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El Marplatense
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    Alejandro Dolina: perder con dignidad, cantar milongas y pensar contra el ruido

    En Mar del Plata, entre el bullicio del verano y la introspección del invierno, Alejandro Dolina reflexiona sobre la angustia, el arte, el pensamiento y la nobleza de seguir cantando aun cuando la derrota es segura.

    22 de febrero de 2026 - 13:00
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    Alejandro Dolina: perder con dignidad, cantar milongas y pensar contra el ruido

    Alejandro Dolina vuelve a Mar del Plata, esa ciudad que para él condensa una paradoja existencial. En verano, el carnaval del mundo; en invierno, el escenario del olvido. Dos ciudades en una, dos modos de habitar el tiempo. Y, como suele ocurrir con Dolina, la primera respuesta esquiva el lugar común: el ruido no necesariamente disipa la nostalgia. A veces, incluso, la intensifica.

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    Por Marcelo Gobello

    - Alejandro, otra vez en Mar del Plata, que tiene esa dualidad de ser la ciudad del ruido en verano y del escenario del olvido en invierno. ¿Cuál de esas dos ciudades te se parece más a la refutación del tiempo para vos? Esa dualidad que tiene la ciudad, esa cuestión nostálgica que tiene en invierno y cómo se transforma de alguna manera en verano.

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    Claro, hay que ver cuál es el efecto que hace en uno cada una de las dos ciudades. Porque si bien podríamos pensar en una primera instancia, que la ciudad ruidosa del verano aleja esta, esta nostalgia filosófica, a algunas personas les hace el efecto opuesto. El carnaval del mundo que está afuera, le produce una nostalgia y una soledad interior más intensa que la metáfora directa del invierno. Así que hay dos maneras de tomarlo: de un modo inverso y de un modo directo. De modo directo, claro que es más proclive al pensamiento, a meditar sobre la finitud de la existencia, etcétera. La ciudad de invierno, apta para la meditación y la ciudad para la captación del ruido, para relacionarse con otras personas, para ponerse de novio, etcétera, parece más apta la del verano, pero bien podría ser al revés, ¿no?

    - Así es…

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    Porque hay quien encuentra un encanto mundano en la soledad del otoño y hay quien encuentra un, un motivo de reflexión en medio del ruido. En general, los que viven en Mar del Plata son fanáticos del otoño. No sé si del invierno, que suele ser un poco crudo, ¿no?

    - Puede ser muy crudo, sí, tal cual. Yendo a este espectáculo que vas a presentar con Darío, donde él parece buscar siempre la verdad desarmando la realidad, mientras que vos soles, de alguna manera, como siempre, construir mitos para soportar esa misma realidad, ¿se trata de una tregua entre la filosofía que pregunta y el arte que, que miente?

    Yo diría que se trata de... a veces, de una confrontación, pero más que nada de una alianza, para enfrentar la angustia, que es general en la existencia. El espectáculo comienza cuando Darío cuenta cuál fue la primera vez que, que sintió angustia. Él dice que fue a los cinco años, cuando tomó conciencia de que la vida terminaba, de que la gente se moría y que de ahí en adelante nunca pudo ser del todo feliz. Porque cada suceso venturoso, cada hecho amoroso, cada hecho gracioso, cada aventura del pensamiento, estaban teñidos por la certeza de que esto termina. Y ahí está muy bien lo que vos decís, que hay un contrapunto, pero un contrapunto, yo diría que amistoso, y un contrapunto entre dos posiciones que comparte lo central, que es la angustia. El arte y el pensamiento son dos maneras de enfrentar a la angustia y, y dos maneras de perder ante la angustia. Y de esa alianza surge el, el pequeño espectáculo que hacemos nosotros, que a veces, a veces, cuando uno descubre paradojas, tiene la, la alegría graciosa del que descubre una paradoja. Descubrir algo que parece cierto pero es falso, descubrir algo que desafía las leyes de la lógica, etcétera. Eso es gracioso y eso es una pequeña alegría. Pero, en general, tales pequeñas alegrías, las paradojas, tienen siempre, tienen siempre una última lectura, que es la finitud, que es la angustia, que es en general el último rasguño de la paradoja, que es ácido.

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    - Hoy todo parece que tiene siempre un fin práctico, ¿no? Un rédito económico. Entonces, ¿el arte sería el último refugio de lo inútil o por el contrario, es justamente lo único que nos salva de la muerte. De la verdadera utilidad, que es la muerte.

