Arde la ciudad: las jams encienden la escena musical marplatense
Estos eventos se consolidan como un motor para la música emergente en Mar del Plata. Con improvisación, cruces inesperados y espíritu colectivo, estos encuentros no solo ofrecen nuevas experiencias sonoras, sino que también fortalecen la escena local.
:format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2025/08/jams.jpeg)
Las jams llegaron a Mar del Plata para instalarse como un espacio de encuentro único entre músicos de distintas generaciones y estilos. Improvisación, mezcla de géneros y apertura total al público son los ingredientes que las convirtieron en una verdadera usina de creatividad.
La dinámica es sencilla: una banda anfitriona abre el show y, a partir de allí, el escenario se libera para que otros artistas se sumen a improvisar. Esa espontaneidad convierte cada encuentro en una experiencia irrepetible, donde lo único que importa es la música en su estado más puro.
Para muchos músicos jóvenes, la jam se transformó en la oportunidad de mostrarse, generar contactos y crecer dentro de la escena local. No se trata solo de tocar, sino de compartir, aprender a cooperar y, muchas veces, romper prejuicios que todavía persisten en el ambiente.
Lucas Paladini, creador de las jams en el bar Fortunato, describió la movida como “una llama creciente”. Reconoce el talento de la nueva generación y la necesidad de que los músicos sean valorados como trabajadores del arte. “Amo hacer música, pero no puedo vivir solo de la ilusión. El esfuerzo y los años de estudio también deben ser reconocidos”, señaló.
En paralelo, “Foka” Montero, referente del Club de Foodies, remarca que la escena “hoy está ardiendo”. Su propuesta se centra en un espacio diverso, donde conviven rock, funk y rap, y donde cualquiera puede subirse a improvisar. “Lo más lindo es ver a un rapero con un saxofonista o a un pibe del conservatorio mezclarse con un músico de plaza. Esa mezcla es magia”, resumió.
Ambos coinciden en que las jams funcionan como el “potrero” de la música, un espacio de aprendizaje y libertad creativa. Sin embargo, difieren en cómo sostenerlas: mientras Montero defiende la lógica del encuentro espontáneo y libre, Paladini insiste en la importancia de que se remunere de manera justa el trabajo de los artistas.
Más allá de esas miradas distintas, los dos destacan los desafíos que enfrentan estos espacios. Desde las restricciones municipales por ruidos molestos hasta la competencia entre bares y la falta de diversidad de género en los escenarios, las trabas son múltiples. Pero la convicción de sostener la escena y abrir más oportunidades sigue en pie.
Para los protagonistas, lo más valioso de las jams es la construcción colectiva. No solo surgen nuevos proyectos musicales, también se fortalecen los lazos humanos. “He visto públicos que ayudan a un músico que lo perdió todo o colegas que se animan a subir por primera vez”, recordó Paladini, resaltando el costado solidario de la movida.
Hoy las jams no son simplemente un espectáculo: representan un acto de resistencia cultural. Cada encuentro se vuelve un espacio vivo donde las diferencias desaparecen y la música, como lenguaje universal, enciende a Mar del Plata con una energía propia.

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión