Dos años sin el Flaco: el legado eterno de César Luis Menotti
Se cumplen dos años de la partida de César Luis Menotti. Y aunque el tiempo avanza, hay ausencias que no se llenan: se transforman en memoria, e identidad, en una forma de entender el fútbol. El Flaco no fue solo un campeón. Fue una idea. Una manera de jugar al futbol.
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Porque Menotti fue, ante todo, eso: el emblema del buen fútbol. El entrenador que se animó a decir que ganar no lo era todo, que había una forma digna de hacerlo. Que el espectáculo también era una responsabilidad. Que el fútbol debía emocionar.
Su historia empieza desde abajo, como tantas. Sin inferiores, forjado en la necesidad. La muerte de su padre lo empujó a jugar por dinero, para sostener a su familia. Y ahí, en esa urgencia, empezó a escribir su destino.
Debutó en Rosario Central, nada menos que ante Boca, con gol incluido en un 3-1 que ya insinuaba algo distinto. Después vendrían Racing, Boca, el paso por Estados Unidos cuando el fútbol ahí era apenas un proyecto, y la experiencia en Brasil, compartiendo tierra con el Santos de Pelé. Su carrera como jugador se apagó temprano, a los 32 años, pero lo mejor estaba por venir.
Porque el Flaco pensaba el fútbol. Y lo pensaba distinto.
Como entrenador, dejó una huella imborrable. Su Huracán del 73 no solo fue campeón: fue una obra de arte. Un equipo que jugaba bien, que gustaba, que representaba su filosofía, tanto que afirmaba que “siempre voy a luchar para que mis equipos jueguen este fútbol, el fútbol que juega Huracán” ese juego que luego trasladaría a la Selección Argentina.
En 1974 llegó el llamado más importante. Y Menotti lo convirtió en revolución. Cuatro años después, levantaría la Copa del Mundo en Argentina 78, cambiando para siempre la historia del fútbol nacional. Al año siguiente, consolidó su legado con el Mundial Juvenil 79, donde un joven Diego Armando Maradona empezaba a deslumbrar al mundo bajo su conducción.
También dejó su marca en Europa: dirigió al Barcelona y ganó la Copa del Rey, la Copa de la Liga y la Supercopa de España. Su recorrido fue amplio: Boca, River, Independiente, Atlético de Madrid, Peñarol, Sampdoria, Rosario Central. Siempre con la misma convicción.
Menotti no negociaba su idea. No creía en ganar de cualquier manera. Defendía la tenencia, el juego asociado, la belleza. Entendía el fútbol como un espectáculo para la gente. Como un acto cultural.
Fue también un adelantado en su forma de ver el juego y a sus protagonistas. Bancó a Lionel Messi cuando las críticas caían. Y en 2019, como director de selecciones nacionales, fue una pieza clave en la reconstrucción de la Selección Argentina moderna. Fue ese que apostó por Lionel Scaloni cuando pocos creían.
Sus frases todavía resuenan y marcan generaciones: “Si no sabemos lo que es jugar al fútbol, entonces tenemos que dedicarnos a otra cosa”.
A dos años de su partida, la pregunta queda flotando: ¿qué pensaría Menotti del fútbol de hoy? De la urgencia por el resultado, del miedo al descenso, de los planteos especulativos, de los equipos que cuidan más el cero que el espectáculo.
Tal vez la respuesta ya la dejó escrita en su legado.
Dos años sin Menotti.
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