¿Cuánto frío puede soportar un gato en la calle y cuándo las bajas temperaturas se vuelven peligrosas?
Con las bajas temperaturas, el viento y la humedad propios del invierno marplatense, los gatos que viven a la intemperie quedan especialmente expuestos. Aunque desarrollen un pelaje más grueso y sepan buscar refugio, estar acostumbrados a la calle no significa que sean inmunes al frío.
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Durante los días más fríos en Mar del Plata es habitual encontrar gatos refugiándose debajo de autos, en construcciones, patios, garajes o cualquier rincón que les permita escapar del viento. Su capacidad para encontrar lugares protegidos es considerable, pero tiene un límite.
No existe una temperatura exacta que resulte segura para todos los gatos. La edad, el estado de salud, el peso, el tipo de pelaje, la humedad, el viento y el tiempo durante el cual permanecen expuestos modifican considerablemente su tolerancia.
Como referencia, temperaturas inferiores a los 7 °C ya pueden resultar demasiado frías para algunos gatos si permanecen expuestos durante períodos prolongados. Entre aproximadamente 0 y 7 °C, incluso un ejemplar adulto y saludable puede experimentar un importante malestar, mientras que por debajo de los 0 °C aumenta considerablemente el peligro de hipotermia y congelación.
Los gatos que pasan todo el año en exteriores pueden desarrollar un pelaje más espeso y aprender dónde encontrar lugares relativamente cálidos. Sin embargo, esto no significa que puedan soportar indefinidamente temperaturas bajas. La combinación de frío, viento y humedad incrementa los riesgos, mientras que los cachorros, los animales de edad avanzada, aquellos demasiado delgados y los que presentan problemas de salud son particularmente vulnerables.
Precisamente, el viento y la humedad son dos factores importantes a tener en cuenta en una ciudad costera como Mar del Plata. Un gato mojado pierde calor corporal con mayor rapidez, por lo que una temperatura que podría tolerar estando seco puede convertirse en un problema cuando se combina con lluvia y viento.
Los gatos tampoco siempre muestran rápidamente que se encuentran incómodos. Cuando sienten frío suelen buscar un lugar protegido, hacerse un ovillo y cubrir incluso la nariz con la cola para conservar temperatura. Los temblores, la debilidad, el letargo, la falta de respuesta, un cuerpo muy frío al tacto o el colapso pueden indicar hipotermia y requieren atención veterinaria.
La temperatura corporal normal de un gato se encuentra aproximadamente entre los 37,8 y los 39,2 °C. Cuando desciende por debajo de los valores normales comienza a hablarse de hipotermia y, en los cuadros graves, pueden verse comprometidos la respiración, la circulación y el funcionamiento cardíaco. Por eso, un animal extremadamente frío, débil o que apenas responde debe ser considerado una urgencia.
Cuando no es posible ingresar a un gato callejero a una vivienda, proporcionar un espacio seco y protegido puede hacer una gran diferencia. Los refugios destinados a animales que viven en exteriores deberían estar resguardados del frío, el viento y las precipitaciones y, de ser posible, elevados del suelo para disminuir la pérdida de calor.
Para el interior, la paja seca resulta un buen material aislante. En cambio, mantas, toallas, diarios y otros materiales que absorben agua pueden retener humedad y terminar enfriándose, por lo que requieren especial cuidado si se utilizan. También es importante ofrecer agua limpia y alimento, ya que durante períodos de frío los animales necesitan energía para mantener su temperatura corporal.
Hay, además, otro comportamiento al que conviene prestar atención durante el invierno: algunos gatos buscan refugio cerca del motor de los vehículos debido al calor que conserva después de ser utilizado. Antes de arrancar el auto en una jornada especialmente fría, golpear suavemente el capó o hacer algún ruido puede darle al animal la oportunidad de salir.
El pelaje ofrece protección y los gatos que viven en la calle desarrollan estrategias para encontrar calor, pero ninguna de ellas los vuelve invulnerables. En las noches más frías de Mar del Plata, un lugar seco, aislado del suelo y protegido del viento puede convertirse en mucho más que un refugio: puede evitar que la exposición al frío termine transformándose en una emergencia.
