• Mitre en vivo
  • La 100 en vivo
  • Teatro tronador
  • Bienestar y Salud
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
El Marplatense
  • Cultura y espectáculos

    Los valentines del hollywood dorado

    Hubo un tiempo en que la industria cinematográfica estadounidense destacaba por personalidades brillantes y parejas icónicas. En esa "edad de oro" el amor no era solo una trama de guión; era una extensión del mito que se proyectaba en la gran pantalla.

    14 de febrero de 2026 - 19:34
    Lauren Bacall, Humphrey Bogart, Marilyn Monroe.
    Lauren Bacall, Humphrey Bogart, Marilyn Monroe.
    Ads

    Existió una época en que el amor no necesitaba de filtros ni de redes sociales para cautivar al mundo entero; bastaba con la química de dos leyendas bajo la luz de los estudios. En la Época Dorada, mientras las cámaras rodaban, nacieron historias que desafiaron guiones, superaron escándalos y sobrevivieron al paso del tiempo. Desde la complicidad silenciosa en los sets de blanco y negro hasta las pasiones volcánicas que incendiaron la prensa internacional, estas parejas no solo vendieron entradas de cine, sino que nos enseñaron el verdadero significado de la palabra “idilio”.

    Ads

    El magnetismo del "Tipo Duro" y la “Mirada”

    Bacall y Bogart

    Cuando Humphrey Bogart conoció a Lauren Bacall en el set de Tener y no tener (1944), el aire en el estudio cambió. Ella, con apenas 19 años y una voz de terciopelo, desafió la coraza del actor más rudo de la industria. No fue un romance de marketing; fue una colisión de autenticidad que duró hasta el último suspiro de Bogart. Juntos demostraron que la diferencia de edad se desvanece ante una complicidad que traspasa el celuloide.

    Ads

    Tras el divorcio de Bogart con su tercera esposa, Mayo Methot, se casó con Lauren en 1945 y formó una de las uniones más sólidas y respetadas de la industria, alejándose de los escándalos típicos de las estrellas de cine. Juntos protagonizaron cuatro clásicos del cine negro donde su complicidad era evidente, compartiendo una vida privada llena de navegación y criando a sus dos hijos. Sin embargo, este romance de película tuvo un final prematuro en 1957, cuando Bogart falleció de cáncer de esófago. Lauren Bacall, quien quedó viuda a los 32 años, mantuvo vivo el legado de su esposo por el resto de su vida, asegurando siempre que ningún guionista podría haber escrito una historia de amor tan perfecta como la que ellos vivieron en la realidad.

    Un volcán en el set: Taylor y Burton

    Ads
    Taylor y Burton

    Si Bogart y Bacall eran la elegancia, Elizabeth Taylor y Richard Burton eran el exceso. Su historia comenzó entre las columnas de mármol de Cleopatra, desatando un escándalo que llegó hasta el Vaticano. Se amaron con la misma intensidad con la que se destruyeron: dos matrimonios, dos divorcios y una colección de joyas que hoy son leyenda. Eran el reflejo de una pasión indomable que Hollywood nunca ha vuelto a replicar con tal magnetismo.

    A diferencia de otras parejas, Taylor y Burton no podían estar juntos pero tampoco separados, lo que los llevó a casarse y divorciarse en dos ocasiones distintas. Durante sus años de gloria, rodaron juntos 11 películas, destacando ¿Quién teme a Virginia Woolf?, donde proyectaron en pantalla una crudeza matrimonial que muchos sospechaban era un reflejo de su propia realidad. 

    A pesar de los costosos regalos (como el diamante Taylor-Burton de 68 quilates) y la pasión desenfrenada, sus demonios personales y adicciones terminaron por desgastar el vínculo físico, aunque el emocional permaneció intacto. Incluso tras su segundo divorcio definitivo y el fallecimiento de Burton en 1984, Elizabeth confesó que él fue el gran amor de su vida y que, de haber vivido más tiempo, probablemente se habrían casado una tercera vez.

