Feliz cumpleaños Will Ferrell, ¡more cowbell!
El actor de “El reportero” cumplió 59 años. Y aquí lo celebramos recordando unos de los sketches humorísticos más icónicos de la historia del “Saturday Night Live!”.
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El pasado jueves 16 cumplió 59 años Will Ferrell, el más talentoso comediante norteamericano del Siglo XXI. Y no puedo pensar algo más notable, para alguien que ha hecho del absurdo y el sinsentido una marca registrada como el protagonista de El reportero, que la fecha de su natalicio haya coincidido con el estreno de La odisea, nueva película del plomífero Christopher Nolan, alguien que si ve un chiste venir se cruza a la vereda de enfrente. Coincidencia nada rara para un tipo que ha hecho de los personajes extravagantes su marca personal.
Ferrell se hizo famoso a partir de su incursión en el icónico programa Saturday Night Live!, aunque sus comienzos no fueron para nada promisorios. Arrancó en 1995 y estuvo siete temporadas, hasta 2002, donde pasó de ser el miembro más odiado y maltratado del elenco al mejor pago de todos. Para su última temporada, cobró un cachet de 350.000 dólares, rompiendo con la regla impuesta por el productor Lorne Michaels de no excederse con los salarios. Ahora que Ferrell tiene una carrera consagrada en cine y que se ha convertido en un humorista popular, que incluso puede hacer comedias familiares como Guerra de papás, es difícil entender por qué le costó tanto instalarse. Pero no es tan extraño, si pensamos en el tipo de personajes que construyó desde siempre.
Como muestra, decir que en su audición para el programa llevó juguetes para mascotas y se tiró al piso, simulando ser un gato y se puso a jugar con ellos. Nadie pensó que pasaría la prueba, pero algo en la intuición de Michaels decía que había ahí mucho talento. Durante los primeros años, Ferrell llevó adelante personajes de este estilo, extraños, gritones, molestos, incómodos. Un tipo de humor que lleva a pensar siempre en la duda de si hay que reírse y que no concuerdan con su propio aspecto: Ferrell era empleado de un banco y tenía (o tiene) el perfil de un ciudadano normal y corriente, alejado del grado de locura que uno supone en comediantes dentro de ese registro. Sin embargo, en su confianza casi religiosa al absurdo, había un acto de fe que no tardó en imponerse de a poco.
Si bien podemos citar muchas de sus películas, incluso reconocer que su primera etapa está integrada por una maravilla detrás de otra como Elf, El reportero, Semipro, Casa de mi padre, Hermanastros y tantas otras joyas, hay un sketch del SNL! que sintetiza perfectamente el secreto del humor Ferrell. Es conocido como More cowbell (aunque en verdad su título oficial es Recording session) y se emitió el 8 de abril de 2000. Es una pequeña pieza de humor, de las tantas que han transitado por ese programa de más de cinco décadas, que sin embargo se ha elevado a un lugar impensado como uno de los momentos humorísticos claves para pensar el humor norteamericano, un trozo enorme y significativo de la cultura popular del Siglo XXI. De hecho, es celebrado como uno (si no el mejor) de los sketches del programa en toda su historia y hasta ha merecido textos de intelectuales que lo analizan minuciosamente.
More cowbell es simple: es una parodia musical que imagina la grabación del tema The reaper de la banda Blue Öyster Cult, una sesión en la que el productor Bruce Dickinson, interpretado por Christopher Walken (una de las claves del éxito) entra una y otra vez al estudio para interrumpir y exigir que el tema tenga “more cowbell”, más cencerro. Para muchos la candencia al hablar de Walken en un contexto tan absurdo es fundamental para que el sketch sea tan divertido, sobre todo cuando tira frases como “I got a fever, and the only prescription is more cowbell”.
Cuenta la leyenda que el origen del sketch es una obsesión del propio Ferrell, que cuando niño escuchaba la canción y se preguntaba qué era de la vida del tipo que tocaba el cencerro. Una pregunta que claramente se haría alguien con el poder de observación propio de un gran comediante y, encima, de uno apasionado por el absurdo. Claro que nada fue tan sencillo para el actor, ya que el sketch fue rechazado varias veces antes de ser aceptado en la mesa de guionistas del show. Claro, a esa altura Ferrell ya era una celebridad y mejor convenía hacerle caso a su ojo avizor para el humor.
Así las cosas, Ferrell terminó interpretando al ficticio Gene Frenkle, el encargado de tocar el cencerro con una pasión que ya quisiéramos tener para todo lo que hacemos en la vida. Dicen que durante las pruebas, que se hacían con público, la cosa no funcionó tanto. Y que todo terminó de explotar con -otra vez- una ocurrencia del propio Ferrell: un detalle de vestuario que hizo estallar no sólo al público, sino a sus propios compañeros, como se los puede ver a Jimmy Fallon y Chris Kattan mordiéndose los labios para no reír. Ese detalle fue nada más y nada menos que la cortísima remera que usa el personaje, que deja al descubierto la rubicunda panza del comediante mientras se zarandea y toca el cencerro por lo alto ante cada exigencia del productor.
A simple vista, como la mejor comedia, More cowbell puede ser visto como una tremenda estupidez. Pero en sus grietas y niveles, el corto es una clase magistral de comedia, que suma elementos, desde aquellos observacionales como detenerse en la presencia de un ejecutante del cencerro, a una remera que pone en imagen todo el ridículo que la situación tiene en sí, y una apelación al humor físico e incómodo, especialidad del actor. Obviamente, todo funciona por la repetición y la exageración de algo que se va de las manos y se repite inexplicablemente. Y es todo tan surreal que los integrantes de la verdadera Blue Öyster Cult contaban cómo muchos se acercaban en sus shows para preguntarles por el desgraciado Gene Frenkle.
De hecho, el propio Walken ha contado -no sin humor- cómo este sketch le arruinó la vida. En una entrevista con Conan O’Brien narró una anécdota en la que de visita por Singapur, fue a un restaurante y uno de los comensales cercanos le gritó algo así como que “esta comida le falta más cencerro”. Incluso Ferrell comentó que se ha cruzado con Walken y le dijo que ese sketch lo tenía harto ya que a cualquier lugar al que va la gente le grito aquello de “¡more cowbell!”.
Este sketch es por lo tanto una síntesis del genio de un comediante inigualable. Y también una invitación a lo mejor de la comedia, a soltar la pose y las apariencias, y dejarse llevar por el insano placer de reírse descontroladamente de la cosa más insólita. El humor de Will Ferell invita constantemente a eso, a descubrir esos pliegues donde la vida y su seriedad pierden sentido y no nos queda más que exigirle, sí, ¡more cowbell!
