Gabriel Chamé Buendía: “El Clown no desarrolla una técnica sino un arte”
Gabriel Chamé Buendia, actor, director y docente teatral, dictará un seminario intensivo los días 23 y 24 de febrero, de 10 a 15, en el Teatro Tronador. La capacitación está destinada a quienes quieran adentrarse en el universo del clown como recurso escénico y de exploración personal.
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Por Marcelo Gobello
El arte del Clown no se trata solo de buscar la risa, sino de encontrar la verdad en escena. Hoy tenemos el lujo de conversar con un referente indiscutido: Gabriel Chamé Buendía. Con una trayectoria que une la mística del Clu del Claun con la precisión del Cirque du Soleil, Gabriel llega al Teatro Tronador de Mar del Plata para dictar su masterclass 'Sobre el arte del clown'. Un espacio teórico-práctico diseñado para que los artistas locales exploren sus propios límites.
El título de este encuentro es "Sobre el arte del clown". ¿Qué es lo que eleva esta disciplina a la categoría de "arte" más allá de la simple búsqueda del chiste o la risa fácil?
Bueno, porque pienso que hay otra gente que le dice técnica, viste, técnica de clown también se utiliza mucho eso. Y para mí no es ni una técnica ni una facilidad, es un arte porque es algo que tiene que ver con un oficio, como todo trabajo artístico, y como oficio es un oficio muy antiguo que se ha transmitido de generación en generación y no te hablo de la época del circo, te estoy hablando de mucho antes de la época de Shakespeare y de la época de mismo los griegos, mismo los egipcios. O sea, todo, o sea, el trabajo del cómico corporal y que hace gag físicos es toda una artesanía que hay que saberla hacer. Yo no te voy a enseñar a hacer caídas y golpes y qué sé yo, que me encantaría, pero no es lo que voy a enseñar. Pero quiero decir, hay algo de la trascendencia de los años de la transmisión de generación en generación de este arte del clown, del arte del payaso, o de la payasa en la actualidad. Así que me parece que va más por ahí, ¿no? Por una cuestión que tiene mucha historia.
Mucha historia. Sí, sin ninguna duda.
Imagínate que en la época de Shakespeare, Shakespeare ya ponía clown. Si vos miras los textos en inglés de Shakespeare, en español dice paisano, rústico, y lo ves en inglés el original dice clown. Así, así lo dice. Quiero decir, él ya sabíamos lo que era un cómico popular, un cómico que transmitía a la gente un humor y mantenía la risa y había toda una capacidad artesanal, técnica lógicamente de estos artistas que no eran improvisados, que eran gente que sabía mucho de cómo funcionaba esto. Y después si querés vamos más a fondo, en sentido más cercano, aunque esté muy lejano para los jóvenes, no tanto para los adultos. Chaplin, Buster Keaton, el Gordo y el Flaco. Vos ves una técnica fuera de lo común, uno no está viendo gente que tiene un nivel bajo. Estamos hablando de gente que tiene mucho nivel, además de ser grandes cineastas que inventaron el cine y utilizaron este este arte con el cine, o sea, un arte que era muy milenario con un arte que es nuevo, que era el cine.
Para quienes no dominan la técnica: ¿Cuál es el mito sobre el clown que más le interesa derribar en este tipo de clases magistrales?
Hay que pensar que es una clase de dos días, por lo tanto, hablando algo de tan voluminoso, algo de tanto tan milenario, tan centenario, en dos días no vamos a aprender todo. Así que me parece, no hay que ser un poco, hay que ser humilde. Y prefiero que lo más importante es un trabajo donde el trabajo del actor se conecta con el trabajo del payaso y se conectan a través de estados emocionales, se trabaja a nivel de impulso, a nivel de juego, a nivel de no saber de no pensar y reaccionar con más espontaneidad, de tener más capacidad lúdica con tu cuerpo y también tenerle menos miedo al fracaso. Bueno, es un tema principal del arte del clown, que es lo que el payaso siempre tiene dificultades, le va mal. Si uno ve las películas del Chaplin, o las películas del Buster Keaton, a los tipos no les va bien, les va muy mal. Y ojalá no te pase a vos lo que le pasa a ese personaje porque es horripilante las cosas que le pasan. Entonces, el fracaso que primero nace como fracaso personal que no te sale algo, que te cuesta y bueno, el día que entendiste que eso no es más que una ficción y que podés jugar con eso y le sacás doble punta al lápiz. Eh, para tener un éxito estás trabajando también un fracaso. Hay algo de esta relación. Hay una filosofía también detrás de todo esto, ¿no? Entonces, ya hay mucho sabiendo que son dos días y tenemos que ser muy humildes. Y bueno, los temas van por ahí. Lo lúdico, un lenguaje, el cuerpo, el impulso, la espontaneidad, el no pensar y el no tenerle tanto miedo al fracaso.
