El curioso motivo por el que un gato no disfruta el azúcar como una persona
A diferencia de la mayoría de los mamíferos, los felinos carecen de un receptor funcional para detectar correctamente el sabor dulce. La particularidad está relacionada con millones de años de evolución basada en una dieta esencialmente carnívora.
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Que un gato ignore una torta, una galletita o cualquier otro alimento azucarado no necesariamente significa que sea más selectivo que otras mascotas. La explicación está en su propia biología: los felinos no perciben el sabor dulce de la misma manera que los humanos y gran parte de los mamíferos.
La particularidad se encuentra en uno de los genes involucrados en la formación del receptor encargado de detectar los azúcares. Ese receptor normalmente está compuesto por dos proteínas, T1R2 y T1R3. En los gatos, el gen Tas1r2, necesario para producir la primera de ellas, sufrió diferentes alteraciones y se convirtió en lo que científicamente se denomina un pseudogén, es decir, una secuencia genética que perdió su función original.
Investigaciones realizadas sobre ADN felino detectaron una microdeleción de 247 pares de bases y diferentes señales de interrupción dentro de ese gen. Como consecuencia, el receptor completo para reconocer el sabor dulce no llega a formarse correctamente. Estudios posteriores confirmaron que esta característica también aparece en otros integrantes de la familia de los félidos.
Los especialistas relacionan esta pérdida con la evolución de los gatos como carnívoros obligados. Durante millones de años, sus antepasados dependieron principalmente de alimentos de origen animal y no necesitaron detectar frutas u otras fuentes ricas en azúcares para encontrar alimento. De esa manera, conservar un receptor especializado en lo dulce dejó de representar una ventaja evolutiva.
Esto no quiere decir que un gato sea físicamente incapaz de comer algo azucarado. Puede hacerlo si tiene acceso a ese alimento, pero el azúcar no produce en él el mismo estímulo gustativo que genera en una persona. Si un felino se muestra interesado en helado, crema, tortas o galletitas, puede sentirse atraído por las grasas, las proteínas, el aroma o la textura, y no necesariamente por el dulzor.
La ausencia de ese receptor tampoco convierte a los dulces en alimentos seguros para las mascotas. Además de aportar calorías sin formar parte de las necesidades nutricionales habituales del gato, algunas preparaciones pueden contener ingredientes perjudiciales. Uno de los casos más importantes es el chocolate, que posee teobromina y cafeína, sustancias capaces de provocar intoxicaciones en distintas especies animales y afectar tanto el sistema cardiovascular como el sistema nervioso.
Entre los signos que pueden aparecer tras una intoxicación por chocolate se encuentran vómitos, diarrea, inquietud, aumento de la frecuencia cardíaca, temblores y, en los cuadros más severos, convulsiones. Ante la sospecha de que una mascota consumió una cantidad potencialmente peligrosa, corresponde consultar con un veterinario.
Así, lo que popularmente puede describirse como un “gen roto” es en realidad una huella de la evolución de los felinos. Los gatos conservaron la capacidad de reconocer otros sabores, pero perdieron un componente fundamental del mecanismo necesario para experimentar lo dulce tal como lo conocemos los seres humanos.
