Clima, sequía y acción humana: las claves detrás de los incendios forestales
Micaela Lambertini, directora de la Licenciatura en Higiene y Seguridad a distancia de la Universidad Fasta, analizó los factores que influyen en la propagación del fuego.
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En el marco de la preocupación social por los incendios forestales que afectan al sur del país, la ingeniera ambiental Micaela Lambertini, directora de la Licenciatura en Higiene y Seguridad a distancia de la Universidad Fasta, analizó los factores que agravan la propagación del fuego, las herramientas disponibles para su prevención y las consecuencias ambientales de estos episodios.
Lambertini explicó que un incendio se vuelve severo cuando confluyen condiciones climáticas y ambientales desfavorables. “Entre los factores climáticos se destacan los vientos intensos, que aceleran la propagación del fuego y generan focos secundarios; las sequías prolongadas, que reducen la humedad de la vegetación y del suelo; y las altas temperaturas, que favorecen la ignición y aumentan la intensidad del incendio”, señaló.
Desde el punto de vista ambiental, indicó que la presencia de material vegetal seco incrementa la carga de fuego disponible. Y agregó que “a esto se suma el tipo de relieve y las condiciones del suelo. La combinación de estos factores vuelve al incendio más intenso y difícil de controlar”.
La especialista advirtió además que en muchos casos los focos tienen origen antrópico, ya sea por acciones intencionales, prácticas productivas inadecuadas, negligencia o accidentes. En ese sentido, remarcó que la falta de prevención y de planificación territorial favorece que los incendios escalen en magnitud.
Con relación con las herramientas para anticipar y mitigar los incendios forestales, Lambertini destacó el aporte de la ciencia y la tecnología. “Actualmente se dispone de diversas herramientas científicas y tecnológicas para la gestión del riesgo de incendios, entre ellas los sistemas de monitoreo satelital y sensores remotos, que permiten la detección y el seguimiento de incendios activos”, explicó.
También subrayó la utilidad de los modelos climáticos y de comportamiento del fuego al comentar que “se pueden utilizar modelos que integran variables meteorológicas, topográficas y de vegetación para estimar la probabilidad de ocurrencia y la posible propagación de un incendio”.
Asimismo, remarcó el rol de los Sistemas de Información Geográfica (SIG), que “resultan fundamentales para el análisis espacial del riesgo, ya que permiten identificar zonas vulnerables, planificar usos del suelo, diseñar cortafuegos y apoyar la toma de decisiones”. No obstante, advirtió que “la eficacia de estas herramientas depende de una fuerte estrategia de prevención y planificación”.
Sobre las consecuencias ambientales, Lambertini señaló que los incendios de gran magnitud generan impactos profundos en los ecosistemas. “Un incendio produce una pérdida significativa de biodiversidad, con afectación de la flora y la fauna, destrucción de hábitats, mortandad directa de especies y alteración de las cadenas tróficas”, afirmó.
Además, indicó que estos eventos incrementan la emisión de gases de efecto invernadero y de material particulado, con efectos sobre la fotosíntesis y la salud de los seres vivos: “La recuperación efectiva del ecosistema depende de la implementación de estrategias de restauración ecológica, el control de especies invasoras, el manejo del suelo y una adecuada planificación del uso del territorio”.

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