Litto Nebbia: “Volver a tocar fue volver a aprender a habitar el cuerpo”
Tras más de un año fuera de los escenarios por un accidente que puso en pausa su actividad, Litto Nebbia volvió al vivo con una intensidad que atraviesa giras, grabaciones y proyectos audiovisuales.
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Por Marcelo Gobello
En una charla exclusiva con El Marplatense, Litto Nebbia repasa su regreso, el fértil 2025, los discos que están por salir, la serie documental sobre su vida y su histórica defensa de la independencia artística.
—Después del accidente que te mantuvo alejado de los escenarios, 2025 fue el año de tu regreso pleno. ¿Cómo atravesaste ese proceso y qué te dejó a nivel personal y artístico?
Fue un proceso muy profundo. El accidente fue totalmente tonto, pero las consecuencias fueron serias: fractura de rótula y de húmero, más de un año sin poder mover los brazos ni los dedos. Estuve literalmente inmóvil y eso te obliga a replantearte muchas cosas.
La recuperación fue muy lenta, casi artesanal. Es como enseñarle al cuerpo a recordar lo que hacía naturalmente. Tocando la guitarra, por ejemplo, tenía un dedo de la mano izquierda que no respondía, estaba torcido. Todo eso se va corrigiendo con ejercicios, paciencia y constancia.
Hoy estoy de alta, no tengo dolor, aunque sigo recuperando la pierna derecha. Camino con bastón y tengo cuidado con ciertos movimientos. Pero en lo general —en lo físico, lo musical y lo espiritual— estoy muy bien. Volver a tocar fue una alegría enorme, una confirmación de que el cuerpo también tiene memoria emocional.
—Ese regreso se tradujo en una actividad muy intensa sobre el escenario.
Sí, sorprendentemente intensa. Entre 2025 y ahora toqué cerca de cien veces. Para alguien que estuvo un año sin poder moverse, eso es muchísimo. El año pasado todos los meses hicimos entre cinco y siete shows, y ahora seguimos en ese ritmo.
Viajamos mucho. Estuvimos en Uruguay, donde siempre nos reciben muy bien. Tocamos en Punta del Este y en Colonia, donde nunca había tocado. Ahí inauguraron un espacio en la vieja Plaza de Toros, con una acústica increíble.
Después de Mar del Plata y Cariló nos vamos a Córdoba, donde hago tres experiencias distintas: un show íntimo solo piano, otro como invitado de El Kuelgue en el Cosquín Rock, y la inauguración de un anfiteatro en La Cumbre con el Power Trío del Sur. Me gusta mucho esa diversidad de formatos.
—También fue un año muy fértil en lo discográfico. ¿Qué discos nuevos se vienen?
Grabé tres trabajos y cada uno tiene un espíritu muy distinto. Uno es un disco en trío que va a salir primero en Chile, con Quintino y un contrabajista chileno extraordinario, que ganó el premio al mejor músico de jazz allá y ha tocado con gente como Billy Corgan o Stanley Clarke. Es un disco bastante acústico, con piano, contrabajo y batería, donde conviven canciones viejas y nuevas, y que vamos a presentar en vivo tanto en Chile como acá.
Después grabé la música de un documental sobre la Antártida, Allá el viento, dirigido por Alfredo Lister. Es un trabajo instrumental, solo con guitarra, muy ligado a esa sensación de soledad, de espacio abierto y de silencio que tiene ese territorio.
Y estoy terminando un nuevo disco del Power Trío del Sur, con Gustavo Giannini y Julián Cabaza. Es más eléctrico, más psicodélico, con bastante improvisación. Ahí toco más guitarras eléctricas y hay un clima más libre. Y apenas cierre ese proyecto, ya tengo ganas de empezar a grabar un disco completamente nuevo de canciones inéditas.
—En paralelo, avanzás con la serie documental "Litto Nebbia, una vida musical", un proyecto muy cuidado a nivel estético y conceptual.
Sí, y estoy muy contento con cómo se está haciendo. La serie está dirigida por Marcelo Schapces y mi hija Miranda y el equipo viene trabajando con un nivel de calidad impresionante. Son unos ocho capítulos de entre 40 y 50 minutos, organizados de manera cronológica, desde mi infancia hasta la actualidad.
Ya se grabaron unos 40 testimonios de músicos, escritores y personas que han acompañado distintas etapas de mi vida. Yo aparezco a veces en cámara y otras en voz en off, guiando el relato.
Hay mucho material inédito: archivos sonoros, videos casi perdidos, material de televisión rescatado y una enorme cantidad de fotos que mi hija Miranda se tomó el trabajo de ordenar y digitalizar. Son más de cuatro mil imágenes.
Además, el documental dialoga mucho con el cine, que es algo que siempre me interesó. Hay incluso aportes de amigos como Pablo Gelman, que trabaja con Martin Scorsese, y nos facilitó fragmentos inéditos de The Irishman para acompañar algunas reflexiones. Todo eso le da una riqueza especial, muy lejos del típico biopic televisivo.
—Pensando en 2026, ¿hay rescates o aniversarios que quieras poner en primer plano?
Sí, quiero ordenar un poco el calendario, porque el accidente nos corrió de fechas. Estamos armando un recital centrado en discos como Fuera del cielo y Bazar de los Milagros, que son trabajos muy importantes dentro de mi historia.
Además firmamos un contrato con España para reeditar mi discografía en vinilo. Bazar de los Milagros ya tuvo una primera tirada que se agotó rápidamente y se va a reeditar, y también va a salir Fuera del cielo, todo súper masterizado. Que estos discos vuelvan a circular con este nivel de cuidado es una alegría enorme.
—Sos un referente histórico de la independencia y la autogestión. En este contexto tan fragmentado, ¿qué te sigue motivando a sostener un sello como Melopea y qué mensaje le dejarías a los músicos jóvenes?
Para mí es una convicción de toda la vida. No es algo que se me ocurrió de grande. Siempre creí en la producción independiente, en la libertad de decidir qué hacer y cómo hacerlo.
Que hoy discos que en su momento fueron discutidos se editen en Europa, se agoten y se vuelvan a reeditar es un premio enorme, algo que te reconcilia con el tiempo.
Yo siempre digo que mi “radio” es el lugar donde toco hoy. Si ayer toqué en Colonia para 120 personas, soné bien, toqué bien, el público salió contento y todos ganamos algo, eso es éxito.
Creo que ese criterio es fundamental para los músicos jóvenes: no dejarse arrastrar por la obsesión de los grandes números, los estadios o el éxito inmediato. Es mucho más difícil —y más valioso— sostener una carrera durante décadas, seguir haciendo lo que uno ama, que tener un éxito enorme durante dos años y después desaparecer. La música es una carrera de fondo, no una carrera de velocidad.

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