A 31 años de su muerte, el tango recuerda al maestro Osvaldo Pugliese
Pianista, compositor y director de una de las orquestas más influyentes de la música argentina, dejó un estilo inconfundible y una obra que sigue viva en las milongas y escenarios del mundo.
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Este sábado 25 de julio se cumplen 31 años de la muerte de Osvaldo Pugliese, una de las figuras esenciales del tango argentino. El músico falleció en 1995, a los 89 años, después de una extensa trayectoria marcada por la innovación artística, el compromiso colectivo y una profunda identificación con la cultura popular.
Nacido el 2 de diciembre de 1905 en Villa Crespo, creció en una familia vinculada con la música. Comenzó con el violín, pero encontró en el piano el instrumento que lo acompañaría durante toda su vida. A los 15 años inició su carrera profesional y, con el paso del tiempo, integró distintas formaciones hasta crear la orquesta que dirigió durante más de medio siglo.
Su conjunto se convirtió en una referencia por sus compases marcados, la fuerza rítmica y los arreglos cargados de intensidad. Pugliese compuso más de 150 obras y grabó alrededor de 600 piezas de otros autores. Entre sus creaciones más recordadas se encuentran La Yumba, Recuerdo, La Beba, Negracha y Malandraca.
Además de su talento artístico, defendió los derechos de los músicos e impulsó una organización cooperativa dentro de su orquesta. También participó en la creación del Sindicato Argentino de Músicos y atravesó períodos de censura que le impidieron acceder a la radiodifusión, aunque su popularidad continuó creciendo. “Nunca me considero un artista, sino un laburante de la música”, solía definirse.
Uno de los grandes reconocimientos de su carrera llegó en diciembre de 1985, cuando se presentó junto a su orquesta en el Teatro Colón. También recibió distinciones nacionales e internacionales y fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires y Académico Honorario de la Academia Nacional del Tango.
Su figura trascendió incluso el ámbito tanguero. Entre músicos y artistas, su nombre se convirtió en un símbolo de buena suerte, dando origen al popular “Pugliese, Pugliese, Pugliese”.
A 31 años de su partida, su piano continúa sonando en cada versión de sus obras. Su legado permanece como el de un artista que renovó el tango sin apartarse de sus raíces y que entendió la música como una tarea colectiva, comprometida y profundamente popular.