    Ads


    El pacto silencioso de Tracy y Hepburn

    Hepburn

    En el otro extremo del espectro se encontraban Katharine Hepburn y Spencer Tracy. Su relación fue el secreto mejor guardado (y más respetado) de la colina. Protagonistas de nueve películas, su amor se basaba en el respeto intelectual y una devoción silenciosa. Aunque las convenciones de la época les impidieron formalizar su unión, su lealtad de 26 años se convirtió en el estándar de oro de la madurez emocional en un mundo de apariencias.

    Todo comenzó en 1942 en el set de La mujer del año; en su primer encuentro, Hepburn, con su característica altura y tacones, comentó que temía ser demasiado grande para él, a lo que el productor respondió: «No te preocupes, él ya se encargará de cortarte a tu medida». Esa chispa inicial dio paso a una conexión mental y emocional que los llevó a protagonizar muchas películas juntos, donde su química se basaba en el duelo de ingenio y la admiración mutua.  


    Lo que hacía única a esta pareja era la complejidad de su situación personal: Tracy era un católico devoto que, debido a sus convicciones religiosas, nunca se divorció de su esposa, Louise Treadwell, a pesar de estar separado de ella. Hepburn, una mujer adelantada a su tiempo y profundamente independiente, aceptó esta realidad sin quejas, viviendo un amor en las sombras pero con una devoción inquebrantable. Ella se convirtió en el pilar que ayudó a Tracy a lidiar con sus problemas de salud y sus episodios de alcoholismo, sacrificando incluso su carrera en los últimos años para cuidarlo. Su romance terminó con la muerte de Tracy en 1967, apenas días después de terminar el rodaje de Adivina quién viene a cenar; por respeto a la familia de él, Hepburn ni siquiera asistió al funeral, demostrando que su amor no necesitaba de ceremonias ni papeles legales para ser el más genuino de la colina de Hollywood.

    El manjar en Casa: El triunfo de la lealtad sobre el glamour

    Newman y Woodward

    La historia de Paul Newman y Joanne Woodward es el testimonio más sólido de que el amor verdadero podía sobrevivir, e incluso florecer, en el terreno volátil de Hollywood. Se conocieron en 1953 mientras trabajaban en la obra de Broadway Picnic, pero no fue hasta el rodaje de El largo y cálido verano en 1957 que su conexión se volvió innegable. 

    Tras el divorcio de Newman de su primera esposa, Paul y Joanne se casaron en Las Vegas en 1958, iniciando un matrimonio que duraría 50 años hasta la muerte del actor en 2008. Lo que los hacía únicos era su rechazo absoluto al glamour superficial de la industria; decidieron mudarse a una granja en Connecticut para criar a sus tres hijas lejos de los paparazzi, demostrando que su prioridad no era la fama, sino la familia y el respeto mutuo.

    A diferencia de las parejas tormentosas de la época, ellos funcionaban como un equipo equilibrado: ambos eran actores ganadores del Oscar que se admiraban profundamente y que no competían por el ego. Rodaron juntos 10 películas y Newman la dirigió en varias ocasiones, encontrando en ella a su musa definitiva. 

    Su relación se convirtió en leyenda gracias a la famosa respuesta de Paul cuando le preguntaban sobre la fidelidad en un entorno de tantas tentaciones: «¿Para qué salir a buscar una hamburguesa si tengo un manjar en casa?». 

    Su legado no solo fue cinematográfico, sino también filantrópico, trabajando codo a codo en innumerables causas benéficas. Al final, los Newman demostraron que el secreto de un amor eterno en la gran ciudad no eran los diamantes ni los escándalos, sino la risa compartida y la lealtad incondicional de dos personas que nunca dejaron de ser mejores amigos.

    Vivien Leigh y Laurence Olivier: La tormenta shakesperiana

    Leigh y Olivier

    La historia de Vivien Leigh y Laurence Olivier fue la representación más pura del drama shakesperiano trasladado a la vida real. Se conocieron en 1936 y, a pesar de que ambos estaban casados, iniciaron un romance clandestino y febril que escandalizó a la sociedad británica de la época. Para el mundo, eran la pareja perfecta: la mujer más bella del cine, inmortalizada como Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó, y el actor más respetado del teatro clásico. 

