La Selección Argentina y una entrega digna de admiración
La albiceleste volvió a demostrar por qué llegó a una nueva final del Mundial. Aunque el título terminó en manos de España tras el 1-0 en el tiempo suplementario, el equipo de Lionel Scaloni dejó una actuación marcada por el carácter, el sacrificio y la convicción de competir hasta el último minuto.
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No alcanzó para levantar la Copa del Mundo, pero sí para confirmar una identidad que la Selección construyó a lo largo de todo el torneo. Argentina volvió a competir de igual a igual en el escenario más exigente del fútbol y obligó a España a trabajar hasta el tiempo suplementario para quedarse con el título.
Durante buena parte del encuentro, la Albiceleste mostró orden táctico y una enorme disciplina para cerrar espacios. Cada recuperación era el punto de partida para intentar lastimar de contragolpe, mientras el mediocampo sostuvo una batalla permanente para impedir que el conjunto español manejara el ritmo del partido con comodidad.
En defensa, el equipo respondió con solidez en los momentos de mayor presión. Emiliano “Dibu” Martínez volvió a ser determinante con intervenciones que mantuvieron a Argentina en partido, mientras la última línea soportó los constantes intentos de un rival que monopolizó la posesión, pero encontró muy pocas situaciones claras durante el tiempo reglamentario.
En ataque, Lionel Messi fue el eje futbolístico de la Selección, acompañado por Julián Álvarez y un grupo que nunca dejó de presionar ni de disputar cada pelota. Sin generar un gran volumen de ocasiones, Argentina logró incomodar a España y dejó en claro que cualquier error podía cambiar el destino de la final.
El encuentro cambió sobre el cierre de los 90 minutos con la expulsión de Enzo Fernández, una situación que obligó al conjunto de Lionel Scaloni a redoblar esfuerzos. Incluso con un jugador menos, el equipo no renunció a competir y sostuvo el empate durante gran parte del tiempo suplementario.
La resistencia terminó a los 106 minutos, cuando Ferran Torres marcó el único gol de la final. Aun así, Argentina respondió con orgullo. Lejos de entregarse, adelantó sus líneas, buscó la igualdad hasta el último instante y dejó una imagen de compromiso que fue reconocida por los miles de hinchas presentes en el estadio.
El resultado quedará en las estadísticas, pero la actuación deja una conclusión diferente. Argentina volvió a instalarse entre las mejores selecciones del mundo, alcanzó otra final mundialista y confirmó que sigue siendo protagonista en la máxima competencia del fútbol. Esta vez no hubo vuelta olímpica, pero sí un equipo que defendió su camiseta con entrega, personalidad y la convicción de pelear hasta el último segundo.
