Calamaro en Mar del Plata: cantar es disparar contra el olvido
El cantante se presentó anoche en el Estadio Polideportivo con la gira “Como cantor”. Algo más de dos horas de show, con una catarata de hits que recorrió todas sus etapas solistas y las bandas que integró.
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“Gracias le doy a la vida, gracias le doy al señor. Porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto, ni mi voz como cantor”. Fue allá por el disco en vivo El regreso, que quedó patentada esta cita casi textual a El regreso de Martín Fierro al final de Estadio Azteca. De aquella idea, “como cantor”, extrajo entonces Andrés Calamaro el título de esta gira que lo trajo a Mar del Plata, que además de título es también un concepto que viene explorando desde La lengua popular: convertir su cuerpo en herramienta y su voz en una forma de entretenimiento masivo, de saberes populares y eruditos, de autoconciencia de un repertorio infinito y banda sonora de la vida de muchos.
Fueron algo más de dos horas de show en la noche del Polideportivo Islas Malvinas, una fecha poco habitual en el calendario marplatense para el arribo del Salmón (“Mar del Plata, fin de temporada”, bromeó cuando ingresó al escenario). Fueron 25 canciones y algún extra que siempre se filtra (citas a Atahualpa Yupanqui, a Bob Marley), en un concierto que fue una verdadera avalancha de hits. Hace apenas un año y medio Calamaro había venido a la ciudad con la gira de Honestidad brutal, y Como cantor significó el reencuentro con muchísimas canciones que no entraron aquella vez. Y, curiosidad, un ánimo llamativamente parlanchín para un recital que tiene como objetivo celebrarlo como cantante. Calamaro habló hasta por los codos, contó anécdotas, se emocionó al recordarse como aquel pibe que soñaba ser rockero, habló de los 70’s, los 80’s, el Mundial, el fútbol, la yerba misionera, la yerba uruguaya, Julio Iglesias, los éxitos y los fracasos. Habló al nivel de que la clásica presentación de la banda se bifurcó en más anécdotas, por momento impacientando a algún ansioso que fue por las canciones. Pero bueno, que el cantor es también sus circunstancias.
No de gusto Como cantor arrancó con la bellísima Todavía una canción de amor, aquella letra de Joaquín Sabina que dice que “cantar es disparar contra el olvido”. Fue el puntapié inicial de una recorrida por el repertorio de Los Rodríguez que tuvo además escalas en A los ojos, Mi enfermedad, Palabras más, palabras menos y Sin documentos. Porque Calamaro es su repertorio y el de las bandas que integró. Y allí estuvieron también esos himnos del rock nacional que son Mil horas (previo puente con Tres Marías) y Costumbres argentinas, dos de las obras más celebradas de Los abuelos de la nada.
Calamaro como cantor recorrió casi toda su discografía, a excepción de sus primeros tres discos y -para sorpresa- el estupendo Cargar la suerte. Para los nostálgicos hizo dos joyitas de Nadie sale vivo de aquí (elegantes versiones de Pasemos a otro tema y Señal que te he perdido, puenteado sabiamente con Te quiero igual para los espectadores perdidos). No faltaron temas de Alta suciedad (Loco, Me arde, Crímenes perfectos, Alta suciedad, Flaca), Honestidad brutal (Te quiero igual, Paloma), El salmón (El salmón), El cantante (Estadio Azteca), La lengua popular (Carnaval de Brasil, Mi gin tonic, Los chicos), On the rock (Tres Marías) y Bohemio (Cuando no estás, Bohemio). Y fuera de programa, un tanguito: Garúa.
Calamaro como tributo de Calamaro. Un repertorio gigantesco al que dos horas y pico de show le quedan cortas. Y una banda afiladísima que, a los habituales, le sumó instrumentos de viento.
Calamaro habla sobre el escenario de ser rockero como proclama artística, como forma de vida y como manera de conectar con los demás. Y se divierte en un juego de ida y vuelta con la pantalla posterior y la imagen de un dinosaurio que avanza mientras suenan unos potentes riff de Alta suciedad. La pantalla, de una puesta en escena despojada y simple (la atención está puesta en el repertorio), fue un personaje más, con algunas intervenciones cinematográficas que llevaron la experiencia a otro nivel: como el efecto increíble de escuchar Crímenes perfectos con la secuencia de La danza de las valquirias de Apocalipsis Now! de fondo.
La recta final del recital fue elevándose del nivel del suelo con A los ojos, Mi enfermedad, Me arde, El salmón, Palabras más, palabras menos, Alta suciedad y Sin documentos. Y el final fue con los coritos inmortales de Paloma y Flaca, tal vez dos de los hits más potentes de Calamaro y dos de los temas que más han sido elegidos para cerrar sus shows. Obviamente, el Calamaro cantor no podía eludir la responsabilidad de ejecutarlos, aún en esas versiones modificadas con las que siempre sorprende. Ni evitar irse y volver para los bises, que apelaron a la emoción de Estadio Azteca, la cita a Martín Fierro y ese impensado hit de Los chicos, homenaje además a los amigos ausentes, algo que siempre está presente en los shows del artista.
Si en algún momento tardó más de una década en volver a presentarse en la ciudad, entre Alta suciedad y On the rock, estos 17 meses que separaron la Agenda 1999 de Como cantor, han sido un suspiro. Por eso tomamos con honor la promesa de volver a Mar del Plata que hizo sobre el escenario. Sobre todo porque recordamos que cantar es disparar contra el olvido y vivir sin las canciones de Calamaro es dormir en la estación.

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