    Su boda en 1940 marcó el inicio de un reinado cultural donde el talento y la belleza parecían no tener límites, convirtiéndose en la realeza absoluta de los escenarios de Londres y los sets de Hollywood. Sin embargo, detrás de las ovaciones, su relación fue una batalla constante contra la tragedia y la fragilidad mental. Vivien padecía un trastorno bipolar no diagnosticado en aquel entonces y episodios graves de tuberculosis, lo que provocaba cambios de humor extremos y crisis que Olivier, a pesar de su profunda admiración, encontraba cada vez más difíciles de manejar. 

    Su amor fue una hoguera que brilló con una intensidad cegadora pero que terminó por consumirlos; tras veinte años de un matrimonio marcado por el genio artístico y el sufrimiento privado, se divorciaron en 1960. A pesar del dolor de la separación y de que ambos intentaron rehacer sus vidas, nunca dejaron de amarse en la distancia: se dice que hasta el día de su muerte, Vivien mantuvo el retrato de Larry en su mesilla de noche, y él, ya anciano, fue encontrado llorando frente a una de sus películas, lamentando el destino de un amor que fue demasiado grande para la realidad.
     

    Clark Gable y Carole Lombard: La comedia y la tragedia

    Gable y Lombard

    La historia de Clark Gable y Carole Lombard fue el romance más vibrante y genuino de los años treinta, una bocanada de aire fresco en un Hollywood obsesionado con las apariencias. Él era el "Rey de Hollywood", el galán rudo de Lo que el viento se llevó, y ella era la reina de la comedia, una mujer eléctrica, malhablada y divertidísima que no temía burlarse de la seriedad de su esposo. 

    Se conocieron en 1932, pero el flechazo real ocurrió años después en un baile de disfraces; desde entonces, formaron una pareja que rompía todos los moldes. En lugar de asistir a fiestas glamurosas, preferían pasar el tiempo en su rancho de Encino, vistiendo ropa vieja, cazando, criando pollos y gastándose bromas pesadas que eran legendarias en toda la ciudad. 

    Sin embargo, esta comedia romántica de la vida real se transformó en una tragedia nacional en 1942. Durante la Segunda Guerra Mundial, Lombard se entregó con fervor a la venta de bonos de guerra; tras una exitosa gira en su estado natal de Indiana, decidió tomar un avión de regreso a casa antes de lo planeado para reencontrarse con Gable. El avión se estrelló contra una montaña en Nevada, terminando con su vida a los 33 años. Gable, devastado, nunca volvió a ser el mismo; se alistó en la Fuerza Aérea para cumplir misiones de combate en un intento de buscar el mismo destino que ella. Aunque se casó dos veces más años después, al morir en 1960, su última voluntad fue ser enterrado al lado de Carole, demostrando que ella fue la única que realmente conquistó el corazón del Rey.
     

    El legado del blanco y negro
    Estas parejas no solo vendieron entradas de cine; construyeron el lenguaje del romance moderno. Nos enseñaron que el amor podía ser irónico como el de Cary Grant, sofisticado como el de Fred Astaire o inquebrantable como el de Paul Newman.
    Hoy, al ver sus películas, no solo vemos actuaciones; vemos los ecos de vidas que se vivieron con la misma intensidad con la que se iluminaban sus rostros en la oscuridad de una sala de cine.

    Temas
    • Hollywood
    AUTOR
    Evelyn Marzoa
    Evelyn Marzoa

    Escritora y periodista.

    Comentarios

    Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión

    INGRESA
    Ads
    Ads
El Marplatense
NOSOTROS
  • Acerca de Nosotros
  • Teléfonos útiles
  • Teatro tronador
  • Mitre en vivo
  • La 100 en vivo
SECCIONES
  • Locales
  • Transito
  • Policiales
  • Interés General
  • Salud y Bienestar
  • Provinciales
  • Nacionales
  • Mundo
  • Agro
  • Puerto
  • Info Empresarial
2026 | El Marplatense| Todos los derechos reservados: www.elmarplatense.comEl Marplatense es una publicación diaria online · Edición Nº 3571 - Director propietario: WAM Entertainment Company S.A. · Registro DNDA 5292370
Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
Powered by
artic logo