Mel Brooks cumple 100 años: un siglo de carcajadas
El escritor, director y actor de comedia está cumpliendo años. Un siglo de vida con obras sobresalientes como “Locuras en el Oeste”, “El joven Frankenstein” o “Los productores”.
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“¿Usted perdió a su padre a una edad temprana?”, le pregunta el entrevistador. A lo que Mel Brooks responde: “No, mi padre murió. Si se hubiera perdido hubiésemos enviado gente a buscarlo”. Este fragmento de una entrevista al legendario escritor, director y actor de comedia se ha convertido en uno de los momentos más hilarantes que circulan por las redes. Un momento que no sólo es una respuesta graciosísima a una pregunta entre personal y solemne, sino que es en sí una demostración de sabiduría acerca del arte de hacer reír. Brooks apela a sus consabidos juegos de palabra, a la vez que hace silencios aceptando la devolución del público, bebe agua de un vaso, mientras va pensando la respuesta y construyéndola desde la mirada. Uno puede ver escudriñando la escena, tanteando el panorama y preparando el golpe mortalmente gracioso. Mel Brooks, genio de la comedia, está cumpliendo hoy 100 años.
Nacido el 28 de junio de 1926 como Melvin Kaminsky en Brooklyn, Nueva York, la historia de Brooks es la historia de muchos de esa época, que atravesaron la crisis económica y la guerra, la miseria y las complicaciones que atravesaban a la clases trabajadoras, y que sobrevivieron para contarlo. Y vaya si lo hizo Brooks, que llega al centenario con una lucidez envidiable: su vitalidad se puede ver por ejemplo en la notable miniserie documental Mel Brooks: ¡El hombre de 99 años!, dirigido por Judd Apatow y disponible en HBO Max. Vitalidad que lo mantiene activo en la industria, produciendo y creando, e incluso promocionando la secuela de una de sus películas icónicas, Spaceballs. El documental recorre su vida personal y artística, desde los duros tiempos como guionista de televisión hasta los éxitos cinematográficos que lo convirtieron durante varias décadas en el rey de la comedia norteamericana, y con el tiempo en una verdadera leyenda.
Cuando uno era pequeño, allá por los 80’s, el nombre de Mel Brooks estaba ligado fundamentalmente a una de las mejores comedias televisivas de la historia: El Superagente 86. Su nombre aparecía gigante en los créditos, y uno que era muy fanático de las aventuras de Maxwell Smart y La 99, pero que desconocía absolutamente el currículum de los involucrados, suponía que se trataba de alguien muy importante. Lo era, aunque la figura de Brooks comenzó a engrandecerse recién a los pocos años de comenzada esa serie, con el estreno del film Los productores. No sólo era una sátira genial sobre el mundo del espectáculo, que se animaba incluso a hacer chistes sobre el nazismo que no muchos se animaban por entonces, sino que le deparó su primer y único Oscar, como guionista.
Desde allí, fue todo ascenso. Brooks se especializaría en la parodia y en los 70’s llegarían dos de sus películas más emblemáticas, la inoxidable El joven Frankenstein y la graciosísima e inspiradísima Locuras en el Oeste, una sátira perfecta del western pero además una que se reía con una carcajada estruendosa de temas como el machismo o el racismo. Lo interesante en Brooks es que se ríe y logra quedar parado en el lugar adecuado sin hacer películas demagógicas ni ser políticamente correcto. Vale señalar que Locuras en el Oeste, además, ostenta aún hoy el récord de ser la comedia más taquillera de la historia, e incluso una de las películas norteamericanas más rendidoras en general.
Cuando uno ve Mel Brooks: ¡El hombre de 99 años! entiende un par de cosas. La primera es que la comedia en Brooks surge como necesidad: necesidad de contrarrestar los ataques por su condición de judío, contrarrestar la crisis económica e incluso la humana y el horror de la guerra. Para Brooks hacer reír no sólo se justifica en el ejercicio en sí, sino en el hecho de que a cambio la gente le devuelve un afecto y un cariño que tal vez no recibiría por otras cualidades. Brooks sabe que la comedia no da prestigio, pero sí amor, y de esa energía desarrolló un combustible que motorizaba no sólo su obra, sino incluso sus propias participaciones en entrevistas, en shows televisivos, en presentaciones, en entregas de premios. Brooks convierte cada espacio que habita en un escenario propenso para desarrollar comedia. A su paso, el ruido de fondo son carcajadas. Por eso cuando tuvo entre sus manos el guion de El hombre elefante, dedujo que la tenía que dirigir otro porque si lo hacía él nadie la iba a tomar en serio. Además, es sabio.
Esto nos da pie para el otro punto que revela el documental: la influencia absoluta de Mel Brooks en la comedia norteamericana contemporánea. Por la miniserie pasan todos los comediantes que tienen que pasar, venerando al legendario autor y señalando la trascendencia que tuvo cada película en sus propias carreras. De ahí que surja la idea de que Brooks no sólo fue un tipo que realizó algunas de las comedias más exitosas de todos los tiempos, sino además que era alguien que entendía el género al nivel de mostrarlo desde los mismísimos cimientos. La primera etapa de su obra, entre los 60’s y los 70’s, no sólo es irreprochable sino que demuestra todo su amor y conocimiento por el género. Brooks como puente entre la tradición clásica de la comedia y los nuevos códigos de la comedia moderna. Porque básicamente sin Brooks no existirían (o les hubiera costado tener un lugar) ni La pistola desnuda ni Scary Movie.
Seguramente Buster Keaton, Charles Chaplin, Jerry Lewis, los Hermanos Marx o Woody Allen sean figuras más importantes que las de Mel Brooks, sin embargo su influencia es una luz que se sostiene aún en el presente y después de varias décadas dedicadas al arte de hacer reír, y que se observa en cada pliegue de un chiste que invoque múltiples lecturas, sin temor a pasar por lo más bajo y con la ilustración como para llegar a lo elevado. Si Mel Brooks parece haber descubierto el misterio de la sabiduría para hacer reír, también parece tener la receta para llegar impecable a los 100 años. Y algo de eso tal vez haya, puesto que cuando en una entrevista le preguntaron si tenía miedo a la muerte, dijo que no pensaba en eso: “Cuando suceda, si es que sucede, será un día triste. Para todos, menos para mí”.
