Recuperó 900 bicicletas abandonadas, las arregló y se las regaló a chicos que las necesitaban
Hace 11 años, Diego Paulete y su familia impulsan un proyecto solidario en Río Negro que transforma bicicletas en desuso en oportunidades para cientos de niños. Ya entregaron casi 900 y sueñan con llegar a las 1.000.
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Lo que comenzó como un gesto solidario tras el incendio de la vivienda de una madre soltera terminó convirtiéndose en un proyecto que cambió la vida de cientos de chicos en Río Negro. Desde hace 11 años, Diego Paulete, junto a su esposa Jennifer Romero, sus padres y un grupo de vecinos, recupera bicicletas abandonadas, las repara y las entrega de manera gratuita a niños que las necesitan.
La iniciativa, denominada Robando Sonrisas, nació en 2015 en la localidad de Ingeniero Huergo. Después de colaborar con la reconstrucción de una casa afectada por un incendio, la familia decidió mantener un trabajo solidario permanente y encontró en las bicicletas una forma de acercar oportunidades a quienes más las necesitan.
"Lo hacemos por amor. Por el brillo en los ojos que tienen los chicos cuando reciben una bicicleta. Por la libertad que les genera poder andar en bici", contó Diego.
Las bicicletas llegan a través de donaciones de vecinos que ya no las utilizan. Una vez en el garage de su casa, la familia las desarma, repara y recicla utilizando repuestos recuperados de la bicicletería que tiene el padre de Diego. Todo el trabajo se realiza de manera voluntaria y sin recibir financiamiento.
"No somos una ONG ni recibimos fondos de nadie. Todo está impulsado por la locura y el amor", explicó el electricista, quien dedica sus horas libres a restaurar los rodados.
Antes de cada entrega, el grupo se contacta con referentes barriales, merenderos y vecinos para conocer qué chicos necesitan una bicicleta. De esa manera, cada rodado se adapta a la edad y las necesidades del futuro dueño.
"Sabemos la historia de cada nene y lo que va a sanar en cada pedaleada", aseguró Diego, quien considera que una bicicleta representa mucho más que un medio de transporte: también significa autonomía, inclusión y la posibilidad de jugar o llegar a la escuela.
En más de una década de trabajo, Robando Sonrisas ya entregó casi 900 bicicletas en 14 localidades de Río Negro. La unidad número 900 llegó incluso desde Ushuaia, un gesto que sorprendió a la familia y reforzó el alcance que fue tomando el proyecto.
Ahora, el próximo objetivo es alcanzar las 1.000 bicicletas entregadas y contar con un espacio propio para continuar restaurándolas. "Nuestro sueño ya lo estamos viviendo. Lo único que queremos es seguir viendo ese brillo en los ojos de los chicos cuando empiezan a pedalear", concluyó Diego.
Fuente: TN