Ahí diste con algo muy importante, ¿no? con el tema de lo lúdico, de la vulnerabilidad. Se suele decir que la nariz roja es la máscara más pequeña del mundo, pero también la que más desnuda al actor. ¿Por qué crees que nos da tanto miedo mostrarnos vulnerables?
Pienso que uno tiende a un humor sarcástico, uno tiende al ataque, uno tiende a burlarse, pero el payaso te enseña que tal vez el público se ríe del payaso, pero el payaso es como una toma de aikido, toma esa toma esa risa, la da vuelta y el público queda admirado de este doble juego. Porque uno ve que el payaso está fracasado, que le va mal, pero después te das cuenta que tiene una que logra una proeza física y técnica fuera de lo común y hay una gran inteligencia. Entonces esa vulnerabilidad aparente después se transforma en una en una gran potencia filosófica, ¿no? de cómo enfrentar al mundo. Ahora, ¿por qué le tenemos miedo? Y porque tenemos miedo a perder. Porque estamos estamos entrenados, todo el mundo quiere ganar. Entonces como todo el mundo quiere ganar, está seguro que la mayoría pierde. Pero si uno sabe perder, ya está ganando. Eso es interesante.
El fracaso es una herramienta valiosa para un artista, ¿no? para todos, pero para un artista sobre todo.
Sobre todo estamos hablando de un hecho escénico, no hay que mezclar las cosas, todo lo mezclamos con la vida personal. Y yo creo que es un error. O sea, estamos hablando de un fracaso escénico, estamos hablando de que no te sale algo que vos querés que te salga, vos tenés ganas que la gente se divierta, haces un chiste, haces un movimiento cómico y no se ríe nada. Y te enfrentas a ese silencio. Ahí es un momento álgido, ¿no? un momento de tensión. Y si uno sabe manejar ese momento, la gente puede reírse también. O te ven pobre, estás sufriendo. Si vos aprendés a no sufrir delante del fracaso y a divertirte del desastre que hiciste, la gente empieza a reírse de de lo cara dura que sos. Y bueno, ahí empieza la vida del payaso. Es muy interesante. Quiere decir, te los metiste en el bolsillo al final. No es que tuvieron pena por vos, ¿no? Entonces hay algo de eso, después no es tan fácil, no es tan fácil dar vuelta la milanesa esto el panqueque, ¿no? O sea, no es tan fácil darle vuelta en el aire.
No, claro, y aparte requiere una entrega... Bueno, vos lo decís, de un dominio de lo que es la escena, del cuerpo, de los tiempos, de las pausas, de los silencios, de las miradas, que es... es una técnica, es un arte muy, muy, muy preciso.
Sí, es muy preciso y al mismo tiempo es muy libre. Porque esa precisión está al servicio de la libertad de juego, ¿no? Si yo no tengo técnica, no puedo jugar. Si yo no sé cómo caerme, no me voy a caer porque me voy a romper la cabeza. Entonces, si yo sé cómo caerme, puedo jugar a que me caigo de mil maneras y ahí es donde aparece la libertad. La técnica no es un fin en sí mismo, es un medio para poder ser libre en escena.
Totalmente. Gabriel, para ir cerrando y agradeciéndote muchísimo este tiempo, eh... ¿qué le dirías a alguien que por ahí tiene esa curiosidad, ese "bichito" de querer asomarse al mundo del clown pero por ahí le da un poquito de vergüenza o siente que "no es para él" porque es una persona seria?
Que justamente los serios son los mejores. Porque el payaso no es alguien que se hace el gracioso, es alguien que intenta hacer las cosas seriamente y le salen mal. Cuanto más serio sos, más divertido es tu fracaso. Así que, si sos serio, tenés un potencial enorme para ser un gran payaso. No hace falta ser "el gracioso de la familia", hace falta tener ganas de jugar y de exponerse un poquito. El clown es un camino de autoconocimiento muy lindo y muy liberador.
Gabriel Chamé Buendía no solo viene a Mar del Plata a enseñar a usar una nariz roja; viene a recordarnos que el error es humano y que el arte del clown es, en definitiva, el arte de aceptarnos como somos. Una cita impostergable en el Teatro Tronador para quienes se animen a mirar el mundo desde otro ángulo.
El curso está dirigido a actores, estudiantes de teatro y público interesado en el trabajo escénico que deseen profundizar en el universo del clown desde una perspectiva profesional y artística. Para información sobre las clases y aranceles comunicarse al 2234227625.
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