A 60 años del estreno de “Star Trek”: un viaje por el espacio que no se detiene
La serie creada por Gene Roddenberry se emitió por primera vez un 6 de agosto de 1966 en Canadá, y dos días después lo haría en EE.UU. Una serie mítica, que dejó un legado mucho más allá de la última frontera del televisor.
:format(webp):quality(60)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/star_trek.webp)
“El espacio: la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, en una misión que durará cinco años, dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de nuevas vidas y nuevas civilizaciones, hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar”. Así invitaba el capitán James T. Kirk (en la voz de William Shatner) a los espectadores a subirse a la nave y enfrentar cada semana una aventura diferente. Y así, como quien no quiere la cosa, se daba inicio también a uno de los grandes hitos de la historia de la televisión y el cine: un 6 de agosto de 1966 se emitía La trampa humana, el primer episodio de Star Trek, conocida por estos pagos como Viaje a las estrellas.
En verdad el 6 de agosto se vio en una cadena canadiense y posteriormente, el 8 de agosto, se emitió por la NBC de Estados Unidos, así que la fecha de comienzo está discutida. Lo que no está discutido, claro, es el valor cultural de la serie creada por Gene Roddenberry, una producción que no sólo sentó las bases para muchos elementos del género de la ciencia ficción, sino que también desarrolló un espíritu humanista que aún se recuerda por su valentía para afrontar diversos aspectos que para la sociedad de aquella época eran tabú, especialmente en la Estados Unidos en pleno debate de los derechos civiles.
En La trampa humana, el primer episodio, el Dr. McCoy se enfrenta a la muerte de los miembros de su tripulación por una repentina falta de sal en sus cuerpos. Será el comienzo de una larga historia, que hoy cuenta en películas y nuevas series con presupuestos fastuosos y efectos digitales de última generación, pero que en aquellos tiempos se valía mucho más de la imaginación y la fascinación de los espectadores en la suspensión de la incredulidad. Decorados evidentes y pelucas que se notaban (algo que hoy, con la remasterización de las primeras temporadas, queda en evidencia), además aspectos narrativos que no estaban del todo pulidos. Sin embargo, el carácter exploratorio que proponía la serie, de indagar más allá de las fronteras del cielo en un tiempo donde la espacio era un territorio a ganar, dio lugar al éxito.
También era una época donde la tecnología iba imponiendo criterios de producción. Con la televisión como centro de interés de las familias, la posibilidad del color motivaba que la serie recurriera a colores fuertes en los decorados y los trajes de sus protagonistas: hay quienes dicen que eso servía al contraste en la reproducción de los televisores en blanco y negro, aunque están los malpensados que señalan que se hacía para incentivar las ventas de aparatos a color.
Con influencias como los cuentos de la nave espacial Space Beagle de A. E. van Vogt, la serie de relatos Marathon de Eric Frank Russell y la película Planeta prohibido, Roddenberry creó una serie que a la vez sería ejemplo para los continuadores. Roddenberry fue piloto y se alistó en la Segunda Guerra Mundial, pero su vida cambiaría para siempre cuando conoció la televisión e intuyó que este medio sería fundamental en la sociedad. Así fue como abandonó su profesión y se mudó a Los Angeles, donde comenzó a trabajar de guionista en esos años iniciales de la TV mientras desarrollaba tareas como integrante del departamento de policía de Los Ángeles, donde llegó a ser sargento.
Sin embargo el éxito progresivo como escritor lo terminó de convencer de abandonar la fuerza y tomar ese nuevo rumbo en su vida. Sin dudas, terminó convirtiéndose en una figura fundamental de la televisión. Roddenberry murió el 24 de octubre de 1991 y en 1992 una tripulación del transbordador Columbia llevó una primera porción de sus cenizas al espacio.
Como suele ocurrir en estos casos, el piloto de Star Trek fue rechazado, en este caso por considerarlo demasiado cerebral, pero finalmente cuando la serie se estrenó por la NBC se convirtió en un suceso inmediato que se extendió a lo largo de tres temporadas y 80 episodios. Y como sabrán, ese no fue el fin: luego vinieron películas y series, con una franquicia que se sigue extendiendo hasta nuestros días. El éxito de aquella serie original queda demostrado, como suele ocurrir, a partir de las varias figuras reconocidas que realizaron cameos, en este caso con una lista que incluye a Joan Collins, Ricardo Montalbán, Mark Lenard, Teri Garr, Frank Gorshin o William Campbell.
Sin embargo, la serie fue popular también por meterse desde el plano de la más absoluta fantasía de ciencia ficción con temas fuertes de la cultura norteamericana de esos tiempos. Por ejemplo, en épocas de segregación racial, apostaba firmemente a la multiculturalidad a partir de una tripulación integrada por personajes de diversas razas y nacionalidades, e incluso con personajes con diversidad de sexos, teniendo en cuenta que bajo su mirada, el sexismo habría desaparecido para ese futuro que imaginaba la serie. Pero también aportaba soluciones de producción, como viajes a la velocidad de la luz y teletransportaciones, que permitían a los personajes ir de un lugar al otro ahorrando en transiciones, escenas y sets. Como se ve, Star Trek funcionaba en todos los niveles posibles.
Si bien aquella serie original esperaba tener una continuidad en los 70’s, finalmente fue cancelada por el suceso de algo conocido como Star Wars (¡ejem!), lo que dio motivo a la primera película de una larga franquicia de seis films estrenados entre 1979 y 1991 (de hecho muchos de los temas de la frustrada serie se utilizarían en la primera de estas producciones). En 1997 llegaría a la televisión La nueva generación y ese sería el regreso definitivo de Star Trek, con videojuegos y varias series, incluso versiones animadas, que se pueden ver actualmente, disponibles en la plataforma Paramount+.
Pero el legado de Roddenberry está vivo no sólo en películas, series y merchandising, sino sobre todo en la comunidad de fanáticos, conocidos como “trekkers”, un grupo con fuerte presencia sobre todo en Estados Unidos, pero también extendida a tierras inhóspitas como… Argentina. Aquí por ejemplo los fanáticos demostraron su poder al lograr que una distribuidora estrenara una de las películas de la franquicia, que no iba a llegar a los cines. Más allá de lo pintoresco de las convenciones y los cosplay, el valor de la obra de Roddenberry está impreso en el sentido de que los “trekkers” tienen un carácter social, preocupándose en ocasiones en diversas acciones de ayuda hacia los demás, algo que -de alguna manera- continúa el espíritu humanista de la serie. Finalmente el autor alcanzó “lugares donde nadie ha podido llegar”.
