El peligro oculto en la playa que puede poner en riesgo a los perros
Los restos marinos rotos pueden provocar cortes, obstrucciones intestinales e incluso hemorragias si son ingeridos. Especialistas recomiendan extremar los cuidados en sectores donde aparecen en grandes cantidades.
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Compartir una jornada de playa con un perro puede convertirse en un problema si no se presta atención a lo que hay sobre la arena. Las conchas marinas, especialmente cuando están rotas o semienterradas, representan un riesgo tanto para las patas como para la boca y el aparato digestivo de los animales.
Uno de los accidentes más frecuentes puede producirse mientras corren. Los bordes filosos son capaces de generar cortes y laceraciones en las almohadillas, muchas veces porque los fragmentos quedan ocultos bajo la superficie y resultan difíciles de detectar. Si el perro intenta morderlos, también puede sufrir heridas en la boca.
El cuadro puede ser más grave cuando el animal traga una concha o alguno de sus pedazos. Este material no se digiere ni se descompone en el estómago, por lo que puede ocasionar atragantamientos, obstrucciones intestinales, perforaciones o hemorragias internas. En algunos casos, estas complicaciones pueden requerir una intervención veterinaria de urgencia.
A los peligros físicos se suma otro factor: sobre las conchas pueden permanecer restos de moluscos en descomposición y microorganismos como Salmonella o Vibrio, capaces de generar problemas gastrointestinales. Por este motivo, no es recomendable permitir que los perros las utilicen como juguetes o las lleven en la boca.
Ante la sospecha de una ingestión, es fundamental prestar atención a posibles cambios en el animal. La publicación señala como señales de alerta los vómitos, diarrea, decaimiento, arcadas, dolor abdominal, ausencia de evacuación durante más de un día o heces oscuras, que podrían indicar sangrado. Si el elemento ingerido era grande o tenía bordes filosos, recomienda acudir rápidamente a una clínica veterinaria.
También se advierte que no debe provocarse el vómito en casa, ya que un fragmento cortante podría volver a atravesar el esófago y producir nuevas lesiones. Ante cualquier duda sobre una posible ingestión, la opción más segura es recurrir a un profesional.
Si el problema es un corte en una pata, se aconseja lavar la zona con agua dulce y limpia para retirar arena y observar la lesión. En caso de una herida profunda, sangrado importante o si el perro se muestra muy dolorido o nervioso, corresponde evitar manipulaciones innecesarias y buscar asistencia veterinaria.
La prevención comienza antes de soltar al animal. Se recomienda revisar el terreno y evitar sectores rocosos o con grandes acumulaciones de restos marinos. Una referencia práctica es mantener al perro con correa cuando las conchas ocupen más del 30% de la superficie de la arena, para poder controlar qué pisa o intenta llevarse a la boca.
Para animales que suelen levantar objetos del suelo también pueden utilizarse botas protectoras, además de enseñar previamente una orden para que suelten aquello que toman. Llevar juguetes propios, como pelotas o discos, ayuda a evitar que busquen elementos en la playa.
Finalmente, después de cada salida se aconseja enjuagar las patas con agua dulce y revisar cuidadosamente entre los dedos, donde pueden quedar pequeños fragmentos capaces de producir heridas después del paseo.
