Hace 45 años Queen tocaba en Mar del Plata
A 45 años del desembarco de la "Reina" en el Estadio Mundialista: el día que Mar del Plata se convirtió en el epicentro del rock global. Crónica de una noche electrizante y los mitos urbanos de una banda clásica que caminó nuestras calles.
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Por Marcelo Gobello
Recién muchos años después uno terminó tomando conciencia de lo que realmente significó la visita de Queen a nuestro país y más precisamente a la ciudad de Mar del Plata. Fue el 4 de marzo de 1981. Más allá de la artísticamente importante pero popularmente subterránea visita un año de antes de nada menos que The Police, la visita de los Queen en el pico de su popularidad masiva fue el verdadero puntapié inicial para colocar a nuestro país en el derrotero de las giras mundiales de la primera liga del rock internacional.
El cuarteto inglés venía desarrollando su más ambiciosa gira hasta el momento, promocionando el disco de la banda sonora de la película Flash. Aunque verdaderamente la parte musical de la gira (además de sus grandes éxitos) se sostenía en el inmediatamente anterior The Game, aquel donde cambiaron su sonido e imagen, transformándolos definitivamente en una de las bandas más populares del planeta.
Su visita a la ciudad (con la certificación de que venían con toda su parafernalia lumínica, las famosa “parrillas de luces” verticales que asombraban desde la portada de su anterior disco Live Killers) fue recibida primero con desconfianza (¡no podía ser cierto!) y después con inusitado fervor. Ya desde su llegada al aeropuerto local se temió el desborde de los fans, quien escribe estas líneas estaba dando sus primeros pasos en el periodismo y munido de un flamante grabador de mano soñó cándidamente con la posibilidad de intercambiar unas palabras con las estrellas visitantes. ¡Que emoción fue ver bajar de las escalerillas de un avión de Austral a ídolos soñados y admirados durante años, fotos en carpetas de colegio o posters de la Pelo en la pieza hechos carne y hueso con los cabellos al viento de nuestra clásica brisa marplatense sobre la pista de Camet!
Bueno, en realidad eran los pelos de Brian May y su eterna pelambre enrulada la que se agitaba en el aeropuerto, ya que Freddy Mercury lucía su nuevo look ochentoso de pelo corto y bigotazo (nada ver con la pinta de arlequín andrógino de pelo largo de otrora) que inevitablemente me llevó a pensar a una postal de la época: se parecía a un sargento que había tenido en la colimba un par de años antes!
La estadía de la banda dejó postales que hoy parecen extraídas de un realismo mágico marplatense, con el Casino Central como uno de sus escenarios principales. Allí, entre el murmullo de las fichas y la arquitectura palaciega, se pudo ver a los integrantes de Queen —incluido el propio Freddie Mercury— fascinados por el ritual de las mesas de ruleta, mezclándose por un instante con la elegancia nocturna de la ciudad. Sin embargo, tras el brillo de las apuestas, Freddie buscó el contraste: se dice que el líder de la banda terminó la noche recorriendo la Rambla casi en soledad. Entre los lobos de piedra y el sonido del Atlántico, esa figura que horas antes había dominado el Mundialista se permitió un paseo introspectivo, sellando un romance místico con una Mar del Plata que, por unos días, se sintió el centro del mundo.
El despliegue técnico: Un "monstruo" en el Minella
El show de Queen no solo fue un evento musical, sino una exhibición de ingeniería que Mar del Plata nunca había visto. Para el montaje en el Mundialista se utilizaron: El Escenario, una estructura colosal de 18 metros de frente que debió ser reforzada para soportar el peso de la famosa parrilla de luces. Una iluminación de vanguardia: La banda trajo su propia torre de control y un sistema de más de 200 focos móviles y fijos. Fue la primera vez que en la ciudad se vio el uso de efectos de humo y luces robóticas sincronizadas con la batería de Roger Taylor. Sonido de alta fidelidad: Se instalaron torres de sonido laterales con una potencia estimada en 100.000 vatios, algo inaudito para la época. El desafío técnico fue lograr que el viento de la costa no "barriera" el sonido, por lo que se utilizaron ecualizadores especiales para compensar la acústica abierta del estadio. Logística pesada: Todo el equipamiento llegó en varios camiones de gran porte (se habla de entre 10 y 15) que trasladaban desde los instrumentos hasta el piano de cola de Freddie. La producción local tuvo que adaptar las instalaciones eléctricas del estadio, ya que el consumo de energía de la banda superaba la capacidad estándar del predio.
Pero más allá de esos detalles lo realmente importante fue el show que pudimos disfrutar desde el escenario del Minella esa noche, un recital mágico e inolvidable, pleno de emoción y entrega: nuestro bautismo de fuego en los grandes recitales no podría haber sido de una mejor manera. Desde la versión rápida de We Will Rock You al disfórico cantar conjunto del We Are The Champions final, (pasando por la marcha del añejo Keep Yourself Alive, la emoción compartida en la sublime Love of My Life con justamente el cumpleañero Brian May hablándonos en buen castellano, la transformación del estadio en una discoteca gigante con Another One Bites the Dust o el nudo en la garganta de escuchar en vivo Bohemian Rhapsody) los miles que tuvimos la suerte de asistir vivimos una noche soñada y de ensueño.
No eran años de grandes despliegues multitudinarios para nadie, menos para la juventud, y los gobiernos de facto que venían controlando nuestro destino desde el ’76 habían pintado con una gran mano de gris oscuro a nuestras vidas, que esa noche parecieron iluminarse de repente como si se tratara de un pasaje de la película El Submarino Amarillo, aquella donde de repente todo vuelve a ponerse de color gracias a la música de cuatro rockeros ingleses visitantes.

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