Salud mental en tiempos de exigencia: la mirada desde la psicología
Con más de 15 años de trayectoria profesional, la psicóloga y psicoanalista Liliana Escobedo (MP:47574) reflexionó sobre el estado actual de la salud mental, el impacto de las redes sociales, los prejuicios en torno a la medicación y la importancia de la comunicación como herramienta central de prevención.
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En su paso por El Marplatense, la psicóloga empezó hablando de sus inicios en la profesión. “Psicología me enamoró desde hace muchos años”, contó Liliana Escobedo al recordar su decisión de estudiar la carrera. Durante su ingreso a la facultad, una pregunta marcó su camino profesional: por qué elegir psicología. “Lo primero que me salió fue mitigar un poquito el sufrimiento del otro, el sufrimiento de la gente”, explicó. Ese compromiso, asegura, sigue siendo hoy el motor de su trabajo, una profesión que define como “excelente”, pero que también exige involucrarse profundamente.
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Liliana Escobedo - Psicóloga (MP: 47574).
Su primer contacto con pacientes fue en una residencia en una clínica de la psicosis, dentro de un neuropsiquiátrico. “Con un poco de temor, de miedo, porque era lo primero”, recordó. En ese contexto, una frase de Jacques Lacan funcionó como sostén: “No hay que retroceder con la psicosis”. Esa idea la ayudó a construir transferencia con pacientes atravesados por patologías graves y severas.
Al analizar el estado actual de la salud mental en la sociedad, Escobedo remite a Sigmund Freud y a su obra “El malestar en la cultura”. A casi un siglo de su publicación, considera que sigue siendo un texto vigente. “La civilización es necesaria porque nos protege y nos brinda beneficios, pero también nos exige resignar parte del deseo propio”, señaló. Según Freud —y retomando esa lectura— el malestar surge de tres fuentes: la naturaleza, la vulnerabilidad del cuerpo y las exigencias sociales. “Ahí ya entramos en un conflicto, porque queda relegado el deseo propio en pos de normas y exigencias”, explicó.
Para la especialista, hoy se habla más de salud mental que en décadas anteriores, un avance significativo, aunque insuficiente. “Está mucho más naturalizado que ir al psicólogo no es para los locos”, afirmó. Sin embargo, advierte que persisten resistencias, especialmente frente a la medicación psiquiátrica. “Hay una gran ignorancia. El psicólogo está más aceptado, pero el psiquiatra genera rechazo: ‘no quiero que me empastillen’, dicen muchos”.
Escobedo aclaró que la medicación no siempre es para toda la vida y que su uso debe ser cuidadosamente evaluado. “Trabajo para llevar al paciente lo más lejos posible sin derivar al psiquiatra, pero cuando es necesario, lo es”, explicó. En su práctica, destacó el trabajo interdisciplinario y el diálogo constante con psiquiatras, especialmente en casos complejos como intentos de suicidio en adolescentes. “Muchas veces, con el tiempo y las herramientas adecuadas, la medicación se puede retirar”, señaló.
Uno de los temas que más consultas genera, según relató, es la depresión. “La depresión, al igual que la ansiedad, es un estado”, explicó, y la vincula con duelos no resueltos: pérdidas de personas, vínculos, trabajos o etapas de la vida. Entre sus síntomas mencionó la pérdida de la capacidad de disfrute, la falta de proyectos, la apatía y la desconexión con el mundo externo. “Muchas veces se sale adelante con terapia y, en algunos casos, con medicación”, aclaró.
La comunicación aparece como un eje central en su análisis, especialmente dentro de las familias. “Los adolescentes están muy necesitados de comunicación, algo que hoy está en déficit”, advierte. En ese sentido, señala el impacto de la tecnología: “El teléfono es una herramienta, pero también puede convertirse en una adicción que aísla”. La ansiedad, alimentada por el consumo constante de redes sociales, es hoy una de las problemáticas más recurrentes en el consultorio.
Los ataques de pánico, explicó, funcionan como señales de alarma de conflictos psíquicos reprimidos. “Tienen que ver con vivir para satisfacer el deseo del otro y dejar de lado el propio”, afirmó. También alertó sobre la consulta tardía de muchas familias, que llegan cuando la situación ya se volvió inmanejable, incluso con casos de autoflagelación o intentos de suicidio.
Para Escobedo, la prevención empieza en lo cotidiano: “Comunicación, acompañamiento, límites claros y diálogo, sin autoritarismo ni violencia”. Entre los hábitos saludables, recomendó limitar el uso del teléfono, promover juegos no tecnológicos en la infancia y desconectarse de las pantallas antes de dormir para permitir un descanso real.
A quienes todavía no se animan a dar el primer paso y consultar a un profesional, les dejó un mensaje claro: “Que se pregunten qué les pasa, por qué sufren y no piden ayuda. Muchas personas, con el tiempo, dicen que no entienden cómo pasaron tantos años sin pedir ayuda. Dar el primer paso ya es querer cambiar algo”.

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