Tener una mascota podría proteger el corazón, la memoria, generar bienestar emocional y reducir el dolor físico
Distintos estudios señalan que el contacto con animales ayuda a amortiguar el estrés, aliviar la angustia y mantener activas ciertas capacidades cognitivas. Los beneficios aparecen especialmente durante la infancia y la vejez.
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La relación entre las personas y los animales domésticos puede producir efectos que van más allá del afecto cotidiano. Investigaciones dentro de la antrozoología, disciplina dedicada a estudiar ese vínculo, asociaron la convivencia con perros y gatos con una menor sensación de soledad, mayor actividad física y alivio frente a determinadas experiencias dolorosas o estresantes.
En los chicos, las mascotas pueden funcionar como una fuente de contención que no juzga y que transmite seguridad. Un estudio citado en el informe encontró que el 75% de los participantes de entre 10 y 14 años buscaba a su animal cuando se sentía triste. Ese acompañamiento puede cobrar todavía más importancia ante una separación familiar, la muerte de un ser querido o una situación traumática.
También se observaron resultados vinculados con el dolor. Interacciones breves con perros ayudaron a reducir la percepción del malestar físico y emocional en niños que habían atravesado una cirugía entre uno y tres días antes. Los especialistas sostienen que la presencia del animal puede disminuir la ansiedad y colaborar con la recuperación, aunque no reemplaza ninguna indicación médica.
Las intervenciones asistidas con animales también fueron estudiadas en chicos con trastorno del espectro autista. Los trabajos mencionados registraron mejoras en áreas como la concentración, la atención, el funcionamiento social y la relación con compañeros. Además, los perros pueden incentivar el juego y el movimiento, mientras que los gatos suelen ofrecer una interacción más tranquila.
Los efectos positivos también alcanzan a los adultos mayores. Tener un animal a cargo obliga a organizar rutinas, asumir responsabilidades y mantener encuentros sociales. Una investigación realizada con personas mayores de 65 años vinculó la convivencia con una mascota durante más de cinco años con un deterioro cognitivo más lento. Sacar a pasear al perro también fue relacionado con una mejor conservación de algunas funciones mentales durante el envejecimiento.
El vínculo puede influir, además, en la salud cardiovascular. El aumento de la actividad física y del apoyo social entre quienes tienen perros fue asociado con mejores resultados después de un infarto o un accidente cerebrovascular. La Asociación Americana del Corazón indicó que tener una mascota, especialmente un perro, podría relacionarse con un menor riesgo cardiovascular, aunque esto no significa que exista una protección automática.
En la Argentina, los animales ocupan un lugar central dentro de los hogares. Un informe señala que el 86% de las familias tiene al menos uno, mientras que nueve de cada diez dueños los consideran integrantes del grupo familiar y un 17% los ubica en un lugar similar al de un hijo. También menciona que tener un perro fue asociado con un riesgo de muerte a largo plazo un 24% menor frente a quienes no conviven con uno.
Los especialistas aclaran que no todas las personas obtienen los mismos resultados y que todavía resulta difícil demostrar una relación directa de causa y efecto. Sin embargo, coinciden en que el afecto, las responsabilidades, el movimiento y las oportunidades de socialización generadas por una mascota pueden convertirse en herramientas valiosas para el bienestar cotidiano.
