"Disgusto" se despidió en el Teatro Carreras con una ovación de pie
Luego de un exitoso recorrido durante febrero en el Teatro Enrique Carreras, la comedia “Disgusto” bajó el telón con funciones a sala llena y una cálida ovación que coronó una temporada marcada por la conexión con el público.
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Protagonizada por Miriam Lanzoni y Sergio Surraco, y escrita por Hernán Krasutzky, la obra se consolidó como una de las propuestas más originales del mes, combinando humor ácido, actualidad y una mirada filosa sobre los vínculos amorosos en tiempos de apps y relaciones descartables.
Con una premisa tan provocadora como divertida (una aplicación que, en lugar de buscar al amor ideal, te enfrenta con alguien idéntico a tu ex… pero peor), “Disgusto” construyó una historia tan delirante como reconocible.
En escena, Elena y Jorge son dos adultos emocionalmente golpeados que encuentran en “Karma Match” una forma poco convencional de sanar heridas. Lo que comienza como una catarsis sin filtros se transforma, entre reproches, ironías y verdades incómodas, en un vínculo tan inesperado como entrañable.
La química entre Lanzoni y Surraco fue uno de los puntos más celebrados por el público, que acompañó cada función con risas, aplausos espontáneos y una identificación constante con situaciones que, aunque llevadas al extremo, reflejan las miserias y contradicciones del amor adulto: celos, egos heridos, dependencia emocional y el miedo a repetir errores.
La despedida no fue la excepción. Con la sala colmada en el teatro marplatense y un clima cargado de entusiasmo, el elenco recibió una ovación de pie que selló el éxito de una comedia que supo incomodar, divertir y, sobre todo, generar conversación.
Durante febrero, “Disgusto” logró instalarse como una de las propuestas más comentadas de la cartelera local, destacándose por su ritmo ágil, diálogos punzantes y una puesta que potenció la cercanía con el espectador.
Así, la obra se despidió de Mar del Plata dejando una marca clara: a veces, para volver a creer en el amor, primero hay que animarse a reírse de uno mismo.

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