Astor Piazzolla: 105 años del marplatense que reinventó el Tango
Hoy, 11 de marzo, se cumplen 105 años del nacimiento de Ástor Pantaleón Piazzolla. Y aunque su música es hoy un patrimonio universal que resuena de París a Tokio, su esencia —ese pulso rítmico que parece imitar el choque de las olas— nació y se moldeó aquí, en su Mar del Plata natal.
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Por Marcelo Gobello
Mucho antes de las consagraciones en el Philharmonic Hall de USA o en Europa, hubo un pequeño escenario de madera en la calle Alberti 1561. Fue en la antigua Cervecería New York donde un joven Ástor, impulsado por su padre Vicente —el eterno "Nonino"—, ganó sus primeros pesos como músico profesional en el verano de 1937.
Ese joven ya traía consigo el aire de Nueva York, pero fue en las calles de esta ciudad donde decidió su destino. Ni la seguridad de un puesto en el Casino ni la estabilidad de la contabilidad pudieron competir con la "mugre" del género que aprendió a tocar con los hermanos Paoloni. Mar del Plata fue, en rigor, el lugar donde Piazzolla se enamoró del tango, mientras escuchaba por LU6 al Quinteto de Elvino Vardaro.
Bajo la guía de Néstor Romano —quien luego dirigiría nuestra Sinfónica Municipal—, Ástor empezó a construir su arquitectura musical. Desde el Cuarteto Azul hasta su paso por orquestas locales como Los Ases del Ritmo o la Típica de Luis Savastano, la ciudad fue su laboratorio.
Si bien su genio se alimentó de Bach, Stravinsky y el jazz de Duke Ellington, la columna vertebral de su obra siempre fue el tango puro de Pugliese y Troilo. Pero había algo más, un elemento geográfico: la furia del Atlántico. Como bien señaló Guillermo Saavedra, Ástor llegó a Buenos Aires en 1939 con el sonido del Cotton Club en la cabeza, pero con el mar en los oídos. Un mar que los marplatenses reconocemos como propio en cada una de sus síncopas.
Más allá del pentagrama, Ástor conservó siempre su identidad local a través de su otra pasión: la pesca de tiburones. Su "lugar en el mundo" no era una sala de conciertos europea, sino una roca específica en Playa Chica. Allí, en el silencio de la espera frente a la caña, el hombre más vanguardista del siglo XX volvía a ser el hijo de Vicente y Asunta.
Hoy, en una Mar del Plata que celebra sus 152 años, la figura de Piazzolla se recorta como el artista más genial que ha alumbrado nuestra historia. Su música es nuestra mejor carta de presentación ante el mundo.
¡Feliz cumpleaños, Astor!

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