A 50 años del golpe: Adriana Metz y el abrazo que tardó 48 años
Referente de Abuelas de Plaza de Mayo en Mar del Plata, encontró a su hermano, el nieto 140. Una historia de búsqueda, memoria y reparación que aún continúa para cientos de familias.
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Adriana Metz, es hija de Raúl y de Graciela, dos de los 30.000 desaparecidos de nuestra historia durante la dictadura cívico-militar. Con esa presentación, cargada de memoria y dolor, comienza el testimonio de una vida atravesada por la ausencia y la búsqueda.
Adriana tenía apenas meses cuando sus padres fueron secuestrados. Su madre estaba embarazada de cinco meses. Décadas más tarde, esa historia incompleta encontró una respuesta: “Después de 48 años de búsqueda pude encontrar a mi hermano”. Es el nieto recuperado número 140.
La historia remite a uno de los capítulos más oscuros de la dictadura cívico-militar argentina. Según reconstruyeron sobrevivientes, su madre dio a luz el 17 de abril de 1977 en “La Escuelita”, un centro clandestino de detención en Bahía Blanca que funcionaba bajo la órbita del V Cuerpo de Ejército. “Estuvo entre cuatro y cinco días con él. Luego la trasladaron y a mi hermano alguien se lo apropió”, relata Adriana.
Desde entonces, la búsqueda fue incansable. “Así que desde ese momento lo estábamos buscando”, dice. La respuesta llegó casi medio siglo después, gracias al trabajo sostenido de Abuelas y a herramientas clave como el Banco Nacional de Datos Genéticos y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad.
Pero la historia individual se vuelve colectiva. “Aún nos queda alrededor de 300 personas encontrar y devolverles su verdadera identidad”, advierte. Cada nieto recuperado es una victoria, pero también un recordatorio de lo que falta.
En el año 2011, en Bahía Blanca, comenzaron los juicios por delitos de lesa humanidad contra integrantes del V Cuerpo de Ejército, responsables de estos crímenes. Para Adriana, esos procesos judiciales también forman parte de la reconstrucción: memoria, verdad y justicia.
A 50 años del golpe de Estado, su testimonio interpela al presente. No se trata solo de una historia familiar, sino de una herida abierta en la sociedad argentina. Una búsqueda que, aunque dio un paso enorme, sigue en marcha. Porque, como repiten las Abuelas, la identidad no se pierde: se busca, se encuentra y se restituye.

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