Inseguridad: la herencia que comparten Kicillof y Montenegro
Tres homicidios en menos de 24 horas, el asesinato de un comerciante durante un robo, un femicidio que conmocionó al país y el crimen de un conductor de aplicación reavivaron el reclamo social en una ciudad donde la seguridad se convirtió en una de las principales preocupaciones de la agenda pública.
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La situación expone responsabilidades compartidas entre la Provincia de Buenos Aires, encabezada por Axel Kicillof, y el Municipio que durante los últimos años condujo Guillermo Montenegro. Mientras desde la Provincia se destacan operativos y estadísticas, los hechos cotidianos parecen mostrar una realidad más compleja para quienes viven en Mar del Plata.
La inseguridad dejó de ser una preocupación exclusiva de determinados barrios. Comerciantes y vecinos advierten sobre robos cada vez más frecuentes y violentos. Incluso la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP) señaló meses atrás que algunos locales comenzaron a cerrar más temprano por temor a los delitos.
Durante el primer trimestre de 2026 se registraron 16 homicidios en Mar del Plata, equivalente a un asesinato cada seis días, según relevamientos sobre datos oficiales. También se reportó un incremento de llamados al 911 y de distintos delitos contra la propiedad.
En este contexto, la figura de Guillermo Montenegro vuelve a quedar bajo la lupa, ya que dejó un mandato sin terminar para asumir su banca en el senado dejando una gestión incompleta y con problemas sin solución. El exintendente llegó al gobierno municipal construyendo gran parte de su capital político alrededor de la seguridad, respaldado por su trayectoria como ex juez y ex ministro nacional.
Durante años cultivó una imagen asociada al combate contra el delito, la mano dura y el fortalecimiento del orden público, convirtiendo a la seguridad en uno de los pilares centrales de su gestión y de su discurso público.
Sin embargo, el escenario actual plantea interrogantes inevitables sobre los resultados obtenidos. Tras años de gobierno, la inseguridad continúa encabezando las preocupaciones de los marplatenses y los episodios violentos parecen haberse vuelto moneda corriente. Las imágenes de comerciantes asaltados, vecinos organizando marchas, barrios que denuncian robos reiterados y familias movilizadas por víctimas de homicidios alimentan cuestionamientos sobre la efectividad de las políticas implementadas por quien llegó al Palacio Municipal presentándose como un paladín de la justicia y el orden.
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A esta situacion, se suma el debate en torno a la conducción del área durante los últimos años. Desde distintos sectores se puso bajo análisis el rol de Rodrigo Goncalves, del riñón del senador provincial, quien esta al frente de la Secretaría de Seguridad municipal, una de las áreas más sensibles de la administración local. Las críticas apuntan a que la complejidad creciente de la problemática delictiva exigen una estructura con mayor capacidad de planificación, prevención y coordinación con las fuerzas provinciales y la Justicia.
La decisión política de sostener determinados perfiles al frente de áreas estratégicas terminó evidenciando las limitaciones de una gestión que, pese a haber hecho de la seguridad una de sus principales banderas, no logró revertir la sensación de inseguridad ni responder a las demandas de una sociedad cada vez más preocupada por los hechos de inseguridad.
Más allá de que la seguridad depende en gran medida de la Provincia, la gestión Montenegro hizo de esta problemática una bandera política permanente. Por eso, para muchos vecinos, resulta inevitable contrastar las promesas de campaña y los discursos de firmeza con una realidad que continúa exhibiendo delitos violentos, reclamos vecinales y una sensación de desprotección que no logra disiparse.
La herencia que deja su administración en materia de seguridad aparece hoy atravesada por una contradicción evidente: mientras el discurso oficial insistió durante años en mostrar una gestión activa frente al delito, amplios sectores de la sociedad consideran que los resultados estuvieron lejos de las expectativas generadas. La brecha entre la narrativa política y la experiencia cotidiana de muchos marplatenses se convirtió en uno de los principales cuestionamientos hacia su paso por la intendencia.
Las críticas también alcanzan al gobierno bonaerense. La administración de Axel Kicillof enfrenta cuestionamientos por la falta de recursos, la escasez de personal policial y las dificultades para contener una problemática que se repite en distintos distritos de la provincia.
La discusión política ya no gira únicamente en torno a quién tiene la responsabilidad formal, sino sobre quién puede ofrecer resultados concretos. Mientras oficialismo y oposiciones intercambian responsabilidades, la preocupación social continúa creciendo.
Frente a esa realidad, tanto la gestión provincial de Axel Kicillof como la administración que encabezó Guillermo Montenegro enfrentan una pregunta cada vez más difícil de responder: ¿cuánto tiempo más puede esperar Mar del Plata por soluciones concretas frente a la inseguridad que se volvió moneda corriente y que parece haberse convertido en una deuda estructural de la política?
En medio de este escenario, el actual intendente Agustín Neme enfrenta el desafío de gestionar una problemática que se profundizó durante los últimos años y que demanda respuestas urgentes. La nueva administración heredó una situación compleja en materia de seguridad, y según información a la cual accedió El Marplatense mediante una articulación con las fuerzas de seguridad busca fortalecer y optimizar los recursos disponibles para revertir una de las principales preocupaciones de los marplatenses.
