Erosión costera: la pérdida de playas avanza en Mar del Plata y la costa bonaerense
Este proceso se intensifica en Mar del Plata y la costa bonaerense por el cambio climático y la acción humana. Como resultado, implica la pérdida de playas, impacto turístico y la necesidad urgente de un plan integral de manejo de la arena.
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La erosión costera se convirtió en una de las principales preocupaciones ambientales y urbanas de Mar del Plata y gran parte de la costa atlántica bonaerense. Así lo explicó Iñaki Isla, director del Instituto de Geología y Costas del Cuaternario de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), quien advirtió que se trata de un proceso natural acelerado por la acción humana y el cambio climático, con consecuencias cada vez más visibles.
“El fenómeno tiene dos caras”, explicó Isla. Por un lado, el retroceso de la línea de costa, que afecta acantilados y dunas y compromete tanto el dominio público como el fiscal. Y por otro, la pérdida de arena en las playas, un problema que impacta directamente en la actividad turística. “Es un proceso natural, pero está claramente acrecentado por el hombre”, remarcó.
Uno de los factores centrales es el aumento del nivel del mar, que se viene acelerando a raíz de las emisiones de gases de efecto invernadero y el derretimiento de glaciares. Según Isla, el nivel del mar podría subir hasta 0,4 metros hacia fines de siglo, e incluso alcanzar los 0,8 metros si no se reducen las emisiones. “Antes el nivel del mar aumentaba en algunos lugares; hoy lo hace en todos”, sostuvo.
Entre los factores naturales que explican el retroceso de la costa, el investigador mencionó la acción de las olas y los cambios climáticos de largo plazo. Sin embargo, señaló que la intervención humana profundiza el problema. Las represas reducen el aporte de sedimentos de los ríos, lo que impide la regeneración natural de las playas. “En muchos lugares el balance es negativo: cada vez hay menos arena”, explicó.
A esto se suman obras de defensa costera mal planificadas. “Cuando se coloca un espigón para recuperar una playa, generalmente se acumula arena al sur, pero comienza a faltar al norte”, indicó Isla. Según estudios realizados por el instituto, toda la franja costera entre Mar del Plata y Pehuencó retrocede en promedio unos 0,5 metros por año.
La situación es aún más crítica en la denominada barrera oriental, que abarca localidades como Mar Chiquita, Villa Gesell, Pinamar y el Partido de la Costa. Allí no solo retrocede la línea de costa, sino que directamente se pierde playa. En sectores céntricos de Villa Gesell y Pinamar se registraron pérdidas de entre 1 y 2 metros anuales, mientras que en los años 80 y 90, en Mar Chiquita, el retroceso del médano llegó a ser de hasta 5 metros por año, con viviendas que terminaron colapsando. Hoy, ese escenario se repite en localidades como Las Toninas, Mar del Tuyú y Santa Teresita.
Isla también se refirió al impacto de la infraestructura balnearia. Durante décadas, especialmente en los años 80 y 90, se removía arena de las zonas altas y se la depositaba en sectores intermareales, lo que facilitaba que el mar se la llevara. Aunque muchos concesionarios aseguran que ya no realizan esta práctica, en algunos puntos aún persiste.
Además, advirtió sobre conflictos crecientes entre playa pública y privada. “Muchas veces se utiliza más espacio del concesionado, generando tensiones con los vecinos”, señaló. En el sur de Mar del Plata, la situación se complejiza aún más por el reconocimiento judicial de la propiedad privada de algunos sectores costeros desde 1971.
“El cambio climático ya está en marcha y no es posible frenar la erosión, pero sí mitigarla”, aseguró el director del instituto. En ese sentido, mencionó el caso de Pehuencó, donde la construcción de un pedraplén para proteger propiedades privadas terminó generando mayor erosión en la playa pública.
Entre las posibles soluciones, Isla destacó el aprovechamiento de arenas acumuladas en dunas de zonas como Punta Rasa y Punta Médanos para repoblar playas en retroceso. También mencionó el refulado mediante dragas, una técnica utilizada en países como Brasil, Estados Unidos y varias regiones de Europa. “Es una solución efectiva, pero costosa, y requiere equipamiento que hoy no está disponible”, explicó.
Asimismo, planteó la necesidad de replantear el uso de las playas, con una revisión de las concesiones balnearias. “Hay una ocupación excesiva de carpas y poca playa pública. Las concesiones son necesarias, pero han sido desmedidas. Hay demasiada disponibilidad de sombra para alquilar cuando muchas carpas están vacías durante la semana. Se debería implementar un plan de manejo de la arena”, expresó Isla.
"Todos los días se acumula arena en la base y en la punta de la escollera sur, y esa arena debería redistribuirse para alimentar las playas del norte y del sur”, agregó sobre la problemática.
“Hay que cuidar las playas no solo por la erosión, sino también por la contaminación”, sostuvo. Recordó playas que ya desaparecieron o que hoy están inutilizables por la mala calidad del agua y la acumulación de residuos. “El proceso debe ser doble: mantener la cantidad de arena y garantizar la calidad del agua”, finalizó.

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