Recomiendan medidas ante la presencia de elefantes marinos en la costa atlántica
Especialistas advierten sobre nacimientos y migraciones inusuales hacia el norte y brindan pautas para evitar disturbios a una población afectada por la gripe aviar y en riesgo de conservación.
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La organización WCS Argentina difundió recomendaciones para la convivencia con elefantes marinos del sur ante su aparición en playas de la costa atlántica, tras registrarse nuevos casos en Mar del Plata y otras localidades. Los especialistas explicaron las posibles causas del fenómeno y alertaron sobre la necesidad de proteger a una población vulnerable.
El elefante marino del sur es la foca de mayor tamaño del mundo y pasa más del 90% de su vida en el mar. Utiliza las costas durante dos momentos clave de su ciclo anual: la reproducción, entre septiembre y noviembre, y la muda de piel, entre diciembre y abril, períodos en los que ayuna y depende de sus reservas energéticas. La única colonia reproductiva continental se concentra en el Area Natural Protegida Península Valdés y zonas cercanas de Chubut.
Desde 2024 se registraron apariciones inusuales e incluso nacimientos en zonas más cálidas de la costa argentina, Uruguay y Brasil. “Una posible explicación a estos cambios en la distribución y comportamiento puede estar relacionada a la epidemia de gripe aviar que afectó a la especie en Península Valdés en 2023 y tuvo un gran impacto en su estado de conservación”, señaló Valeria Falabella, directora de conservación costero-marina de WCS Argentina.
En octubre de 2023, la colonia de elefantes marinos del sur de Península Valdés fue impactada por el virus de la influenza aviar altamente patógena (H5N1), que provocó la muerte del 97% de las crías y de un número indeterminado de adultos reproductores. Un estudio publicado en abril de 2025 en la revista Marine Mammal Science por WCS Argentina, CONICET y la Universidad de California Davis indicó que la recuperación poblacional demandará décadas. Según el censo realizado en 2024 por WCS Argentina, la población disminuyó un 61% y su estado de conservación podría pasar de “Preocupación menor” a “En peligro”, de acuerdo con los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
En paralelo, se observaron alteraciones en el comportamiento de la especie. Entre septiembre y octubre de 2024 se registraron al menos seis nacimientos en localidades de la costa bonaerense como Mar de Ajó, Villa Gesell, Mar del Plata, Mar Chiquita, Miramar y San Blas, además de casos en el Parque Nacional Islote Lobos, en Río Negro, y en el estado de Santa Catarina, Brasil.
Durante octubre de 2025 se reportó el nacimiento de una cría en Piriápolis, Uruguay, el segundo registrado en ese país desde 1977. Ese mismo año también se observó un nacimiento dentro del río Quequén, en el puerto de Necochea, y ejemplares en etapa de muda de piel en playas de Uruguay y Brasil.
“Estos nacimientos y migraciones tan al norte de Península Valdés son atípicos, por lo que resulta necesario seguir monitoreando a esta población para identificar las causas y las maneras en que la especie puede adaptarse a factores como las enfermedades o el cambio climático”, explicó Julieta Campagna, especialista en conservación de elefantes marinos de WCS Argentina.
El elefante marino del sur se reconoce por su gran tamaño y coloración marrón grisácea. Es el mamífero con mayor dimorfismo sexual: los machos adultos poseen una trompa prominente y pueden medir hasta 5 metros y pesar 4 toneladas, mientras que las hembras alcanzan hasta 3 metros y pesan entre 500 y 900 kilos. Durante la muda presentan cambios notorios de coloración y suelen cubrirse con arena o piedras para regular su temperatura, comportamiento normal que no indica enfermedad.
La interacción humana, aun con buenas intenciones, puede generar estrés y consecuencias graves para los animales. Las hembras deben cuidar y amamantar a sus crías durante 21 días y, si se sienten amenazadas, pueden huir y provocar el abandono de las crías. Además, los desplazamientos forzados implican un gasto energético perjudicial, ya que en tierra los animales ayunan.
Ante la presencia de un elefante marino en la playa se recomienda mantener una distancia mínima de 30 metros, no arrojar objetos para obligarlo a moverse, no acercarse con perros ni con vehículos todo terreno, no tirarle agua ni intentar devolverlo al mar, y nunca interponerse entre el animal y la costa. También se advierte que la basura plástica y los residuos pesqueros pueden causar enmallamientos y representar un riesgo adicional para la especie.

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