A 51 años de la muerte de Aníbal Troilo, el bandoneón que sigue latiendo en el tango
“Pichuco” dejó una huella imborrable en la música popular argentina con una obra marcada por la sensibilidad, la elegancia y su vínculo profundo con Buenos Aires.
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Este 18 de mayo se cumplen 51 años de la muerte de Aníbal Troilo, uno de los grandes nombres de la historia del tango argentino. Bandoneonista, director de orquesta y compositor, “Pichuco” construyó una forma propia de decir desde la música: intensa, profunda y atravesada por una emoción que todavía permanece vigente.
Nacido en Buenos Aires el 11 de julio de 1914, Troilo comenzó a tocar el bandoneón desde muy chico y rápidamente encontró en ese instrumento una manera de expresar el pulso de la ciudad. En 1937 formó su propia orquesta típica, que se convirtió en una de las más influyentes del género y marcó a varias generaciones de músicos y cantores.
Por su agrupación pasaron voces fundamentales como Francisco Fiorentino, Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche. Con ellos, Troilo consolidó un estilo inconfundible, en el que el bandoneón no solo acompañaba: respiraba, contaba y emocionaba.
También dejó una obra clave como compositor. Entre sus piezas más recordadas aparecen “Sur”, “Barrio de tango”, “Che bandoneón” y “Responso”. Su vínculo artístico con Homero Manzi dio origen a algunas de las páginas más profundas y reconocidas de la música popular argentina.
Troilo siempre rechazó los grandes gestos de vanidad. Alguna vez, al hablar del lugar que ocupaba en el afecto popular, dejó una frase que resume su relación con la ciudad y con la gente: “Yo sé que la gente me quiere… No sé si soy un ídolo… Por otra parte, no soy tan vanidoso como para creerme eso… ¿Buenos Aires? No, qué voy a ser Buenos Aires… Pero yo quisiera ser media calle de un barrio cualquiera de mi ciudad…”.
Esa imagen parece explicar mejor que cualquier definición la dimensión de “Pichuco”: no solo como músico fundamental, sino como parte del paisaje sentimental de Buenos Aires y de la historia grande del tango.
A medio siglo de su partida, Aníbal Troilo sigue siendo una referencia inevitable. Su música, su orquesta y su manera de tocar el bandoneón permanecen como una marca profunda en la identidad argentina.

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