Marcha universitaria y contradicciones políticas
Mientras docentes y estudiantes reclaman mayor financiamiento para las universidades públicas, la presencia de Marina Sánchez Herrero en la movilización volvió a poner bajo la lupa el rol político de Maximiliano Abad, cuestionado por su apoyo a la reforma laboral y por el uso institucional de la Universidad Nacional de Mar del Plata para fines personales.
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La nueva Marcha Federal Universitaria volvió a poner en escena el reclamo por el financiamiento de las universidades públicas, pero en Mar del Plata dejó además una postal cargada de contradicciones políticas.
Entre las autoridades presentes estuvo Marina Sánchez Herrero, actual vicerrectora de la Universidad Nacional de Mar del Plata y esposa del senador nacional Maximiliano Abad, una figura cada vez más cuestionada dentro del propio ámbito universitario.
Mientras docentes, estudiantes y trabajadores universitarios marcharon para exigir más presupuesto y defender el sistema público de educación superior, el nombre de Abad volvió a quedar en el centro de las críticas por el financiamiento y la utilización política de la universidad.
En medio del ajuste presupuestario y el deterioro salarial que atraviesa el sistema, la Universidad Nacional de Mar del Plata destinó recursos y estructura institucional a la promoción del nuevo libro del senador radical.
La situación generó malestar, entre otras cuestiones, especialmente porque el legislador acompañó con su voto la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, una iniciativa rechazada por sectores sindicales y universitarios por considerar que avanza sobre derechos laborales históricos, incluidos los de los docentes universitarios.
La contradicción política no pasó desapercibida: mientras la comunidad universitaria reclama financiamiento y salarios dignos, uno de los principales referentes del radicalismo respaldó medidas interpretadas como un retroceso para el sector.
El rechazo interno creció con fuerza en Mar del Plata, ciudad donde el radicalismo históricamente construyó uno de sus principales bastiones universitarios. La Asociación de Docentes Universitarios Marplatenses (ADUM) inició un proceso de expulsión contra Maximiliano Abad, marcando una ruptura entre el senador y la universidad (parte fundamental de su construcción política).
En ese contexto, la presencia de Sánchez Herrero en la marcha también fue leída como una señal ambigua. Para muchos resulta difícil separar el reclamo legítimo por la universidad pública de la pertenencia política a un espacio que acompaña en el Congreso medidas que debilitan justamente aquello que se dice defender en las calles.
La tensión expone una discusión más profunda dentro del radicalismo: hasta qué punto los dirigentes pueden sostener un discurso en defensa de la educación pública mientras avalan políticas de ajuste y flexibilización laboral. En Mar del Plata, esa contradicción ya dejó de ser un debate silencioso.

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