Violencia e inseguridad de noche: los delitos concentran hasta el 65% de los casos entre las 22 y las 6
El miedo a circular cuando cae el sol modifica recorridos, horarios y formas de traslado. Las mujeres manifiestan una mayor sensación de vulnerabilidad y la iluminación aparece como uno de los factores centrales para recuperar el espacio público.
:format(webp):quality(60)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/calle.webp)
La noche condiciona cada vez más la manera en que muchas personas se mueven por las ciudades. Evitar determinadas calles, cambiar el camino de regreso a casa, guardar objetos de valor o recurrir a aplicaciones de transporte para no permanecer en paradas poco iluminadas son algunas de las conductas vinculadas con la percepción de inseguridad.
Según analistas, más del 60% de los delitos a nivel mundial se produce entre las 22 y las 6, mientras que en América Latina la proporción alcanza el 55%. En Argentina existen diferencias importantes según la zona: el AMBA llega al 65%, Rosario al 60%, Córdoba al 50% y la Ciudad de Buenos Aires al 40%. El especialista indicó que los porcentajes provienen de estadísticas oficiales.
La sensación de inseguridad tampoco afecta de la misma manera a toda la población. A nivel global, el 46% de las mujeres asegura sentirse insegura al caminar sola por su barrio durante la noche, frente al 25% de los hombres. La diferencia es todavía mayor en el AMBA, donde la preocupación supera el 60% entre ellas y ronda el 35% entre ellos.
En el caso de las mujeres, el temor no se limita a los robos y también incluye la posibilidad de sufrir agresiones sexuales. Entre los varones jóvenes, en cambio, suele registrarse una percepción menor del riesgo pese a que, según señaló el analista, tienen una mayor probabilidad estadística de ser víctimas de robos y hurtos nocturnos.
Frente a este escenario, el diseño de las ciudades también puede influir. Una buena iluminación, mayor visibilidad, paradas de colectivo abiertas y transparentes y la presencia de comercios y personas en las calles aparecen como elementos capaces de reducir situaciones de vulnerabilidad. A esto se suman herramientas tecnológicas para compartir recorridos o avisar automáticamente a familiares cuando alguien llega a destino.
Más allá de las cifras de delitos, el fenómeno tiene un efecto concreto sobre la vida cotidiana: el temor termina limitando el uso del espacio público y condicionando cuándo, cómo y por dónde se desplazan las personas una vez que cae el sol.