    Sí, es como decís vos, el arte es una tregua, ¿no? Durante el disfrute y durante la realización. Durante la alegría que nos produce enfrentarnos con la obra artística, esa es una pequeña tregua. También esperanza, si uno es demasiado esperanzado, ¿no? Bueno, hay que tener ciertas condiciones que, en general, la vida se encarga de disipar para tener esperanza. Pero el arte es una forma de esperanza, la única que yo puedo conseguir.

    - Y justamente ahí se mete una palabra que es tan manoseada, la Cultura. Me encanta algo que solés decir al respecto que “la cultura es saber que a otro le pasó lo mismo que a uno.” En este tipo de presentaciones con Darío, ¿buscan que el público salga con respuestas o con una suerte de tranquilidad de que las dudas que uno tiene, el público, sean compartidas, junto con los grandes poetas de la historia y los grandes pensadores?

    Buscamos eso, buscamos ver qué es lo que pensaban los artistas y los filósofos para ver si ese pensamiento ajeno nos puede ayudar en la angustia propia. De todos modos lo que más queremos es que el público despierte. Parece un poco presuntuoso el propósito, pero a veces uno tiene la sensación de que los demás no comparten la angustia. Entonces, viene el carnaval, como ahora. Y bueno, ahora no sucede, porque el carnaval ha desaparecido, ¿no? Pero cuando yo era más chico sentía que había un desentendimiento entre lo que yo pensaba o sentía y lo que sucedía en la calle, el carnaval del mundo, vuelvo a decir. Yo pensaba: ¿qué es lo que lo que no me han contado a mí de esto? ¿Por qué yo no puedo estar contento como el resto de la gente? ¿Por qué todos saltan, bailan y cantan, y yo no me contagio de esto? Y al revés, ¿cómo esta gente no se da cuenta de la angustia del vivir? ¿Y cómo pueden estar tan contentos aun conociendo el carácter trágico de nuestra existencia? Lo que uno tiene que aprender, quizás yo lo aprendí con el tiempo, es que la mayor nobleza del ser humano reside justamente en eso, en poder estar contento, aun sabiendo sabiendo lo que te va a pasar. Aun así, el Taura, el hombre o la mujer de coraje, afrontan la angustia y son capaces de cantar milongas, de pintar cuadros, de actuar, de jugar, aunque sean mortales. Pero, es evidente, ello requiere una fuerza de espíritu que no todos tienen. La otra observación, que por ahí me gustaría hacer, es que este carácter mercantil de la existencia, que en principio, vos dijiste, se enfrenta con lo artístico. Como tantas otras cosas, parece ser cooptada por la industria del arte, que es otra cosa. Y entonces, lo más sagrado, el pensamiento y el arte, también están dominados, dirigidos, orientados por una industria, por un criterio mercantil que lo abarca todo. Y en este momento, grandes pensadores y movimientos populares importantes están reflexionando acerca de cómo los poderosos y los ricos se apropian de todo, aun de lo que parece haber sido hecho para combatirlos, como por ejemplo, el arte, el teatro, la música, la literatura.

    - Hablaste del pensamiento, algo que está estructurado con algo muy importante, que yo sé que vos venerás, que son las palabras, ¿no? Se dice que cuando perdemos palabras, perdemos capacidad de sentir, de pensar.

    Seguro, claro

    - La literatura ¿es hoy una herramienta de resistencia política o simplemente un consuelo para los que no encajan en la brevedad de un posteo de redes sociales?

    Eso según la eficacia que uno alcance, ¿no? Si uno es eficaz, es un instrumento de lucha política. Sino es nada más que un consuelo.

    - Y hablando de algo que se que amas, la radio, siempre sostuviste que el oyente de radio de alguna manera completa el mensaje con la imaginación. Y en esta época de rostros hiper visibles, de pantallas totales, de alguna manera, lo que ustedes hacen, sentarse en un escenario de teatro, ¿es un acto de resistencia o una forma de confesar que el misterio está perdiendo la batalla?

    Yo creo que es las dos cosas, porque confesar que el misterio está perdiendo la batalla es quizá un acto de resistencia. De todos modos creo que en este momento están creciendo pensadores claros, que están viendo cómo todo, todos los réditos, todos los recursos, fluyen hacia arriba. Y esto es casi imposible de ocultar. Lo que pasa es que los que dominan el mundo ya casi no tienen deseo ni necesidad de ocultar. Directamente asumen que ellos hacen lo que quieren, que ellos están por encima de la ley que ellos son los poderosos y que el mundo, los recursos del mundo son para ellos. Y no lo disimulan más, no lo disimulan más. Cada vez es más desvergonzado ese accionar y, por suerte, están apareciendo algunos pensadores que se dan cuenta y están elevando esa indignación, esa vergüenza, vuelvo a repetir la palabra, a un territorio de pensamiento fino.

