“Desde el Jardín”: el regreso de Guillermo Francella a la calle Corrientes
Guillermo Francella vuelve al escenario porteño para encarnar a Chance Gardiner, uno de los personajes más singulares de la literatura y el cine del siglo XX, en la versión teatral de Desde el Jardín, basada en la novela de Jerzy Kosinski y dirigida por Marcos Carnevale.
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Por Marcelo Gobello
El teatro suele ser un territorio privilegiado para poner en escena ciertas preguntas incómodas que la actualidad, muchas veces, prefiere esquivar. En ese cruce entre la fábula, la sátira y la crítica social se inscribe “Desde el Jardín”, la ambiciosa adaptación teatral de la novela Being There, de Jerzy Kosinski, que tendrá su estreno en la Argentina el 28 de marzo de 2026 en el Teatro Metropolitan.
Publicada en 1971, la novela de Kosinski —autor polaco radicado en Estados Unidos— se convirtió rápidamente en un texto de culto por su mirada ácida sobre el poder, los medios de comunicación y la facilidad con la que una sociedad puede confundir simpleza con sabiduría. Esa misma historia fue llevada al cine en 1979, en una recordada versión protagonizada por Peter Sellers, hoy considerada una película emblemática de su filmografía.
La llegada de Desde el Jardín al escenario porteño lo hace con una producción de gran escala y un elenco de primer nivel, encabezado por Guillermo Francella, junto a Andrea Frigerio, Martín Seefeld, Víctor Laplace, Horacio Erman, Mayra Homar, Diego Jaraz, Daniel Miglioranza y Carla Pandolfi. La versión teatral y la dirección están a cargo de Marcos Carnevale, mientras que la producción general reúne a Francella con Adrián Suar y Pablo Kompel.
La historia gira en torno a Chance Gardiner, un hombre que ha pasado toda su vida recluido en la mansión de un rico benefactor. Incapaz de leer o escribir, su universo se reduce al cuidado del jardín y a la televisión, su único contacto con el mundo exterior. La muerte de su protector lo expulsa de ese microclima y lo arroja, de manera abrupta, a una sociedad que no está preparada —o quizás no quiere estarlo— para comprenderlo.
El azar lo pone en el camino de Eva, una mujer de la alta sociedad, y de su marido Ben, un empresario poderoso que atraviesa una enfermedad terminal. Allí comienza el verdadero juego de la obra: la literalidad inocente de Chance, expresada a través de metáforas simples sobre plantas, ciclos y estaciones, es interpretada por su entorno como un discurso profundo, cargado de sentido político y filosófico. Incluso el presidente de los Estados Unidos ve en él a un pensador lúcido, digno de ser escuchado.
Sin ambición, sin cinismo y sin conciencia del poder que se le atribuye, Chance se convierte en un sabio por error, en una figura proyectiva sobre la cual los demás depositan sus propias expectativas, prejuicios y necesidades.
La obra, así, construye una reflexión inquietante sobre la superficialidad del discurso público, la influencia de los medios y la facilidad con la que se fabrican líderes a partir de equívocos.

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