Día del Lector: Julio Neveleff invitó a volver a Borges sin prejuicios
El escritor, bibliotecario e investigador marplatense reflexionó sobre la vigencia de Jorge Luis Borges, defendió el valor de la lectura en tiempos de pantallas e inteligencia artificial y dejó una idea para quienes todavía miran al autor con distancia: “Borges es un tipo sencillo para leer”.
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En el Día del Lector, que se celebra cada 24 de agosto en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges, Julio Neveleff propuso algo más que recordar al escritor argentino: volver a abrir sus libros, dejar de lado los prejuicios construidos alrededor de su figura y descubrir hasta qué punto sus cuentos pueden seguir interpelando a nuevos lectores.
Durante una entrevista en Radio Mitre Mar del Plata, en el programa Nunca se Sabe, Neveleff, escritor, bibliotecario profesional e investigador con una extensa trayectoria vinculada a la cultura marplatense, sostuvo que Borges conserva una enorme potencia como lector y como autor. También recordó la existencia en Mar del Plata de la denominada “Colecticia Borgesiana”, un espacio que durante años reunió a personas interesadas en estudiar y difundir su obra.
Uno de los ejes de la conversación fue precisamente la imagen de Borges como un escritor difícil o reservado para especialistas. Neveleff discutió esa percepción y señaló que, al acercarse directamente a sus relatos, muchas veces ocurre lo contrario.
“Borges es un tipo sencillo para leer. O sea, no es un tipo difícil”, afirmó. Y agregó que un cuento suyo puede resultar “entretenido” e “ingenioso”, especialmente cuando el lector consigue separar la obra de las posiciones personales o políticas que rodearon al escritor.
Para Neveleff, allí aparece una de las claves para redescubrirlo. “Hay que redescubrirlo, hay que releerlo”, sostuvo, al remarcar que sus cuentos abarcan registros muy distintos, desde lo fantástico hasta historias de carácter marcadamente realista.
La reflexión se extendió además al vínculo que cada persona construye con un libro a lo largo de su vida. Según explicó, una misma obra puede cambiar de significado dependiendo del momento en que se la lea: aquello que pasó inadvertido durante la infancia o la juventud puede adquirir otra dimensión décadas más tarde, a partir de las experiencias acumuladas por el propio lector.
Neveleff también reivindicó el libro como objeto en un contexto atravesado por celulares, plataformas e inteligencia artificial. Señaló que en Argentina existe una gran cantidad de escritores, escritoras y editoriales, aunque ese crecimiento de la producción no necesariamente se traduce en mayores ventas. Frente al avance de las pantallas, defendió la experiencia de elegir un ejemplar, tocarlo, anotarlo, guardarlo y regresar a él.
En ese sentido, destacó que Mar del Plata cuenta con más de 30 bibliotecas gratuitas y recordó que no es necesario tener una colección propia para acceder a la lectura. “El libro siempre nos está hablando al corazón o a la mente”, resumió.
La irrupción de la inteligencia artificial también apareció en el debate. Consultado sobre si estas nuevas tecnologías pueden perjudicar al libro, Neveleff respondió de manera tajante y cuestionó una tendencia cultural que, a su entender, favorece contenidos cada vez más breves y fragmentados.
Sin embargo, su mirada sobre el presente literario no fue únicamente pesimista. Celebró que en el país continúe habiendo numerosas personas dispuestas a escribir y vinculó directamente esa práctica con la lectura. “Para ser buen escritor hay que ser buen lector”, expresó, al explicar que leer permite incorporar formas, recursos y maneras de contar sin que eso signifique copiar a otros autores.
Así, en una jornada dedicada precisamente a quienes encuentran en los libros una forma de conocer, imaginar o interpretar el mundo, la figura de Borges apareció no como una estatua distante de la literatura argentina, sino como una puerta todavía abierta.
La invitación de Neveleff fue simple: elegir uno de sus cuentos y empezar. Sin obligación de entenderlo todo, sin solemnidad y, sobre todo, sin miedo a Borges.
