“Los clásicos no pasan de moda porque siempre se pueden mirar con ojos nuevos”
Iñaki Urlezaga regresa al Teatro Tronador BNA como director de “Noche de clásico”, un espectáculo que rinde homenaje a compositores fundamentales como Bizet, Verdi y Tchaikovsky.
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Iñaki Urlezaga vuelve a Mar del Plata y al Teatro Tronador BNA (Santiago del Estero 1746) donde este martes 11 desde las 21:00 presentará Noche de clásicos, espectáculo que propone un viaje por la esencia del ballet académico, rindiendo homenaje a la maestría de compositores fundamentales como Bizet, Verdi y Tchaikovsky. “Volver a Mar del Plata siempre es especial: uno agarra la ruta y ya se pone de buen humor”, comentó.
En diálogo con El Marplatense, el bailarín y director contó que este espectáculo “es un estreno también para los bailarines” y señaló que “ponerse una piel nueva implica atravesar ansiedades, alegrías, inseguridades”. Definió el hecho de poner en escena una obra nueva es como transitar “un camino no recorrido” y confió que “con la experiencia, eso también se disfruta, porque estás pariendo algo nuevo, algo que no conocías de vos mismo. Todo suena a ilusión”.
-Uno imagina el mundo del ballet como muy perfeccionista. ¿Hay algo que el escenario te devuelve y te lleva a repensar la propuesta?
Sí, seguro. El público es el que termina de cerrar el espectáculo. Nunca se puede hacer sin ellos. Si fuera un deseo personal, agregaría todavía un poco más, porque me gusta tanto que me dan ganas de seguir viéndolo. Es como cuando comés algo muy rico y querés repetir, no porque le falte algo, sino porque te produce placer.
-¿Pensaste en cómo sumar eso que sentís que podría agregarse?
En principio, sumaría una cuarta pareja. No sé si lo extendería mucho más, no quisiera que se vuelva largo. Quedé muy contento con el resultado final y no tengo miedo de modificar cosas. En ese sentido soy bastante lanzado. Me gana el sagitariano. Yo lo haría un poquito más.
-Con tu trayectoria y tu nombre, ¿qué buscás hoy con cada nuevo espectáculo?
En este caso puntual, el proyecto nació por pedido del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. La idea fue hacer una noche de clásicos en la Costa durante el verano. Yo fui el primero en tener prejuicios: pensaba que los clásicos eran para el invierno y que en verano había que hacer algo más liviano. Pero me sorprendió la alegría del público, la celebración por ver esos títulos, por escuchar esas músicas y esas coreografías. Ahí uno se da cuenta de por qué los clásicos no pasan de moda: tienen algo de intangibilidad, de frescura, cuando están bien hechos. Además, permiten volver a mirarlos con ojos nuevos. El clásico te da la posibilidad de revisitarlo de una manera distinta cada vez.
Reconocido como bailarín sobre el escenario, Urlezaga disfruta hoy de su faceta como director. “Cuando bailaba, ya me autodirigía de alguna manera. Yo coreografiaba mis propias obras, tenía una doble mirada: la del intérprete y la de quien observa desde afuera. Eso siempre estuvo en mí, aunque el público solo viera el resultado final”, contó a la vez que reconoció que no todos los artistas tienen esa doble mirada incorporada: “Uno estudia para bailar y eso ya es muy difícil y valioso. Pero no porque alguien baile bien va a poder enseñar, dirigir o coreografiar. Son cosas distintas. No van de la mano automáticamente”.
-¿Qué posibilidades encontrás dentro de los clásicos para volver a interpretarlos?
Lo fundamental es que el ser humano que interpreta siempre es distinto. Aunque uses la misma metodología o los mismos artistas, la persona cambia con los años. Las emociones se transforman, se profundizan, aparecen nuevas sensaciones que antes estaban ocultas. El teatro tiene algo artesanal e irrepetible. Cada función es una pintura nueva: no sabés cómo va a responder el intérprete ni cómo lo va a recibir el público. Si el artista se anima a no repetirse, no es volver a empezar de cero, sino retomar desde donde quedó, con todo lo aprendido, pero sin copiarse.
-¿Cómo es el trabajo en los ensayos? ¿Hay ida y vuelta con los bailarines?
Siempre. Es un trabajo arduo. Para pulir algo se necesita confianza y entrega, dos cosas difíciles incluso en la vida cotidiana. Uno entra en un terreno de vulnerabilidad profunda para dejar de ser quien es y ponerse en la piel del personaje. Es hermoso, transformador y hasta terapéutico, pero también meticuloso y complejo. Y fascinante.
-Para quienes no pertenecen al mundo de la danza: ¿existe una forma fija de interpretar cada movimiento o hay infinitas posibilidades?
Hay infinitas posibilidades, siempre que la emoción sea verdadera. Hay un texto que debe respetarse: Romeo y Julieta son dos adolescentes que se enamoran por primera vez, tiene que estar esa pureza y esa pasión del primer amor que te cambia la vida. Eso es ineludible. Pero hay miles de maneras de llegar a esa emoción. Si te cambia el compañero, la reacción es distinta y la interpretación también. Cada versión es única e irrepetible. El artista le da al público algo nuevo, aunque el público no siempre lo note conscientemente.iñaki

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