De ser amado por el príncipe de Gales a bajar la persiana: cerró un lugar histórico de Buenos Aires
El emblemático espacio, distinguido a nivel internacional y que cuenta con más del 100 años, se despide luego de declarar la quiebra.
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El tradicional The New Brighton cerró sus puertas en la Ciudad de Buenos Aires, marcando el final de uno de los lugares más emblemáticos de la gastronomía y la vida social porteña.
A lo largo de su trayectoria, el restaurante supo alcanzar reconocimiento internacional: fue considerado el mejor de la Ciudad de Buenos Aires y llegó a ubicarse entre los cinco mejores de toda América, consolidando su prestigio más allá del país.
Su historia se remonta a 1908, cuando el lugar funcionaba como una sastrería de lujo frecuentada por la alta sociedad. Con el paso del tiempo, el espacio fue transformándose hasta convertirse en un restaurante distinguido, manteniendo siempre su impronta elegante, con salones clásicos, vitrales y una ambientación que evocaba otra época.
Pero más allá de lo gastronómico, The New Brighton era parte de la identidad cultural de la ciudad y del país. Durante décadas fue punto de encuentro de empresarios, artistas y figuras de la política, además de un atractivo para turistas que buscaban vivir una experiencia tradicional porteña. Incluso contaba con reconocimientos internacionales y distinciones que reforzaban su valor simbólico.
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Uno de los capítulos más recordados de la historia de lugar está ligado a la visita del entonces príncipe de Gales, Edward VIII, quien quedó fascinado con el lugar durante su paso por Buenos Aires. Como gesto de admiración, envió un obsequio (dos esculturas talladas en madera con el emblema de las tres plumas de Gales) que durante años fue exhibido como símbolo del prestigio internacional del restaurante. Ese vínculo con la realeza reforzó la imagen de exclusividad del espacio, que además se destacaba por su imponente arquitectura: salones amplios, vitrales, detalles en madera tallada y una ambientación clásica que conservaba el espíritu de principios del siglo XX, convirtiéndolo en una verdadera pieza viva de la historia.
Su cierre no solo implica la pérdida de un restaurante, sino también de un espacio cargado de historia y memoria colectiva. En un contexto donde el microcentro atraviesa cambios profundos, la desaparición de este tipo de lugares deja en evidencia el impacto cultural que tiene la transformación urbana en Buenos Aires.
Ahora, el futuro del edificio es incierto. Aunque su valor patrimonial podría proteger parte de su estructura, queda abierta la incógnita sobre si alguien logrará recuperar el espíritu de un sitio que supo ser sinónimo de elegancia, tradición y excelencia.

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