La inteligencia artificial no eliminará la escasez: un economista advierte dónde estará el verdadero valor
Un nuevo enfoque advierte que la relevancia económica no desaparecerá, sino que se desplazará hacia ámbitos donde lo humano será irremplazable.
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En pleno auge de la inteligencia artificial, un ensayo reciente propone mirar el futuro desde otro ángulo. Lejos de las advertencias habituales sobre la pérdida masiva de empleos, el planteo central sostiene que el problema no será la falta de trabajo, sino qué tipo de recursos se volverán más difíciles de encontrar.
La tesis rompe con la narrativa dominante: en lugar de escasez de oportunidades, lo que se encarecerá será todo aquello vinculado a lo humano. Según el análisis, a medida que las tareas automatizables sean resueltas por máquinas, el valor económico migrará hacia lo relacional, es decir, hacia actividades donde la empatía, la creatividad o el vínculo personal resulten insustituibles.
Este cambio implicaría una reconfiguración profunda del mercado. Mientras la tecnología podría abaratar bienes y servicios tradicionales, crecería la demanda por experiencias, atención personalizada y habilidades sociales, generando una nueva forma de escasez centrada en capacidades humanas difíciles de replicar.
El enfoque también invita a repensar el impacto de la IA en la economía global. Durante años, el debate estuvo dominado por el temor a la automatización total. Sin embargo, nuevas miradas sugieren que el desafío no será la desaparición del trabajo, sino la adaptación a un entorno donde lo valioso ya no será producir más, sino conectar mejor.
En ese escenario, el capital humano adquiere un protagonismo distinto. La tecnología no eliminaría la necesidad de las personas, sino que redefiniría qué tipo de habilidades serán verdaderamente críticas en el futuro cercano.
En la era de la inteligencia artificial, la escasez no desaparecerá, pero cambiará de forma. Y, paradójicamente, lo más difícil de encontrar podría ser aquello que siempre nos definió como humanos.

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