    - Yendo al tango, que es algo que nos marca a los argentinos, esta música y esta poesía, este arte que es el tango, que se atreve a decir que vamos perdiendo…

    Ese es el tema principal del tango! La persona que te dice que el tema del tango es el desencuentro amoroso no ha escuchado los tangos suficientes. Es una pavada que dicen los tipos que no conocen nada de esto. El tema principal del tango es un tema de angustia ante la muerte y de angustia ante la injusticia, ante la batalla que vamos perdiendo, y también de nobleza y de actitud compadre ante esa derrota, ante esa derrota. “Voy mal, pero yo me quedo aquí.” Yo prefiero perder con los míos a que a aliarme con los malvados.

    - Leí alguna vez que el tango es un manual de instrucciones para perder con dignidad.

    ¡Claro, claro! Eso está muy bien. Debería ser el manual, el propósito central de los programas de estudio. Un manual de instrucciones para perder con dignidad. Es noble porque no sirve para nada. Perder con dignidad es noble porque no sirve para nada, porque no te hace ganar. Es mentira lo de ganar siempre, eso solo pasa en las películas norteamericanas. En la historia del tipo que pierde, pero después, al final, gana. Si después al final ganás, entonces no sos tan compadre... porque ya sabés que vas a ganar. No, no, la nobleza de verdad consiste en admitir que ahora y después vas a perder, y aun así, te sobra tiempo para cantar milonga.

    - Tal cual. Hay en estas presentaciones, en tus presentaciones, por lo general, hay siempre algo de liturgia, ¿no? ¿Crees que el teatro, la radio, siguen siendo los últimos lugares donde la palabra tiene peso, donde el lenguaje no se ha devaluado?

    Exactamente. Y, sí, el teatro y la radio, principalmente. Por lo que dijiste, de un modo taxativo. Allí está el refugio de la palabra. La palabra es el lenguaje del pensamiento. Así que ahí tenemos que ir, si queremos encontrar algo que se parezca a esto, que se parezca a una comprensión, se parezca a una divertida lucha. Es divertida, incluso, además de angustiosa, ¿no? Y allí podemos encontrar un poco de consuelo bajo la forma de la alegría, de la inteligencia, bajo la forma de la admiración que siente uno por el que está arriba del escenario. Y decir: "¡Mirá lo que está haciendo este tipo! Mirá qué bien que toca el piano, mirá qué bien que canta, mirá qué linda obra que ha armado, cómo están los sucesos encadenados, de tal forma que aparezcan cortando la acción unos imprevistos, unos cambios de rumbo. Mirá cómo el personaje, que era esto al principio, se convierte en aquello al final". Todo ello es alegría, todo eso es lo mejor que tiene la vida. No hay otra cosa. ¿Qué querés, comprarte una camioneta?

    El verdadero refugio está en el arte, está en la cultura, en la palabra.

    En el arte y el pensamiento también. Que viene de suyo con el arte, el arte necesita el pensamiento, claro. Más en este tiempo, en este tiempo, este de la ciencia, donde las teorías científicas se parecen cada vez más a lo ficcional, a lo teatral, a lo fantástico.

    - Alejandro, volviendo un poco a Mar del Plata, como para ir cerrando ya y agradeciéndote este momento contigo. Si hoy los hombres sensibles de Flores tuvieran que venir a veranear en esta época, acá, no sé, a Playa Grande, La Perla, ¿seguirían buscando el amor en los detalles o se habrían rendido a la tiranía esta de los algoritmos de los lugares de citas en las redes sociales?

    Una respuesta realista es que probablemente se hubieran rendido. Y lo habrían admitido como una desgracia más de la condición humana, la de rendirse, ¿no? incluso la de no ser pertinaz ni siquiera en el sufrimiento. Como decía aquel tipo que estaba enamorado de una mujer y sufría, sufría, hasta que un día dejó de sufrir y se dijo a sí mismo: "Pobre alma, no eres pertinaz ni siquiera en el sufrimiento".

    “Conversación infinita” con Alejandro Dolina y Darío Sztajnszrajber se presenta el domingo 22 de febrero a las 20:00 en el Teatro Radio City (San Luis 1750).

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