Hito del INTA: registran la primera variedad de papa editada por edición génica en Argentina
La variedad fue inscripta el 23 de junio de 2026 y permite reducir el pardeamiento y los daños internos, con impacto directo en la industria y potencial de expansión internacional.
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El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) oficializó el desarrollo de OLI INTA, la primera variedad de papa obtenida mediante edición génica en el país, que fue inscripta el 23 de junio en el Registro Nacional de Cultivares y en el Registro Nacional de Propiedad de Cultivares.
La inscripción se concretó tras su publicación en el Boletín Oficial y su incorporación al registro del Instituto Nacional de Semillas (INASE), marcando un hito en la biotecnología aplicada al agro argentino.
El desarrollo estuvo a cargo del Laboratorio de Agrobiotecnología del INTA Balcarce, donde se utilizó edición génica para desactivar el gen responsable del pardeamiento enzimático. Como resultado, los tubérculos presentan menor oscurecimiento y mayor tolerancia a daños mecánicos durante la cosecha, el transporte y el almacenamiento.
Desde el equipo de investigación explicaron que esta característica permite reducir significativamente los descartes industriales, mejorar la calidad del producto final y optimizar el rendimiento económico de la cadena productiva, además de disminuir el volumen de residuos generados.
La tecnología aplicada no incorpora material genético de otras especies, lo que la diferencia de los organismos transgénicos y permite que sea regulada bajo el mismo marco que el mejoramiento convencional, vigente en Argentina desde 2015.
En un contexto internacional de creciente adopción de las Nuevas Técnicas Genómicas, la inscripción de OLI INTA abre la posibilidad de avanzar con registros en otros mercados, como Brasil, y posiciona al país en la vanguardia de la innovación agrícola.
Especialistas destacaron que la edición génica constituye una herramienta estratégica para enfrentar desafíos como el cambio climático, al permitir introducir mejoras específicas en variedades ya adaptadas, acelerando los tiempos de desarrollo y aumentando la resiliencia de los cultivos.
El proyecto fue posible gracias al trabajo conjunto entre el INTA y el CONICET, con financiamiento de iniciativas como Procisur y FONTAGRO, consolidando una articulación entre ciencia, sector productivo y desarrollo tecnológico.
