La misa por Francisco expuso tensiones en el Gobierno y reavivó la interna Milei - Villarruel
La conmemoración por el primer aniversario de la muerte del papa dejó en evidencia que, aun en un contexto de recogimiento religioso, la política argentina atraviesa cada gesto institucional. La ceremonia central en la Basílica de Luján, que reunió a buena parte del arco político, terminó por reflejar las tensiones internas dentro del oficialismo.
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El acto, que comenzó por la tarde con la presencia de ministros, legisladores y dirigentes de distintos espacios, tuvo una fuerte impronta política desde su concepción. La convocatoria incluyó tanto a funcionarios nacionales como al gobernador bonaerense Axel Kicillof y referentes del peronismo, en una imagen que combinó liturgia y representación institucional.
Sin embargo, la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel se convirtió en el dato central de la jornada. Su decisión de no asistir a Luján no pasó desapercibida y volvió a poner en primer plano las diferencias dentro de la cúpula libertaria.
Tras el evento, Villarruel explicó que optó por no participar porque consideró que la ceremonia “se había politizado”, alejándose, según su postura, del sentido espiritual que debía tener el homenaje. En cambio, la vicepresidenta eligió recordar al pontífice en un ámbito más reducido, en la Basílica María Auxiliadora, donde fue bautizado.
Desde su entorno señalaron que la intención fue “honrar al Papa sin estridencias ni politiquería”, en una definición que marcó distancia con el acto central en Luján y con la presencia de dirigentes de distintos sectores.
La postura de la titular del Senado no sólo evidenció diferencias de estilo, sino también una lectura política distinta sobre el rol del Gobierno en este tipo de actos. Su ausencia contrastó con la asistencia de funcionarios nacionales que integraron la comitiva oficial encabezada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
La misa en Luján había sido concebida como el principal homenaje institucional al pontífice argentino, con una convocatoria amplia que incluyó a representantes de los tres poderes del Estado, sindicatos y organizaciones sociales.
Al finalizar la ceremonia, Axel Kicillof también dejó definiciones que marcaron diferencias con el Gobierno nacional, al señalar que el Papa debe ser recordado “por sus enseñanzas” y no sólo en el plano simbólico, en un mensaje interpretado como crítica indirecta al oficialismo.
El episodio se inscribe en un contexto de tensiones persistentes entre Milei y Villarruel, que en los últimos meses protagonizaron varios cruces públicos y diferencias en la gestión. La misa por Francisco funcionó así como un nuevo escenario donde esas discrepancias quedaron expuestas.

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