentar sonreír; el segundo, la pérdida abrupta de fuerza en un brazo; y el tercero, cualquier trastorno repentino en la comunicación, ya sea la incapacidad para hablar con claridad o la dificultad para comprender lo que se le dice. “Cualquiera de estas tres señales es una alerta de que puede ser un ACV y hay que actuar con rapidez”, enfatizó.
Respecto a los márgenes de acción una vez detectados estos signos, el neurólogo precisó que existe una ventana estricta de cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas para administrar una medicación altamente efectiva que rompe el coágulo y destapa la arteria afectada. En ese sentido, fue tajante al desaconsejar cualquier tipo de maniobra casera o el suministro de alimentos, dulces o remedios para la presión, argumentando que estas acciones pueden provocar una broncoaspiración y agravar el cuadro. Para el profesional, la única respuesta válida ante la sospecha es activar el sistema de emergencia y trasladar al paciente urgentemente a la institución.
Una vez que el paciente ingresa a la Clínica Colón, el caso se aborda bajo una prioridad absoluta. Roa detalló que los primeros minutos en la guardia incluyen la extracción de sangre, un electrocardiograma y la realización inmediata de una neuroimagen para evaluar el estado del cerebro y determinar si se cumplen los criterios para iniciar el tratamiento.
Este engranaje rápido y coordinado es posible gracias a la Unidad de Stroke de la Clínica, un sector especializado donde médicos, enfermeros, camilleros y técnicos de imágenes trabajan bajo una misma metodología. “Consiste en que cada uno sepa exactamente su tarea de forma rutinaria para actuar con la máxima velocidad”, explicó Roa, remarcando que este esquema evita la pérdida de minutos valiosos en decisiones aleatorias.
El especialista subrayó además el impacto que tiene este abordaje en las secuelas a largo plazo, recordando que el ACV es la principal causa de discapacidad a nivel global. Por ello, una atención veloz no solo disminuye el índice de mortalidad, sino que es la llave para “reducir la discapacidad, permitiéndole al paciente mantener una vida independiente después de un evento que es tan limitante”.
La labor médica no concluye con la atención de la urgencia. Roa puntualizó que, tras el tratamiento agudo, se inicia la etapa de rehabilitación basada en la neuroplasticidad, que es la capacidad natural del cerebro para reorganizarse y recuperarse. Este proceso, adaptado de forma personalizada según las secuelas de cada paciente (sean motrices, visuales o del habla), requiere el trabajo interdisciplinario de kinesiólogos, fonoaudiólogos y terapistas ocupacionales.
Sobre el panorama actual de recuperación en comparación con años anteriores, el neurólogo se mostró sumamente optimista, atribuyéndolo a la proliferación de espacios e instituciones neuroprotegidas. En el caso específico de la Clínica Colón, detalló que ostentar esta condición significa que absolutamente todos los procesos están estandarizados y siguen pasos rigurosos desde el ingreso del paciente hasta su alta médica. “Está científicamente demostrado que la atención protocolizada mejora drásticamente la calidad de la atención y los resultados del tratamiento”, aseguró.
Finalmente, Roa concluyó con un llamado a la concientización social, recordando que la concepción médica del ACV ha cambiado drásticamente y hoy se lo reconoce como una verdadera emergencia en la que cada segundo cuenta. Su mensaje final para la comunidad fue directo y preventivo: “Si a vos, a un conocido o a alguien en la calle se le desvía la boca, pierde fuerza en un brazo o tiene problemas para hablar o entender, no hay que esperar: hay que consultar de manera urgente”.

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