Alejandro Barasi y el ADN gastronómico que eligió quedarse en Mar del Plata
Tiene 38 años, varios emprendimientos en marcha y una convicción clara: invertir en Mar del Plata incluso cuando el contexto invita a bajar los brazos.
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Alejandro Barasi, de 38 años, contó en Radio Mitre Mar del Plata FM 103.7 cómo fue su recorrido dentro de la gastronomía y por qué decidió invertir en la ciudad aun en los contextos más adversos. Con varios emprendimientos en marcha, se definió como un apasionado del rubro desde muy joven y destacó la importancia del trabajo diario para sostener proyectos a largo plazo.
Barasi relató que su vínculo con la gastronomía comenzó a los 16 años, cuando empezó a trabajar en bares y restaurantes. Esa experiencia lo llevó, en 2014, a comprar junto a socios el fondo de comercio de Pontevedra, un restaurante con historia en Mar del Plata. Según explicó, el objetivo fue darle una nueva impronta al lugar, innovar en la propuesta de pescados y diferenciarse del circuito tradicional del Puerto.
La decisión no fue sencilla. Tenía 24 años y, pese a los consejos de su padre para encarar un proyecto más pequeño, la apuesta ya estaba hecha. Los primeros años fueron complejos: jornadas con pocos comensales, semanas difíciles y un largo período sin recuperar la inversión. “Fueron cuatro o cinco años muy duros”, reconoció durante la entrevista.
Cuando el proyecto comenzaba a ordenarse, la pandemia volvió a poner todo en pausa. Sin delivery ni un plan claro, el grupo evaluó cómo continuar. En ese contexto se sumó un nuevo socio y se tomó la decisión de ampliar el restaurante con la construcción de la planta alta. Barasi explicó que, a partir de esa inversión, Pontevedra logró consolidarse y crecer de manera sostenida.
Durante el diálogo con Radio Mitre Mar del Plata FM 103.7, el empresario también se refirió a otros emprendimientos que encaró, como Brasa y Dimero, el primer café de especialidad de la ciudad. Admitió que manejar distintos formatos gastronómicos no fue sencillo y que exigió aprender a delegar, organizar equipos y adaptarse constantemente.
Barasi destacó además el crecimiento del circuito gastronómico local. Señaló que la competencia se volvió más sana, con propuestas diversas y mayor identidad, y remarcó el aporte de cocineros que viajaron, incorporaron nuevas ideas y posicionaron a Mar del Plata como un destino gastronómico más atractivo.
No evitó referirse a las dificultades estructurales del sector. Mencionó los costos, la carga impositiva y la industria del juicio laboral como temas pendientes, que complicaron la contratación de personal y la planificación a largo plazo, aunque subrayó que la voluntad de invertir y generar empleo se mantuvo.
Sobre la temporada, Barasi explicó que el esquema cambió con el paso de los años. Indicó que ya no se trataba solo del verano, sino de sostener la actividad durante todo el año, especialmente frente a inviernos cada vez más duros.
Pontevedra, aseguró, quedó consolidado como una propuesta instalada en la ciudad, pero aclaró que el camino nunca fue sencillo. En su testimonio, Barasi reflejó la experiencia de muchos empresarios jóvenes que eligieron quedarse, invertir y apostar por Mar del Plata, incluso cuando el contexto fue adverso.
Una historia de trabajo, perseverancia y compromiso con la ciudad, contada desde la cocina y el esfuerzo cotidiano.

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