El Gobierno pone el foco en el mercado interno, pero el consumo todavía no logra despegar
La Casa Rosada apuesta a la reactivación del crédito, la remonetización y la recuperación de los ingresos para impulsar la actividad. Sin embargo, el consumo continúa débil, los salarios avanzan con dificultad frente a la inflación y el repunte de los precios en julio suma un nuevo obstáculo.
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El Gobierno busca darle un nuevo impulso al mercado interno ante las dificultades que todavía enfrenta el consumo. La estrategia se apoya principalmente en tres pilares: una mayor disponibilidad de crédito, la remonetización de la economía y la recuperación de los ingresos reales, mientras algunos sectores continúan rezagados pese a las expectativas de crecimiento del PBI.
En ese marco, el Banco Central flexibilizó el acceso a los préstamos en dólares y habilitó a los bancos a financiar a empresas que no son exportadoras ni proveedoras de firmas exportadoras. El límite establecido equivale al 15% de los depósitos en moneda extranjera, unos USD 6.000 millones. Los depósitos privados en dólares ya superan los USD 40.000 millones, mientras que el sistema bancario mantiene préstamos por unos USD 24.000 millones.
Sin embargo, la recuperación del crédito enfrenta dificultades, especialmente entre las familias. El fuerte aumento de la morosidad llevó a los bancos a adoptar una postura más cautelosa a la hora de otorgar financiamiento a los hogares. Esto afecta especialmente la compra de bienes durables, como electrodomésticos, electrónicos y automóviles, sectores que habían mostrado una recuperación durante parte de 2024 y 2025.
El segundo objetivo del Gobierno es avanzar con una mayor remonetización de la economía. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, planteó la necesidad de ampliar gradualmente la oferta monetaria, ya sea mediante la compra de dólares o una menor absorción de pesos por parte del Tesoro. A esto se suma la evolución de los ingresos: mientras la AUH viene creciendo por encima de la inflación, los salarios privados apenas logran acompañar los precios y las jubilaciones todavía no recuperan plenamente el poder adquisitivo.
El escenario se complicó además por la aceleración de la inflación en julio, que alcanzó el 2,11%. Con el consumo todavía débil, el crédito creciendo con cautela y los ingresos reales mostrando una recuperación desigual, los principales motores que busca activar el Gobierno todavía funcionan por debajo de la potencia necesaria. La preocupación adquiere mayor relevancia de cara a las próximas elecciones, cuando la evolución de la economía y del poder de compra podría convertirse en uno de los principales factores para el humor social.
